Ana Merino: «Abriría el canon del Premio Cervantes también a autores de cómics»

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Ana Merino junto a una lectora | Fuente: Instagram

El silencio se hizo verso y de esa colisión surgiría Ana Merino para demostrarnos que la poesía y la novela pueden ir cogidas de la mano

Ana Merino (Madrid, 1971) es una de las voces poéticas más sólidas de la literatura contemporánea. Hay quienes nacen con el verso en los labios. Ana Merino, no solo nació con la poesía en su cuerpo, sino también con la capacidad de transmitirla. Y, señores, déjenme decirles que no hay acto más robusto que compartir su forma de amar la palabra, pero, sobre todo, de utilizarla. De darle valor por el simple hecho de sentirla, mimarla y quererla hasta la saciedad.

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El que nace poeta seguirá siendo poeta escriba el género que escriba. En este caso, Ana es una ejemplificación de ello. Su primera novela El Mapa de los afectos fue galardonada con el Premio Nadal 2020. Además, recordemos que en 1994 ganó el Premio Adonáis con Preparativos para un viaje. Gran defensora de la cultura literaria y de su expansión, amante y consumada del cómic; su tesis versó sobre el cómic en el mundo iberoamericano, poeta, dramaturga, teórica española de la historieta y novelista. Nos habla de lo que será su próxima novela, su nuevo poemario, sus lecturas, su perspectiva de la poesía actual, entre otros asuntos.

Pregunta. ¿Está trabajando actualmente en algún proyecto literario, ya sea una nueva novela o poemario? ¿Nos podría contar algo sobre ello?

Respuesta. Estoy terminando una novela y un poemario. La novela sucede entre España y Estados Unidos y tiene una parte de ficción y otra real que alude al trabajo de un archivo. Creo que a los lectores les va a gustar esa combinación. Hay varios juegos literarios y una trama intensa sobre el valor de la amistad. Por otra parte, el poemario recoge poemas de los últimos cuatro años. A la vez que escribo ficción siempre tengo la poesía muy presente.

P. Uno no deja de ser nunca poeta. En mi caso, la descubrí precisamente por el Premio Adonáis. ¿Qué ha significado para usted la poesía a lo largo de su vida?

R. Ha sido y es mi lenguaje literario más íntimo, lo que representa mi voz interior y ordena mis angustias. La poesía me ayuda a sintetizar mis miedos y condensa mis preocupaciones metafísicas.

P. Uno de sus aspectos que más admiro es su polivalencia literaria. Pues ha indagado en géneros como la poesía, la novela, ha escrito teatro, ensayos académicos y hasta literatura infantil. ¿De dónde nace esa necesidad de querer transmitir de diversas formas, pero a su vez, teniendo siempre como arma la inmortalidad de la palabra?

R. Tengo una mirada poliédrica que se adapta a lo que necesita cada idea literaria. Escribir me ayuda a ordenar intuiciones, tramas, personajes, sentimientos, pensamientos filosóficos o teóricos. Disfruto muchísimo con cada forma de expresar el pensamiento y lo ajusto a los diferentes espacios. Por ejemplo, mi pasión por escribir también literatura infantil está asociada al compromiso lector, a la idea de que hay que encontrarse con todas las edades y compartir la pasión y el talento. Los ensayos académicos están asociados a mi curiosidad analítica y mi deseo por abrir campo de estudio en el contexto de los cómics. Con el teatro he disfrutado mucho, porque es un proceso grupal de intercambio con actores.

P. De todas las obras que ha escrito. ¿Hay alguna a la que le tenga un afecto especial? Podría mencionarnos cuáles y los porqués. 

R. Aquí se me hace difícil concretar porque le tengo cariño a todas mis épocas como escritora. Cada libro lo veo como un trozo de mi vida y esa conexión me ilusiona. Es cierto que los premiados me han dado muchas alegrías y la oportunidad de conocer a mis lectores, pero todos están escritos con la misma entrega apasionada. Ahora que he alcanzado la madurez estoy disfrutando mucho escribiendo novelas.

