22.9 C
Madrid
sábado, 29 agosto, 2026
22.9 C
Madrid
sábado, 29 agosto, 2026

Europa: ¿qué quieres ser de mayor?

No existen viejos futuros 

Es común escuchar el término «Vieja Europa», empleado para evocar una Europa de grandeza, historia y esplendor.  Se trata de un concepto figurativo que alude a las diferentes conquistas y calamidades acontecidas en ese revoltoso apéndice geográfico que se retuerce para escabullirse de Asia y África, llamado Europa.

Sin embargo, este término no seduce de cara al futuro, sino que se refugia en las ruinas o en las viejas reminiscencias que, si bien son esenciales para moldear cierta «identidad europea», resultan insuficientes para armar el hormigón que permita hablar de la Nueva Europa o, en definitiva, del futuro de la Unión Europea.

En 2007, la Unión se dotó de un marco político que le permitiese evolucionar en función de las circunstancias y de la propia voluntad de los Estados miembros. Ni la Gran Recesión de 2008 ni la pandemia de la COVID-19 —hechos que pusieron de manifiesto cómo algunas crisis trascienden las fronteras nacionales— han supuesto un verdadero cambio en la proyección de futuro de la UE.

La parálisis europea ante dos alternativas

Tras el «trauma» del fracaso constitucional de 2005 —donde se corrió más de la cuenta—, la Unión encontró como solución el Tratado de Lisboa. En él se diseña un marco flexible que permite a los Estados miembros oscilar entre dos modelos alternativos: el intergubernamentalismo y la integración.

Por un lado, la integración implica que los Estados miembros transfieren voluntariamente parcelas de soberanía a instituciones comunes de la Unión, buscando favorecer la convergencia en la toma de decisiones y la legislación conjunta. Ello conlleva una lógica supranacional a la que muchos Estados suelen resistirse, específicamente sus propios dirigentes, que —en un acto de egoísmo y cortoplacismo— no quieren ver mermados sus poderes e influencias políticas.

De aquí se desprende el intergubernamentalismo, que aboga por una acción concertada y la cooperación directa entre los Estados miembros, preservando el papel preeminente de los Estados nacionales sobre las decisiones y situando como actores competentes a los gobiernos y parlamentos nacionales.

Se frena así la expansión supraestatal y la existencia de una autoridad superior a la del propio Estado miembro. Una opción legítima y más garantista con los intereses nacionales, pero que impide hacer de la Unión Europea una potencia política verdaderamente consolidada y cohesionada, capaz de hacer valer los intereses de los países miembros en el globo y de armonizar las diferencias que puedan darse entre ellos.

Si una Unión con más soberanía y mayor capacidad de acción y decisión convierte lo que era una organización internacional en una superpotencia capaz de defender los intereses de sus Estados miembros, queda claro que una UE dividida, torpe y con veintisiete países idiotizados por sus propios intereses será clave para que, en cien años o menos, se hable de la «Vieja Europa» con literalidad.

Un problema de marketing 

La Unión Europea es, si no la mayor, una de las mayores construcciones políticas, diplomáticas y jurídicas de la historia de la humanidad. Sin embargo, la percepción que llega de ella no es tan positiva: primero, porque no hace un buen uso de la publicidad de sus hitos y conquistas; segundo, porque los gobiernos de los Estados miembros se apropian de esos méritos. Por último, porque hay quienes sí dirigen el marketing de la Unión, pero no precisamente con propaganda en positivo, sino dibujándola como un monstruo centralista llamado a erradicar la idiosincrasia de cada rincón del continente, como una máquina de homologación, censora y represora, decidida a pintar todo el mapa europeo de gris asfalto.

Toda esta campaña la financian quienes rechazan la idea de una Europa fuerte y unida. Pocos ciudadanos de la Unión reparan en los derechos que pueden disfrutar gracias a la UE, y menos aún se detienen a admirarlos. Desde poder circular, residir y trabajar libremente en cualquier país de la Unión, hasta estar protegido como consumidor, contar con protección de tus datos personales, recibir asistencia consular o disfrutar del Erasmus: son derechos y libertades fruto de la UE.

La mayoría de la población mundial no disfruta del conjunto de todos ellos, pero cuando una directiva de 2019 estableció la obligatoriedad de los tapones adheridos a las botellas de plástico todo el mundo se sintió incordiado, y la propaganda señaló a la Unión como un ente lleno de regulaciones y trabas burocráticas que impedían el normal desarrollo de la competitividad económica y condenaban a los países de la UE al ostracismo frente a Estados Unidos o China.

El expresidente Rajoy mostrando públicamente su desagrado respecto del cambio de ecodiseño obligatorio de la UE | Fuente: Divinity

Los enemigos de la UE: Patriotas y Soberanistas 

La mayoría de los parlamentos nacionales de los Estados miembros y el propio Europarlamento cuentan con partidos que van más allá del euroescepticismo, que sienten como una verdadera amenaza cualquier avance supranacional. Vox en España, Chega en Portugal, los de Le Pen en Francia, el partido de Wilders en Países Bajos, Fidesz en Hungría, Lega en Italia, FPÖ en Austria y AfD, a su manera, en Alemania, son claros ejemplos de caballos de Troya que pululan —con legitimidad democrática— por los pasillos de Bruselas.

