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¿Cómo sabe el ibuprofeno dónde me duele?

Dolor y fiebre, dos caras de una misma moneda

Una muela no es un tobillo, y un dolor menstrual no es una artritis, pero para todos ellos podemos usar una misma pastilla: el ibuprofeno. ¿Cómo saben estos 400 miligramos de polvo blanco comprimido hasta dónde tienen que llegar? La ciencia que trata de darnos una explicación es la farmacología y, para encontrar una respuesta, nos apoyaremos en otras tres preguntas:

  • ¿Cómo se mueve el ibuprofeno por el cuerpo? O, lo que es lo mismo, su farmacocinética.
  • ¿Cómo interacciona el ibuprofeno con el cuerpo? Es decir, su farmacodinamia.
  • ¿Qué hace el cuerpo con el ibuprofeno? O, por último, su metabolismo.

A través de estas tres preguntas trataremos de resolver la gran duda: ¿cómo sabe el ibuprofeno dónde me duele? Y ya de paso, ¿cómo lo soluciona?

El ibuprofeno entra en el cuerpo

El primer reto para cualquier fármaco de este tipo es entrar en el cuerpo, llegar a la sangre. Es decir, ser absorbido. Este es el primer paso para entender su farmacocinética.

Para ello, las partículas microscópicas de medicamento deben atravesar las paredes del estómago y, sobre todo, el intestino, para alcanzar los numerosos vasos sanguíneos que los revisten. Esto puede llegar a ser muy complejo, pero es crucial. Todas las moléculas que no lo consigan serán, simplemente, expulsadas al completar el recorrido intestinal.

Una vez en la sangre llega el segundo gran paso: la distribución del fármaco. El bombeo del corazón impulsa al ibuprofeno por todo el cuerpo; el medicamento baña todo el organismo. Y aquí tenemos nuestra primera clave: el ibuprofeno no sabe a dónde debe llegar, simplemente se distribuye a todo rincón posible.

Un viaje con final

Para nuestro cuerpo, sin embargo, el ibuprofeno no es más que un tóxico que lo ha invadido. De este modo, cuando alcanza el hígado (que es nuestra principal central depuradora), este lo destruye. Siendo más precisos, lo convierte en nuevas moléculas que son para el cuerpo más manejables, permitiéndole eliminarlo por la orina y librarnos de esta sustancia extraña. Esta etapa de transformación es lo que conocemos como metabolismo.

Ya hemos respondido a la farmacocinética del ibuprofeno: absorción, distribución, metabolismo y excreción. Ya sabemos cómo se mueve y qué hace el cuerpo con él, pero ¿qué hace él con el cuerpo mientras tanto? Respondemos la pregunta más importante, la farmacodinamia.

Cómo se genera un dolor

Cada fármaco tiene una diana, y la del ibuprofeno es una molécula que se llama enzima COX (ciclooxigenasa). Podemos imaginarla como miles de máquinas que se encuentran repartidas por cada célula del cuerpo. Suele decirse que esta máquina se dedica a “labores del hogar” (housekeeping roles), ayudando a conservar el orden en el organismo.

Entre sus funciones está la de liberar “moléculas del dolor”, que se llaman prostaglandinas. Cuando un tejido corporal sufre una agresión (como una ruptura muscular, la menstruación, artritis…) las células se dañan, liberando compuestos al medio. Las células vecinas, repletas de COX, captan estos residuos y, con ellos, ponen en marcha la fábrica de prostaglandinas.

Las prostaglandinas llegan fácilmente a las terminaciones nerviosas de la zona herida, irritándolas, y provocando de esta manera la sensación de dolor. Además, estas “moléculas del dolor” provocan inflamación, aumentando el flujo sanguíneo. Esto lleva a una acumulación de células inmunitarias en el sitio de la lesión, causando hinchazón y favoreciendo la sensación de dolor.

Un viaje con sentido

El ibuprofeno se enlaza con esta máquina que es la COX no sólo en el lugar dañado, sino en todas las COX que se encuentra a su paso. Al unirse a sus engranajes los bloquea, averiando la máquina e impidiendo la síntesis de más prostaglandinas.

Sin “moléculas del dolor”, y mientras el hígado no metabolice el ibuprofeno circulante en sangre, la molestia desaparece. Las terminaciones nerviosas no se irritan y, al menos durante un tiempo, el dolor se alivia.

Es importante destacar que el ibuprofeno no tiene ningún efecto sobre la causa del dolor. Este remitirá, pero si la causa no desaparece, una vez se haya consumido por completo el medicamento en el hígado, volverá a instaurarse.

Así conseguimos dar respuesta a nuestras tres preguntas. En conclusión, el ibuprofeno viaja por todo el cuerpo (no solo donde nos duele) y actúa inhibiendo en todo el organismo la producción de prostaglandinas, bloqueando la COX. Funciona mientras el hígado no lo elimina, dando lugar a la famosa prescripción de “ibuprofeno cada 8 horas”.

¡Bonus track! ¿Cómo sabe el ibuprofeno cuándo eliminar el dolor y cuándo eliminar la fiebre?

La respuesta es, en realidad, muy similar a la anterior. Existe en nuestro cerebro una región llamada hipotálamo, que actúa como termostato del cuerpo. Es capaz de medir, por un lado, el calor producido por el organismo y, por otro, el calor que se pierde en contacto con el ambiente.

Entre estos dos encuentra un balance y, según sea necesario, avisa al resto del cerebro para poner en marcha o desactivar los mecanismos de producción de calor. Este balance suele encontrarse en torno a los 36ºC.

El origen de la fiebre

Lo que ocurre cuando nos sube la fiebre es un desajuste del termostato. No es que el hipotálamo haya dejado de funcionar; de hecho, todo funciona como es debido. Es como si alguien hubiera manipulado ese termostato para ponerlo en, por ejemplo, 38ºC.

Para entendernos mejor, pensemos en los radiadores de casa. Podemos mover el termostato para que produzcan más calor del habitual, pero eso no significa que se hayan roto, ¿verdad? En el caso del ser humano es igual. No se trata de un problema con los mecanismos de producción de calor ni con la interpretación de nuestra temperatura. Sencillamente, alguien ha girado el termostato y nuestro cuerpo se esfuerza por llegar a ese nuevo objetivo térmco. El manipulador más habitual son los virus y las bacterias, de modo que el cuerpo gira su termostato en un intento por luchar contra ellos.

Una vez que el sistema inmune detecta los virus o bacterias, este avisa a nuestro organismo, favoreciendo la producción de una prostaglandina concreta: la prostaglandina tipo E. Esta se produce exactamente igual que aquellas de las que hablábamos antes: a través de la COX. Cuando la prostaglandina E llega al termostato, lo gira, obligando al cuerpo a aumentar su temperatura.

El ibuprofeno, que ahora ya sabemos que llega a todas las partes del cuerpo, alcanza también el hipotálamo, bloqueando las COX que allí se encuentran e inhibiendo así los mecanismos de la fiebre.

Con este razonamiento podemos entender por qué el ibuprofeno nunca nos enfría «de más», o por qué si se lo damos a una persona sin fiebre no le baja la temperatura. Hemos visto que las prostaglandinas solo pueden aumentar la temperatura, de manera que bloquearlas solo puede conseguir que la temperatura no suba, pero nunca hará que baje.

Para responder a la pregunta, el ibuprofeno nunca tiene que averiguar si lo que debe hacer es bloquear el dolor o la fiebre, sencillamente hace siempre ambas cosas, siempre a nivel de todo el organismo, mediante el bloqueo de la enzima COX.

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