Muchas veces asociamos la nostalgia a la tristeza y creemos que sentir nostalgia está relacionado con aquello que nunca podremos volver a vivir, tener o sentir
En algunos casos, incluso, hay quienes tratan de esquivarla y sustituirla por otras emociones alternativas que les permitan pasar por encima de esta, sin tener que encarnarla.
Lo cierto es que no están del todo equivocados en aquello de que la nostalgia se alimenta de los recuerdos. Pero, lo que no saben estos individuos es que, a su vez, la nostalgia permite darle valor a nuestras vidas.
Recordar tiempos pasados, que nos hicieron felices y que, en la actualidad, consideramos irrepetibles, sirve para alentar nuestra motivación por experimentar nuevas emociones y por crear recuerdos que, al mismo tiempo, se convertirán también en futura nostalgia.
De alguna manera, esta emoción se encarga de pulir nuestro pasado para darle una forma mejor, preservando los mejores recuerdos y dejando a un lado los capítulos más sombríos. Es ahí donde radica el auténtico valor de echar de menos.
Ahora bien, una vez aclarada esta idea, también hay que detenerse en aquellos que viven instalados en la nostalgia. Como en todo en la vida, hay que saber encontrar un término medio, pues, de no ser así, puede suponer un auténtico lastre para el individuo. En este caso, el hecho de aferrarse a la idea de que «cualquier tiempo pasado fue mejor», sin dejar que nuevas experiencias tengan lugar, hará que el presente quede supeditado a tiempos pasados, que ya nada pueden aportar y que ralentizarán el afán por nuevas vivencias.
Por eso, es importante recordar y ser conscientes de que vamos construyendo un camino repleto de buenos momentos, pero que, nuestra mente ha ido edulcorando para que nos sintamos mejor cada vez que miremos hacia atrás. Por ello, a pesar de abrazar la nostalgia y de sentirnos mejor al recordar lo que un día vivimos, debemos ser conscientes de que el tiempo no se detiene y de que si nos excedemos en nuestra estancia por recuerdos pasados, podemos perder oportunidades que pertenecen al presente más inmediato.

Además, como sociedad, tendemos a inclinarnos por la nostalgia y a creer que, genuinamente, el pasado fue mejor que el presente. Cuando, en realidad, solo necesitamos pensar que existen mejores realidades que la que vivimos en este preciso momento y, de ese modo, tener esperanza.
Buscamos revivir emociones
Por ejemplo, infinidad de personas recuerdan con nostalgia la música que escuchaban hace tiempo o los conciertos a los que asistían. Algunos, incluso, piden que vuelvan sus cantantes favoritos o que se reúna de nuevo una banda que solían escuchar, y que, tras un tiempo, decidió separarse. Pero, la realidad es que no funcionaría porque lo que verdaderamente quieren esas personas es revivir una emoción y tener nostalgia de un recuerdo feliz. Esa es la auténtica cuestión.
Tratar de revivir un momento, es, en cierto modo, un error. No buscamos repetir un evento, sino lo que sentimos al asistir al mismo y, por ello, es importante tener esta idea presente. Podemos recordar con nostalgia todo aquello que nos hizo felices, pero, a su vez, debemos estar muy despiertos para que no se nos escape el tiempo pensando en lo que ya fue, e inexorablemente, ya no será.

