‘Hilatura’ y el mundo que Alicia Andrés Ramos sacó del olvido

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El nuevo libro de la asturiana salió a la venta el pasado mes de septiembre bajo el sello de la editorial Niña Loba. Sus páginas rescatan un pasado no muy lejano en el que las diferentes vidas que se entrelazan ignoran el ruido de un futuro que avanza inexorable contra el paso del tiempo.

La narración recorre la historia de un pueblo sin nombre durante más de medio siglo. Hilatura se enmarca en el concepto de novela coral para conectar la vida de los habitantes del lugar, entre los que destaca Aurelia, logrando no solo entender el devenir del tiempo en aquel sitio, sino también familiarizar con los problemas personales y locales que acaban por conformar el contexto de la obra. Es la historia que encierra un cúmulo de intrahistorias: después de la Guerra Civil, Valentín, hermano de Aurelia, emigra a América dejando a la chica una vida pendiente del girar de una bobina de hilo; en la espera de su vuelta, aquella aldea recoge un sinfín de capítulos que implican a todos los lugareños. En el transcurso del libro, el lector ve nacer, crecer y morir a personas que de un modo u otro están ligadas al pueblo. Sientes sus problemas, lloras sus penas y ríes sus alegrías.

La sinopsis de la novela tiene como pilar fundamental el paso del tiempo y el mundo rural, además de otros subtemas como la muerte, el amor, la peculiaridad del ser humano o el ecologismo. Con todo, el argumento cuenta con altas dosis de irrealidad. El libro recuerda a aquellas novelas inscritas en el realismo mágico, movimiento que pretendía mostrar lo extraño como cotidiano. Esto se evidencia en la aparición de sirenas, peces brillantes cuya ingesta provoca la aparición de difuntos o, sin ir más lejos, en el hilo interminable que cruza un océano para unir a dos hermanos de sangre. Es vital el concepto de futuro que genera la obra en el lector: aquello que rompe la esencia de lo rural, que termina con las costumbres cultivadas durante generaciones y que atenta contra la naturaleza. Esa misma naturaleza de la que ha dependido el pueblo toda su desconocida existencia.

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«Había interrumpido, eso sí, la laboriosa tarea de atar todo lo amado ahora que la guerra evidenciaba que la expansión universal era solo un mal menor»

Página 92 de Hilatura

El tiempo en Hilatura aparece muy desdibujado, pero permite ubicar al lector mediante referencias puntuales: el estallido de la Guerra Civil, la convulsa celebración de año nuevo o la llegada del hombre a la Luna. Esto contribuye a lo mágico del ambiente: un pueblo donde el tiempo pasa, pero todo se mantiene como siempre.

El estilo que emplea la autora es complejo en la estructura de las frases y particular por dos motivos fundamentales: el léxico y los diálogos. Pero como todo lo que ocurre en la novela, tiene su por qué. El amplio vocabulario que utiliza debe su dificultad a la cantidad de términos poco frecuentes o en desuso. Esta estrategia arriesgada por parte de la autora consigue sumergir al lector dentro de un mundo rural y en peligro de extinción. No se busca recrear únicamente el espacio; hay que entenderlo para formar parte de él. En esta novela los personajes transmiten sensaciones, pero también lo hace la madera, el mar, el vino, etc. Los olores de la mercancía que traen los barcos al pueblo casi se desprenden con el paso de las páginas. Por otro lado, los diálogos no se hallan acotados por guiones, sino dentro de los propios párrafos mezclándose con ese juego al que invitan las metáforas y las descripciones.

Es una novela que implica al lector hasta el punto de sentirse un vecino más. En esta línea, el estilo de Alicia Andrés Ramos debe entenderse como parte fundamental en el entendimiento de la obra. El libro encuentra en ese conjunto de particularidades una armonía que solo puede reflejarse en la imagen del pueblo perdido sin nombre. Por esa mágica combinación, Hilatura está llamada a ser la siguiente gran novela coral.

«Les hablo de una hilandera que tendió un cordel entre dos continentes para no perder a su hermano, de un pueblo que venció a una montaña, de una mujer de madera negra que sembró a su hijo en la tierra, de un médico que lo había olvidado todo y al que todos habían olvidado»

Página 505 de Hilatura
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