Una consulta al ChatGPT de unas cinco preguntas equivale a verter una botella de agua de medio litro y encender una bombilla durante 15 minutos
Servidores como los que requiere la inteligencia artificial ocupan millones de hectáreas cuadradas e inmensas cantidades de agua para su refrigeración. Un programa que sea capaz de funcionar 24 horas al día y dar respuesta a los 180,5 millones de usuarios mensuales que, en este caso, tiene Chat GPT, requiere “una cantidad significativa de energía”, según indica el propio chatbot.
Un estudio realizado por investigadores de las universidades de Riverside y Arlington concluye que tan solo para el entrenamiento de ChatGPT 3 se consumieron 700.000 litros de agua potable.
También requirió 78.437 kWh de electricidad, el mismo volumen de energía que consume una vivienda media en España durante 23 años. El uso de Internet no es precisamente algo que vaya a decrecer, al contrario, según indica Cybersecurity Ventures. Se estima que para 2030 un 90% de la población use los servicios online.
3,5 billones de litros de agua será la cantidad estimada que se necesitará por los centros de datos. No hay que olvidar que la crisis mundial de abastecimiento de agua ya es una realidad. Al menos el 50% de la población mundial confronta una falta de agua durante al menos un mes al año, según World Resources Institute.
¿Cuáles son las consecuencias?
Esta situación ha llevado a que las empresas tecnológicas, en su mayoría situadas en EE.UU., se estén instalando allí donde pueden abastecerse de recursos naturales más baratos y donde las leyes medioambientales tienen mayor flexibilidad.
Latinoamérica es la opción más atractiva. El mercado de construcción de centro de datos de Latinoamérica estaba valorado en 1.36 billion USD en 2023. Ahora, se espera que crezca hasta 2.32 billion USD en tan solo seis años para 2029, según indica Yahoo Finance.
Esto ha provocado la oposición de las localidades afectadas, ya que sus residentes no percibirán los beneficios directos de estas construcciones en sus comunidades. Además de causar controversia, este tipo de instalaciones pueden contribuir a la sequía de la zona. Afectando directamente a las principales fuentes de ingresos de la región, como la agricultura.
Desde el pasado siglo, las generaciones han sido testigo de la constante evolución de la tecnología moderna. Los recientes avances, sobre todo con respecto a la inteligencia artificial, demuestran que la digitalización no da señales de detenerse.
Esta realidad puede llegar a suponer que cada habitante europeo desarrolle un «doble digital», ya que nuestro uso de Internet consumirá tanta agua como nuestro cuerpo físico.
Cuanto más virtuales nos volvemos, más agua necesitamos. Agua de la que no disponemos.