Todos ellos, con algunas salvedades, comparten muy buenas relaciones con los Estados Unidos de Trump, uno de los principales interesados en que la Unión Europea esté anémica e inerme. Es por eso que anima, al puro estilo MAGA, a que estos partidos reclamen la totalidad de sus competencias, para que terminen ahogándose en su soberanía. Así le resultará más fácil hacerse con sus propósitos en territorio europeo, amenazando por separado a uno u otro Estado en función de las circunstancias, sin que una instancia común —como la UE— tenga los resortes políticos y jurídicos para defender a ese Estado miembro y al conjunto de la comunidad que conforman los miembros de la Unión. Lo que busca Estados Unidos —y otras potencias— no es nada nuevo: es el divide y vencerás de toda la vida.

Quienes reivindican la soberanía nacional terminan debilitándola en la práctica: más soberanía inmediata, pero también mayor vulnerabilidad futura. Los «defensores de la patria» rechazan una Unión Europea con capacidad real de decisión que pueda situarse en el centro del tablero internacional, mientras encuentran en Estados Unidos a su mejor aliado —y viceversa—. Así, el discurso patriótico corre el riesgo de producir precisamente aquello que afirma combatir: la subordinación de la soberanía nacional a intereses ajenos, mientras se proclama, paradójicamente, estar salvándola.

Ceuta, 30 y 31 de julio de 2026

No hay que ser un gran europeísta para entender que el único medio para que cualquier país de la Unión pueda no solo pertenecer, sino ser una potencia global, es precisamente formar parte de la UE. Lo acontecido en Ceuta a finales de julio no solo deja entrever una «posible» guerra híbrida que Marruecos —con el «posible» beneplácito de EEUU— ejerce sobre España, sino también la grave descoordinación del Gobierno nacional. Lo más grave, al menos a largo plazo, ha sido la respuesta desunida, insolidaria y poco inteligente de países miembros que precisamente sufren otro tipo de amenazas y que también necesitan a la Unión. Tras la nula fraternidad europea, al día siguiente de la crisis de Ceuta, Trump subió un post volviendo a amenazar a Groenlandia.

Publicación de Trump en su red social Truth Social | Fuente: @realDonaldTrump

Quizá la cuestión sea entender que Ceuta no es la frontera de Marruecos con Andalucía, ni con España, sino la frontera de Marruecos con la Unión Europea, y que el hecho de que no haya contado con representación propia en el Comité Europeo de las Regiones (hasta hace unos días) —al igual que Melilla— es un completo despropósito. Europa no ha sabido responder a una crisis que Ceuta no puede resolver, que el Gobierno español no ha sabido abordar y que, por lo tanto, por subsidiariedad —y por defensa de lo que también es su frontera—, debería ser la Unión la que contase con medios para defender la soberanía que los Estados miembros le han prestado. Claro que, para hablar de un ejército europeo, tendríamos que hablar previamente de una soberanía plena e indiscutible que sirviese para defender los intereses de la Unión dentro y fuera de sus fronteras.

Europa: o pasado o futuro

Europa deberá erigirse como una fuerza de equilibrio en un mundo dominado por superpotencias poco democráticas. Lo primero que deberá entender la Unión es que los Estados Unidos de Trump no son un aliado fiable, pues tienen como propósito la inoperancia de la UE para poder imponer sus intereses. Por otro lado, China puede ser un aliado relativamente fiable y tener interés en una UE fuerte, pero Europa tampoco debe dejarse seducir completamente por el gigante asiático: la relación deberá asentarse en intereses compartidos, acuerdos concretos y, sobre todo, autonomía propia.

La Unión Europea, lejos de ser ese monstruo orwelliano que muchos pretenden denunciar, debe ser —y posiblemente ya lo sea— la única potencia a medio camino que protege los derechos y libertades individuales y el imperio de la ley propios del Estado de Derecho. Liberales, socialdemócratas, democristianos, conservadores y verdes progresistas deben ser capaces de innovar, y reinventar un nuevo marco desde la integración, por el cual hacer una defensa efectiva y colectiva de la diversidad de la Unión. Es un acto de valentía para conservar la democracia liberal y garantizar la propagación del progreso técnico y social.

China, Rusia, EEUU y otras potencias saben muy bien cuál es el camino que quieren seguir en esta nueva etapa mundial, mientras Europa sigue en shock. De no haber una reinvención de lo que es la UE como potencia con eficacia política, capaz de proyectarse en el mapa como la única potencia mundial formada por ciudadanos y no por súbditos, Europa corre el riesgo de convertirse literalmente en la «Vieja Europa». Pero Europa no es una anciana senil y desprovista de futuro. Es una joven heredera, astuta y poderosa, una niña que se zafa de las embestidas de los matones del patio mientras se pregunta qué quiere ser de mayor.

Actualidad y Noticias

+ Noticias de tu interés

Alberto Núñez Feijóo y el miedo a ser Presidente

El PP utiliza una medida no vinculante para evitar presentar una moción de censura Feijóo sueña con despertar una buena mañana en el Palacio de Monte Pío, la residencia oficial del presidente de la Xunta, y descubrir que estos últimos...

El juez Calama instruye a Peinado: dos maneras de hacer «justicia»

Esta semana, dos importantes resoluciones judiciales han evidenciado dos formas opuestas de entender la acción cautelar El pasado jueves el magistrado de la Audiencia Nacional José Luis Calama rechazaba imponer medidas cautelares al expresidente socialista Zapatero tras su declaración por...

Andalucía, última parada antes de las generales

La carrera electoral terminará en Andalucía y allí se decidirá buena parte del futuro de la legislatura y del resultado de las próximas elecciones generales Andalucía es una de las comunidades autónomas más interesantes desde el punto de vista electoral....

Descubre más desde El Generacional

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo