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Esther

Esther nació para llenar la vacuidad, pero ella aún no lo sabe

«Y en algún lugar habrás olvidado mi nombre», escribió el poeta nicaragüense Francisco Ruiz Udiel. Quizás Esther hace mucho que olvidó mi nombre o nunca lo supo. Espero que sea la primera.

Siempre me llamó la atención Esther por sus silencios. Sus ojos marrones hablaban por ella en un idioma indescriptible que traté de comprender en vano. Observadora cual felino rabioso, recatado verso lábil a lo lejos y apenas articuladora de palabras. Salvo algún que otro intercambio entre sus cercanos. De Esther me encantó —me encanta— su sencillez, la hondura de sus pupilas cafés, la voz delicada e indecisa que esconde la valentía de una muchacha con un volcán dentro que nadie quiere descubrir.

Recuerdo que una vez intercambié alguna que otra palabra con ella. Me corrigió para decirme algo así como que la imagen de la cámara, donde realizábamos una práctica, no estaba bien calibrada. Luego comprendí que tenía razón. Le lancé una mirada, tras haber comprobado su acierto, la devolvió cabizbaja y sonriendo. La risa como mecanismo de defensa. Sé que Esther esconde una historia que le cuesta leer en voz alta, pero escribió en alguna biografía (sufrió bullying, arribaron a su vida inseguridades, apenas le gustaba socializar).

De Esther sé muchas cosas, la constelación del planeta de su brazo la delata: vive en su universo metida y nadie se atreve a descubrir su cosmos, su galaxia. Lo que Esther no sabe es que si le quitamos la ‘h’ a su nombre vendría a ser una estrella. O, en caso de dejarle la h, vendría a ser algo así como una diosa babilónica llamada Isthar. Una auténtica generadora de Paz.

Me resultó llamativa su rectitud ante el mundo. Memoricé su forma de andar e incluso podría identificar la melodía de su voz danzante. Descifrar cuál de todos es su silencio. Y es que Esther es eso: una estrella en busca de un espacio en otro cuerpo. Ernesto Cardenal decía que estamos en un universo casi vacío. Esther nació para llenar la vacuidad, pero ella aún no lo sabe.

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