De Bad Bunny a Billie Eilish: el grito de la cultura popular frente a la violencia fronteriza y el control migratorio
Los «Óscars de la música», que conocemos comúnmente como los Premios Grammy, se celebraron el pasado 1 de febrero en Los Ángeles. Miles de celebridades se reunieron para reconocer y celebrar el trabajo musical de los diversos artistas que fueron galardonados.
A diferencia de otros años, los Premios Grammy fue un espacio donde varios artistas alzaron su voz contra el odio. En concreto, contra el partido republicano estadounidense Make America Great Again (MAGA) y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE). Mientras unos denuncian sus acciones, otros artistas salen proclamándose fan del presidente Donald Trump. ¿Podríamos decir que el arte está polarizado?
«Está a la vanguardia de los esfuerzos de nuestra nación para fortalecer la seguridad fronteriza y prevenir el movimiento ilegal de personas, bienes y fondos hacia dentro y fuera de Estados Unidos», así se define el ICE en su página oficial, como una medida creada para «garantizar» la seguridad de los ciudadanos residentes en Estados Unidos y para regular la inmigración en el país. En cambio, la realidad se aleja de lo que defienden.
En la práctica, el ICE ha recurrido a la violencia y la coacción para ejercer estas medidas de «control de fronteras». Solo tenemos que recordar casos como el de Liam Conejo, un niño de cinco años que fue detenido junto a su padre en Minnesota cuando regresaban de la escuela. Otro caso es el de Renee Nicole Good, poeta estadounidense a la que un agente del ICE mató a tiros. Desde inicios de año, ya se cuentan al menos 8 casos de asesinato y más de 400 niños y niñas detenidos junto a sus familias en el centro de detención familiar de ICE en Dilley (Texas).

Cuando vemos estos casos de control y ejecución, queda claro que esto no tiene que ver con proteger a las personas. Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Nadie debería sufrir esta humillación por su origen étnico.
El rechazo de estas políticas ya no se limita a informes de organizaciones o a titulares que vemos día a día en los medios de comunicación. El 1 de febrero de 2026, en los Premios Grammy, la crítica al ICE y al trato hacia las personas migrantes se coló de lleno en una gala que normalmente gira en torno a la música.
Artistas como Bad Bunny y Billie Eilish aprovecharon sus discursos para denunciar la violencia y la deshumanización que sufren los migrantes en Estados Unidos. Bad Bunny recordó que los migrantes «son humanos», mientras que Billie Eilish también añadió que «nadie es ilegal en tierra robada».
Lo que pasó esa noche demuestra que este debate ya no está encerrado en la política: ha llegado a la cultura popular, a la música y a las voces que millones de personas escuchan, y con ello, refuerzan la idea de que la seguridad no puede usarse como excusa para ignorar los derechos humanos.
Por tanto, ¿podríamos decir que el arte está polarizado? El arte siempre ha sido una forma de expresión, un espacio donde las personas vuelcan lo que sienten, lo que viven y lo que les duele.
Cuando una canción, un discurso o un escenario se llenan de mensajes sobre los derechos humanos no es porque el arte se haya politizado, sino porque es la realidad que viven los artistas y famosos, quienes tienen la capacidad de transmitir este mensaje con la certeza de que va a llegar lejos.
No es el arte el que se divide, sino el mundo en el que vivimos. Y para combatir contra esa polarización, deberíamos tener en cuenta lo que dijo Bad Bunny en aquel escenario: «lo único más poderoso que el odio es el amor, necesitamos ser diferentes».


