‘El agua del buitre’, el último libro de Andrés Ortiz Tafur

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Andrés Ortiz Tafur con El agua del buitre nos trae una colección de relatos protagonizados por aquellos perdidos ante su desgracia, incapaces de actuar frente a su dolor, voyeurs de sus propias vidas, los que pierden. Dirige al lector, mediante la creación de 18 historias independientes, hacia un paseo por diferentes mundos interiores y soledades.

Este no es el primer trabajo de Andrés, que lleva a sus espaldas otros libros de cuentos como Caminos que conducen a esto (2013), Tipos duros (2015) o Yo soy la locura (2016). Ha tocado también otros géneros como es la poesía con el poemario Mensajes en una botella que estoy acabando. Además, escribe de forma continuada en El Diario Jaén con artículos como Pompas de Jabón, La casa o Domingo. En concreto con este último proyecto ha sido reseñado en medios de referencia en el mundo literario como es la revista Quimera, invitado al lugar de culto por excelencia para los escritores, el Café Gijón, e incluido en la lista de los once mejores libros publicados en 2020 en la revista Todo Literatura, por su director Javier Velasco.

Foto de perfil de Andrés Ortiz Tafur | Fuente: Facebook de Andrés Ortiz Tafur

Influenciado por el realismo sucio de autores como Karmelo C. Iribarren y admirador de Carlos Castán, Marcelo Luján o Eloy Tizón, nos trae su cuarto libro de cuentos bajo la editorial Baile del Sol. La idea no nace de una premeditación, como él mismo nos cuenta, sino que surge a raíz de uno de los relatos, Un mundo de mierda: “me hizo reflexionar sobre nuestros problemas, aquellos a los que no les hacemos tanto caso. Parece que nuestra mala vida es causa de lo que ocurre en la calle y muchas veces está dentro de nuestra propia casa”. Este hizo de pieza angular para dar comienzo a la recopilación que hoy leemos bajo el nombre El agua del buitre, del que se encuentra satisfecho: “es mucho mi literatura”.

Análisis

El título (que da también nombre a uno de los cuentos) se corresponde al de un barranco de La Toba. Esta aldea se encuentra en la Sierra de Segura, perteneciente al municipio Santiago-Pontones (Jaén). Es por esta zona donde el mismo autor pasa los días actualmente, pues decidió mudarse a la tan remota sierra años atrás. “Se trata de un homenaje a nuestra sierra”, asegura. 

Cartel de La Toba, Santiago-Pontones, Jaén | Fuente: Eltiempo.es

El libro está compuesto por dieciocho relatos extendidos en 133 páginas que dedica a los que pierden. Da comienzo a este viaje con Golpe a golpe donde ya se empieza a discernir el tono del libro. Tiene un toque fantástico ejemplificado bajo situaciones imposibles, pero enmarcado en el trasfondo de la realidad más que cierta. 

Tras esta apertura llega una de las historias favoritas tanto de los lectores como del propio autor, Clemente, por el que fue galardonado con el primer puesto en el Premio Internacional Pérez-Taybili de relatos en 2019. Este conmovedor cuento está dedicado a María del Rosario V.O, mujer que falleció en su domicilio y fue hallada cuatro años después. Nadie se había percatado de su ausencia. Fue su historia la que inspiraría a Andrés Ortiz Tafur a escribir este relato: “oí la noticia en el telediario y comencé a escribir”. Cada palabra de Clemente, narrador de la historia, va doliendo un poco más, llegando a hacerte sentir cómplice de su soledad: “soy invisible, para la mayoría de ellos siempre lo he sido”. Todo es sintetizado en una muy acertada frase del relato: “la muerte de la muerte, frente a esta suerte de inmortalidad asesina”.

A raíz de ese segundo relato uno ya se ve inmerso en el tono crudo y la atmósfera tristemente realista que crea el autor. Un hilo conductor que da al libro una cohesión indiscutible mediante una muy característica voz narrativa. El agua del buitre, relato que da nombre al libro y Estaciones de servicio son los que continúan este entramado de situaciones inverosímiles, pasando por Un mundo de mierda y llegando al arriesgado cuento de La fosa séptica. Este último, por medio de un vocabulario desagradable (de forma intencionada) narra una auténtica tragedia. La frase que inicia el relato deja claro lo que en las próximas páginas desarrolla: “Padre venía avisándolo desde años antes: cagáis tanto que cualquier día la fosa se quedará pequeña y la mierda saldrá por encima”. 

Sin duda, el autor consigue introducir al lector en las emociones de los protagonistas, como ocurre con el relato de El hundimiento. “La casa se hunde por la misma razón que Venecia: no soporta el peso de tanto amor”. Y así, sin darte cuenta, acabas tú hundiéndote con ellos, entre el espeso barro. Esta sensación no se acaba con esta historia, sino que sigue ocurriendo en multitud de ocasiones conforme avanzas la lectura en cuentos como Teletransportación o Palabra de honor.

Otro rasgo diferenciador del autor son los giros argumentales en el final de sus historias, dotándolas de dobles sentidos o acabándolas abruptamente. Tafur, según sus propias palabras, trabaja sin saber el final de sus relatos: “nunca sé cómo va a terminar el cuento. A veces me doy cuenta a la mitad de la historia, otras no lo sé hasta el mismo final. Me sorprendo a mí mismo cuando acabo”. Un gran ejemplo de ello es el relato de Autoslocos, donde uno percibe perfectamente esta cuestión. El cuento va creándose a sí mismo con cada palabra, tirando de un hilo sin fin aparente.

Encabezado de Andrés Ortiz Tafur | Fuente: José Rodriguez en Facebook

Con historias pasadas a las que le dio una oportunidad como Almería, cuentos conmovedores como Román Paladino, trágicos relatos como La costumbre, San Antonio o Sábado noche y grotescas narraciones como Las manos finaliza con Espejismos. Decide dar por terminado uno de los proyectos más importantes de su carrera con esta historia que llevaba tiempo queriendo salir a la luz. Un broche final que Andrés relaciona con el comienzo del libro, cerrando así la atmósfera en la que uno se había visto inmerso durante la lectura y dejando al lector desprovisto de protección ante el vacío emocional que siente al acabar el texto. 

Conclusión

Uno solo puede valorar objetivamente el libro tras procesar y digerir la montaña rusa emocional ocasionada. Es entonces cuando te percatas de la complejidad de lo conseguido por Andrés Ortiz Tafur. Representa el dolor de lo más íntimo con la presencia de la tristeza en cada esquina. Ante todo, logra el objetivo final de cualquier escritor que se precie: que el lector no vuelva a ser él mismo tras esta imprescindible lectura.

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