El transhumanismo: cerca de la inmortalidad humana

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Neuronas | Fuente: NIH Image Gallery, Leterrier, NeuroCyto Lab, INP, Marseille, France. (Flickr)
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Desde los albores de la humanidad, se ha considerado que es nuestra consciencia quien reside en el cerebro. El cerebro es el que alberga toda la información que dicta quiénes somos, qué debemos hacer y por qué. Es la parte de nosotros que nos otorga la tan estudiada autoconsciencia. Pero ¿y si pudiéramos generar más de repuesto? ¿Y si pudiéramos crear una copia de seguridad? ¿Puede el ser humano burlar a la muerte de esta manera?

Esta idea viene muy desarrollada en una corriente reciente llamada transhumanismo. La idea defiende el desarrollo de la especie a un nivel extracorpóreo. Siempre en los límites de la ciencia y la tecnología y muy alejados del misticismo que suele preceder a estos planteamientos. Digamos que este salto de la humanidad aún sigue muy anidado en la ciencia ficción, con ejemplos tan extendidos como Matrix, pero cada vez deberíamos verlo más cerca. Según Ray Kurzweil, ingeniero de Google, en torno a mediados de este siglo el ser humano podría lograr migrar datos cerebrales al entorno digital.

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Ray Kurzweil | Fuente: Wikipedia

Hoy en día, solo hemos conseguido crear lo que los ingenieros de tejidos llaman organoides: una especie de protocerebros capaces de crear pequeñas interconexiones que sirven para testar ciertas funciones cerebrales aisladas. Desde la Universidad de Stanford han conseguido crear este tipo de organoides para ratas.

Teniendo en cuenta que crear un órgano artificial es todo un reto para la ciencia y la ingeniería hoy por hoy, ¿cómo hacemos una copia de seguridad de nuestra conciencia? No la podemos introducir en un órgano similar y tenerlo ahí por si acaso muere nuestro cuerpo, ya que la tecnología solo llega a hacer pequeños cerebros con funciones limitadas. La ciencia de datos y la informática tienen la clave.

Electroencefalograma | Fuente: ARS ELECTRONICA (Flickr)

La idea de convertir aquello que nos constituye en datos digitales parece descabellada. Y, en efecto, lo es. Hay que enfrentar dos grandes problemas que todavía no están a nuestro alcance.

La primera barrera a superar es la del estudio de todas las conexiones neuronales. Para poder emular el cerebro debemos tener en cuenta sus interconexiones. Estas interconexiones son casi cien mil millones, un número incapaz de manejar por un ordenador actual. Esto nos traslada a la segunda idea a traspasar. No solo debemos estudiar estas conexiones a nivel eléctrico para poder emular nuestros recuerdos o pensamientos, sino que hay que añadir el plano molecular. Sobre este nivel, de hecho, ni siquiera se tiene aún suficiente conocimiento.

Esta idea también explorada en la serie de Netflix Altered Carbon quedaría, por tanto, lejana. No sabemos si hasta el punto de dicha serie (año 2384) o antes, pero lo que es seguro es que la ciencia llega a sitios que creemos imposibles, superando con creces a la ciencia ficción.

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