La pandemia ha sido el detonante definitivo para nuestra dependencia a móviles, ordenadores y pantallas. Cada vez, los niños empiezan a usar estos dispositivos a edades más tempranas. La tecnología nos ayuda a veces, pero en otros aspectos, es muy perniciosa.
A día de hoy,en casi todo el mundo, las personas menores de 70 años, saben manejar todos los dispositivos. Es más: no saben concebir la vida sin ellos. La tecnología es demasiado confortable y muy útil para el día a día. El problema es que muchas personas convierten estas ventajas en serios problemas.
Un mal uso de los dispositivos puede llevar a malos hábitos y conductas que no favorecen ni al individuo, ni a las personas de su entorno. Por ejemplo, se han dado muchos casos de depresiones e incluso suicidios por un mal uso tecnológico. La mayoría de los casos se ha dado en menores, que recurren a las drogas como primera solución.
Es cierto que las redes proporcionan ciertos aspectos positivos como la comunicación instantánea en cualquier lugar del planeta. Sin embargo, las personas se evaden de la realidad y al no existir contacto presencial, los sentimientos y pensamientos quedan relegados a una pantalla donde toda vida mostrada es irreal. Esto contribuye a que personas sufran bullying y ciberacoso, derivando en dichas depresiones y suicidios.
Estos dos fenómenos de acoso constante suelen darse en jóvenes ya que son la generación que más horas pasa frente a las pantallas. El ciberacoso existe como consecuencia de las redes y consiste en acosar a personas mediante ataques personales, o con la divulgación de información personal o falsa para dañar a ese sujeto.
Es por ello que la atención a personas que sufren ataques y enfermedades mentales es más necesaria que nunca. Dicho esto, bien harían los gobiernos en limitar el uso de redes como TikTok, una aplicación que consume horas y horas de nuestro día contándonos historias cortas y atrapándonos en una “jaula” sin ninguna vía de escape.
La pandemia ha contribuido negativamente
La pandemia ha sido la puntilla para muchos jóvenes. A pesar de volver a la normalidad, algunos siguen sufriendo las consecuencias de dos años muy duros donde el contacto presencial fue prácticamente nulo. Los más pequeños necesitaban contacto personal y no estar pegados a la pantalla las 24 horas del día sin salir de casa.
Estos hábitos pandémicos se mantienen en muchos menores y en gran parte es culpa de los padres por no limitar el uso de dispositivos, que más pronto que tarde pueden derivar en depresiones y suicidios. Para que luego digan que es de cobardes suicidarse, cobarde es el que acosa por una pantalla. Hay que tenerlos muy bien puestos para acabar con tu propia vida.