P. De su novela El mapa de los afectos destaco la musicalidad, lo rítmico que la dota de una beldad única. Seguramente, una musicalidad que es provocada por su faceta poética. Como nicaragüense y ya que hablamos de armonía. ¿Qué papel ha jugado la poesía de Rubén Darío en su etapa de lectora?, ¿qué poema o poemas le gustan del vate nicaragüense?

R. Rubén Darío me enseñó el valor de la profundidad existencial y también la fuerza del ritmo poético. Es una lectura obligatoria de mi niñez a la que siempre vuelvo en diferentes etapas. El poema Lo fatal es absolutamente redondo, pero toda su obra: Azul, Prosas profanas, Cantos de vida y esperanza tiene una fuerza mayúscula y su lectura es clave a la hora de formar escritores.

P. ¿Qué opina sobre la corriente poética que se ha originado a partir de redes sociales como Instagram?, ¿ha dañado el valor de la poesía como consideran algunos?

R. Es una opción juvenil, otra forma de diseminar la poesía. Se pueden compartir a los clásicos en formato Instagram y buscar nuevos lectores. Hay diferentes estilos, la poesía sentimental romántica ha existido siempre y es un tipo de vertiente que tiene muchos seguidores. Yo creo que no hay que alarmarse. Simplemente, utilizar esta herramienta para compartir buena poesía y balancear otras vertientes.

P. Se ha comentado estos últimos años, esa tendencia a autodenominarse rápidamente: «poeta», «escritor». Me gustaría, Ana preguntarle: ¿Qué es ser escritor?

R. Alguien que ama leer y expresa su mundo y sus ideas a través de la literatura. Pero es importantísimo que los cimientos de un escritor estén llenos de lecturas, que la literatura sea la materia prima de su mirada.

Sobre El Mapa de los afectos, Premio Nadal 2020

El diálogo con la poesía, el sentido de la vida, esa resonancia poética que tanto la caracteriza, hacen de su novela un diálogo pulcro con el receptor. Como lector y amante de la poesía, son palpables muchas imágenes repartidas a lo largo de la obra.

P. ¿Cómo afrontó el proceso escritural de la novela? En el sentido personal. Es decir, qué sentía usted al escribirla, cómo recuerda ese punto de evolución creativa que desarrolló cuando le daba forma.

R. Fue brotando de forma gradual, la fui escribiendo a lo largo de bastantes años, juntando ideas e intuiciones. Pero a finales del 2018 entendí que tenía que centrarme en ella y entonces todas las piezas tuvieron sentido. Una cosa que aprendí en el proceso es que la novela te pide tiempo y concentración. Solo si eres capaz de ajustarte a ese ritmo la novela puede asentarse. Con el teatro y la poesía hay otros momentos de trabajo y pulsiones creativas, pero la novela pide muchas horas concretas en un mismo lugar concentrada y siguiendo el hilo de los personajes y la atmósfera.

P. Algunos fragmentos reflejan una clara condición humana. Incluso escribe: “La gente buena tiene un don para irradiar cariño, para producir campos de fuerza donde poder cobijar a los demás…”. ¿Cree que estamos fracasando como sociedad en los aspectos vinculados a lo emocional, lo afectivo, la afección en todas sus directrices?

R. Yo soy una optimista y creo firmemente en la humanidad, y además piensa que la buena literatura nos enseña a empatizar.

P. Ha pasado un año de aquella noticia: “Ana Merino, Premio Nadal 2020”. ¿Qué siente después de todas las alegrías posteriores que le vinieron tras el galardón?

