Un asalto de película que pone en evidencia la desprotección del patrimonio francés
El pasado domingo, 19 de octubre el Louvre, el museo más visitado del mundo, fue asaltado por cuatro ladrones encapuchados. En apenas ocho minutos sustrajeron nueve piezas de valor incalculable. Un acto que ha agitado aún más la inestable situación política francesa y ha quebrado la sensación de seguridad colectiva de los ciudadanos.
Veintiséis años. Eso es lo que duerme una persona de media durante toda su vida. Veintiséis años de sueños, de pensamientos e ideas. Intenciones que mueren cuando abrimos los ojos. Sin embargo este no ha sido el caso de los integrantes de la banda que ha asaltado el museo del Louvre este domingo.
Ocho minutos les bastaron para romper los más de 20 años de tranquilidad de los que había disfrutado el museo francés. Desde que la obra Le Chemin de Sévres de Camille Corot fue sustraída, sin que se volviese a conocer su paradero.
Desde una camioneta con montacargas, dos de los cuatro ladrones «encapuchados», según fuentes policiales, accedieron hacia las 9:45 de la mañana a una ventana frente al Sena, irrumpiendo en la galería Apolo. Situada en la primera planta. Los otros dos llegaron en motos de gran cilindrada, que volverían a usar en la huida.
Amenazando a los cinco agentes presentes en la sala con amoladores, que utilizarían posteriormente para fracturar dos vitrinas —una conocida como la de los diamantes y otra como la de las joyas del Segundo Imperio —, la banda criminal sorteo los sistemas de seguridad, consiguiendo un botín de un valor incalculable.
Piezas robadas
El listado de los objetos robados se comunicó oficialmente a última hora del día. Se trata de un conjunto de 9 piezas, todas ellas datadas del siglo XIX. De entre las que destacan:
- El collar de esmeraldas de la colección de la emperatriz María Luisa: compuesto por 32 esmeraldas y 1.138 diamantes
- La diadema de la reina María Amelia y de la reina Hortensia: compuesta por cinco elementos articulados, 24 zafiros y 1.083 diamantes
- El gran lazo de corsaje de la emperatriz Eugenia: perteneciente a la Emperatriz Eugenia de Montijo (esposa de Napoleón III)
- Un par de pendientes de esmeraldas de la colección de María Luisa: que contienen 6 esmeraldas y 108 diamantes.
- La diadema de la emperatriz Eugenia de Montijo: que contiene más de 1.300 diamantes y 56 esmeraldas.
Durante la rápida huida, los encapuchados perdieron esta última pieza. Horas más tarde, las autoridades pudieron encontrarla damnificada a escasos metros del museo.
Reacciones
Gravemente conmocionados e inmersos en un clima de inestabilidad, políticos y dirigentes del Gobierno francés no tardaron en acudir a las redes para pronunciarse.
Transformando la sustracción en un escándalo nacional, Jordan Bardella, presidente del partido de extrema derecha Agrupación Nacional, declaraba la tarde del domingo: «Ese robo del gran museo nacional ha permitido a los ladrones llevarse con destino desconocido joyas excepcionales de la Corona de Francia. Se trata de una humillación insoportable para nuestro país».

Marine Le Pen, en cambio escribía cautelosamente en «X»: «No es el momento de las polémicas, el más elemental sentido de la responsabilidad obliga a constatar que nuestros grandes museos no tienen la protección necesaria. Es necesario actuar, cuando Francia sigue siendo víctima del caos político impuesto por el presidente Macron».

El ministro del Interior, Laurent Núñez, declaraba pasado mediodía, en la misma red social «se está haciendo todo lo posible para detener a los autores de este acto inaceptable. Atacar el Louvre es atentar contra nuestra historia y nuestro patrimonio». Y concluía su mensaje dando su apoyo al personal del museo y a los policías que están trabajando en la investigación.
No obstante, el presidente de la República, Emmanuel Macron, no se pronunciaría al respecto hasta las 20:07 del domingo a través de «X». En su mensaje, calificó el robo de «un ataque a un patrimonio que apreciamos porque es nuestra historia», asegurando que «encontraremos las obras y los autores responderán ante la Justicia». El mandatario garantizó que se estaba haciendo todo lo posible para conseguirlo.

En enero, la dirección del Louvre, consciente de la precariedad de la seguridad de la entidad, pidió ayuda al Gobierno para renovar las salas y reforzar la protección de las obras. Y fue frente a la mirada encarada de La Gioconda de Da Vinci que Macron prometió una renovación integral para el museo parisino.
Sin embargo, «Les paroles s’envolent, les écrits restent» (las palabras se las lleva el viento). Y en este caso lo que el viento se llevó fueron más que palabras. Patrimonio de la humanidad, piezas únicas que constituyen parte de la herencia histórica que nos dejaron nuestros líderes pasados. Y que, como muchos presagian, si las autoridades no logran dar con su paradero pronto, acabarán despedazadas, naufragando por las inmensidades del mercado negro.
Lo sucedido el pasado domingo consiguió algo inusual, alterar la media de horas dormidas en la ciudad. Esa noche miles de personas desveladas se preguntaron: si la seguridad de lo que da fe de nuestro pasado es tan frágil, ¿qué garantiza entonces nuestro presente? Las respuestas fueron variadas, pero una conclusión se generalizó: el sueño de cuatro encapuchados había quebrado la sensación de seguridad de los parisinos.

