La Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (SEDAR) recomienda un ayuno de hasta ocho horas antes de someterse a un procedimiento con anestesia general. Esta medida se ha demostrado como la más eficaz para evitar una de las complicaciones más temidas de la anestesia: las bronconeumopatías por aspiración.
Los pilares de la anestesia
Habitualmente hablamos de “dormir” al paciente cuando este se va a someter a una intervención bajo anestesia general. Sin embargo, existen grandes diferencias entre el sueño habitual que experimentamos cada noche y la situación en la que nos encontramos en quirófano. Entre otras, es clave entender que durante la anestesia el diafragma se frena por completo, bloqueando la respiración espontánea del paciente.
Clásicamente, los procedimientos anestésicos se han sostenido sobre tres pilares básicos: la hipnosis (inducir un estado de inconsciencia), la analgesia (eliminar la percepción del dolor) y la relajación muscular (para evitar contracciones, espasmos o movimientos que puedan interferir con la operación).
A través de fármacos como el rocuronio, los anestesistas son capaces de inducir un estado de relajación muscular profunda. Esto facilita enormemente la cirugía y minimiza sus riesgos, pero conlleva la pérdida de la respiración espontánea, así como de reflejos involuntarios que existen para salvarnos la vida, como la tos o las náuseas. Por este motivo, el anestesista se ve obligado a intubar al paciente. Es decir, para mantener al paciente oxigenado se debe introducir una cánula que desde la boca llega a la tráquea y, conectado a un sistema de ventilación mecánica, introduce y extrae aire de sus pulmones de forma artificial.

El estómago y los pulmones
La relajación muscular afecta también al estómago y al esófago. Estos se encuentran comunicados en una única dirección: ingerimos el alimento por la boca, desciende por el esófago y, atravesando una compuerta que solo permite el paso en este sentido (un esfínter llamado cardias), el alimento llega al estómago.
Por el propio efecto de la gravedad, debido a que el paciente está tumbado, cuando el rocuronio comienza a hacer efecto el cardias se relaja y el contenido que pudiera estar en ese momento en el estómago asciende, en contra de lo habitual, por el esófago.

Para entender mejor este proceso, puede compararse con una situación típica de reflujo tras una comida abundante. La diferencia es que, estando conscientes, el organismo simplemente vuelve a tragar (redirigiendo el contenido alimenticio de vuelta al estómago) o provoca reflejos de tos y náuseas (expulsando el contenido al exterior).
Con el paciente inconsciente por la anestesia se produce una situación de muy alto riesgo. Es posible que el contenido del estómago, al ascender casi a la boca, revierta de nuevo su flujo y acabe descendiendo por la tráquea.

Las vías respiratorias no están en absoluto preparadas para soportar la acidez del estómago ni de los restos alimenticios. Estando conscientes, si la más mínima miga de pan acaba en la tráquea o en los bronquios, se desencadena un episodio abrupto y vigoroso de tos para protegernos de ese daño. Bajo anestesia esto no ocurre, y el pulmón queda expuesto de forma indefinida a la agresión física y química que supone la presencia del ácido estomacal y restos de la ingesta en las vías respiratorias.
El paso de contenido gástrico a las vías respiratorias recibe el nombre de broncoaspiración, y su consecuencia más habitual son las llamadas bronconeumopatías por aspiración.
Las bronconeumopatías por aspiración
Este daño al pulmón puede expresarse de distintas maneras: desde un cuadro casi asintomático hasta un cuadro muy agudo, a veces asfíctico, que en ocasiones evoluciona hacia un síndrome de dificultad respiratoria aguda y una fibrosis pulmonar.
A estas agresiones más directas le siguen las complicaciones infecciosas. El contenido estomacal se encuentra colonizado por multitud de bacterias que consiguen asentar en la lesión pulmonar. Su proliferación da lugar a neumonías que pueden llegar a poner en riesgo la vida del individuo. Estos cuadros clínicos son de muy difícil manejo médico, y requieren el ingreso en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).
La importancia del ayuno
Las bronconeumopatías por aspiración representan una complicación relativamente frecuente y potencialmente grave de la anestesia. Se producen sobre todo en pacientes que tienen factores de riesgo, en particular de origen digestivo, operados de urgencia.
El ayuno se presenta de esta manera como una medida muy eficaz para minimizar el riesgo de que el contenido estomacal alcance los pulmones.
La Dra. María Varela es anestesista y miembro de la Sociedad española de anestesia, reanimación y terapéutica del dolor (SEDAR). En este vídeo, la Dra. Varela explica la importancia del ayuno preoperatorio y la manera más adecuada de aplicarlo.
Las recomendaciones surgen del consenso de la American Society of Anesthesiologists (ASA), y pueden consultarse aquí en su fuente original. En esta guía de práctica clínica, la ASA concluye que el ayuno preoperatorio deberá ser:
- 2 horas de ayuno para líquidos claros.
- 4 horas de ayuno para leche materna (pensando en los pacientes pediátricos).
- 6 horas de ayuno para leche de fórmula (también de cara a los lactantes).
- 6 horas de ayuno para leche no humana (vaca, cabra, oveja…).
- 6 horas de ayuno para una comida ligera (como por ejemplo, una tostada y líquidos claros).
- 8 horas de ayuno para carne, fritos, ingestas grasas o copiosas.
Existen casos en los que aún podría prolongarse algunas horas más el ayuno, pero las guías también advierten sobre lo siguiente: un ayuno excesivamente prolongado puede acabar siendo contraproducente, pues exacerba la producción ácida del estómago que se mantiene vacío por demasiado tiempo.
En conclusión, el ayuno preoperatorio es una de las medidas más eficaces para evitar complicaciones postquirúrgicas. Complicaciones que, además, pueden llegar a ser muy graves. Seguirlo de forma estricta puede suponer la diferencia entre una intervención exitosa o un ingreso en cuidados intensivos. Es muy frecuente que, si el paciente no ha cumplido con el ayuno, sea necesario cancelar y reprogramar la operación.