R. Fue un momento muy bonito y maravilloso ver mi novela editada, pero a las pocas semanas brotó la terrible pandemia y el mundo cambió. La experiencia de mi novela pasó a un segundo plano. Afortunadamente, los lectores la leyeron y los acompañó en los difíciles días del confinamiento. El año 2020 ha sido extraño y difícil, pero también es el año en que mi novela, que apuesta por la bondad como materia prima literaria, aparece en un momento en que la bondad ha sido fundamental para salir adelante.

P. ¿Son importantes los premios para un escritor?

R. Los premios ayudan mucho a divulgar la obra de un autor. Yo siempre recomiendo a los escritores que se presenten a premios, que son un mecanismo para encontrarse con lectores y darse a conocer. Si el libro es bueno encontrará su cauce en algún premio porque los editores y el jurado buscan, por encima de todo, buenos libros y buenos escritores.

Manías, influencias literarias, recomendaciones…

P. ¿Tiene alguna manía o manías a la hora de escribir?

R. Me gusta madrugar para escribir ficción antes de irme a trabajar, en esas primeras horas de la mañana creo que me salen personajes y atmósferas muy especiales.

P. Un libro de la literatura universal que le hubiese gustado haber escrito.

R. Sinceramente, me encantaría haber tenido el talento para hacer cómics. Y si pienso en novela te diría que la prosa de Proust me parece fantástica y la de Silvina Ocampo. No hay un solo libro, pienso que son muchos los que me hubiera gustado escribir, pero soy consciente de que en realidad lo que me gusta es leer esos libros y que estén asociados a los propios autores. En poesía, por ejemplo, Fervor de Buenos Aires que es el primer libro de Borges, me parece redondo y me hubiera encantado tener esa misma fuerza con mi primer poemario. La invención de Morel de Bioy y Casares es un gran ejemplo de novela breve o Juan Rulfo y su Pedro Páramo, pero reconozco mis limitaciones…

P. ¿Qué está leyendo actualmente?

R. Esta mañana empecé La distancia que nos separa de Renato Cisneros. Y estoy terminando un librito de cuentos de ciencia ficción de 1969 que encontré el otro día en casa de mis padres con cuentos de Herbert, Silverberg, Lafferty, Harmon o Hawkns. También me he puesto a leer a Ana Penyas y su novela gráfica Todo bajo el sol.

P. ¿A quién le daría el próximo Premio Cervantes?

R. A un montón de escritores y creadores de cómics, abriría el canon también a autores de cómics.

P. ¿Qué significan sus lectores para usted?

R. Hacen que me sienta feliz y acompañada. Aprecio muchísimo que lean mis libros y los adoro. Me encanta poder conocerlos personalmente en ferias, festivales, lecturas o talleres y dibujarles dedicatorias. Mi perfil secreto de dibujante.

P. Por último, Ana. ¿Qué lecturas recomendaría a un joven lector?

R. Recomiendo que lean con pasión y de forma muy variada. A mí, por ejemplo con catorce años, me marcó Cien años de soledad de Gabriel García Márquez y con quince La metamorfosis de Kafka. Pero con catorce también me gustó muchísimo Tolkien, que me lo leía por las noches. Siempre he sido una lectora ecléctica. Galdós fue lectura de cabecera durante mi adolescencia y la poesía de Gabriela Mistral. Y con once o doce años recuerdo Momo y La historia interminable o Huckleberry Finn y Tom Sawyer. De muy niña la poesía de María Elena Walsh me marcó mucho. Por otra parte, he leído tebeos sin parar, todos los autores de la escuela Bruguera y los cuadernillos de la Pequeña Lulú y los cómics de El Príncipe Valiente de Harold Foster, pero luego fui ampliando ese canon y de adolescente ya me encantaba Hugo Pratt y su Corto Maltés. Siempre he tenido muy presente la literatura de mi padre, José María Merino, que es un escritor magnífico. Otra cosa que me apasionaba de adolescente y me sigue apasionando es la literatura del Siglo de Oro: Lope de Vega, Calderón de la Barca, Cervantes, María de Zayas, Sor Juana Inés de la Cruz.

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