Abraham Guerrero: «Hay gente joven haciendo poesía muy buena a la que no se le hace caso»

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2014
Presentación de Toda la violencia en Librería Luces | Fuente: Instagram

Abraham Guerrero y la violencia poliédrica de su poemario

Abraham Guerrero Tenorio (Cádiz, 1987). Licenciado en filología hispánica. También ejerce de profesor de español como lengua extranjera. Ha sido galardonado con el Premio Adonáis (2020) por su poemario Toda la violencia. Por otra parte, ha publicado obras como Los días perros (La isla de Siltolá). Además de haber sido galardonado en la VI Edición del Certamen Ucopoética (2018), en el concurso literario Málaga Crea en la modalidad de Narrativa y con el LXVI Premio Alcaraván de Poesía.

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Descubrí a Abraham por el Premio Adonáis. No lo conocía. No sabía de su existencia hasta el año pasado. Sin embargo, leerlo no fue descubrirlo. Al contrario, fue un reencuentro. Pues todos los que amamos la literatura somos una pequeña familia bastarda, lejana. Huérfanos del verso. En Toda la violencia me reencontré con un tipo cuyos poemas son incisivos. Sí, incisivos porque si te sientes identificado con la beldad de sus composiciones, puede que la lectura de su poemario zahiera. El autor gaditano nos sacude con un conglomerado de violencias: la familia, el amor, la muerte, la escritura y el capitalismo. Una violencia que funciona como hilo conductor. No sé qué será de Abraham dentro de unos cuantos años, pero sí sé que sus violencias me acompañarán toda la vida. A mí, un triste lector de poesía que, al igual que él, ama la palabra. Desde hoy Toda la violencia es mía: la abrazo. La añoro. La palpo con la tristeza del ánima.

En esta entrevista el autor gaditano expone su punto de vista sobre el panorama literario actual, su poemario merecedor del Adonáis, su hermosa profesión, sobre rap, influencias literarias, manías, entre otras cuestiones.

Sobre actualidad y poesía

Pregunta: Después de Toda la violencia. ¿En qué estás trabajando actualmente? ¿Hay algún poemario en proceso? Cuéntanos tus andadas actuales.

Respuesta: Sí, hay un poemario que estoy trabajando, pero todo está en el aire. Me tomo con mucha calma el proceso de escritura e intento no forzar. También hay un libro de relatos por ahí, pero ya te digo, todo muy en el aire. Me cuesta mucho hablar de lo que hago si no se ha publicado antes.

P: Realizando un proceso de retrospección. ¿Qué ha significado para ti la “poesía” a lo largo de tu vida?

R: Más que la poesía como ente individual, la literatura. No solo me nutro de la poesía. Me gusta mucho la literatura. Podría decirse, aunque quedo como un absoluto pedante, que la amo, no sé vivir sin literatura, cada vez menos, cada vez siento más una especie de adicción a la literatura. Lo ha significado todo, me ha hecho como persona, no sería quien soy si no hubiera leído.

P: Prosiguiendo con la retrospectiva anterior. Has escrito unas cuantas obras. Entre ellas Los días perros, Toda la violencia, has aparecido en antologías. Por supuesto, más allá de los premios que las respaldan. ¿Hay alguna de tus obras que tenga un significado especial para ti?

R: En realidad, he publicado muy poco. De lo que he publicado, por ahora, a lo que le guardo un cariño más especial es a Toda la violencia, no solo por el premio, sino porque disfruté más su proceso de escritura, me sentí mejor poeta haciéndola, es una obra madura y con más calidad que la anterior.

P: Como nicaragüense y estudiante de filología hispánica. Concretamente, de tu profesión hablaremos más adelante, me interesa el papel que ha jugado Rubén Darío en los escritores que entrevisto. Preparando esta entrevista y escuchándote en RNE, hablaste por encima de nuestro tan apreciado Rubén Darío. Muy curioso que coincidáis Manuel VilasAna Merino y tú en esa debilidad por el poema “Lo fatal” del vate nicaragüense. ¿Qué papel ha jugado la poesía de Rubén Darío en tu desarrollo como lector y, sobre todo, en tu evolución como poeta?

R: Darío ha sido una de las columnas que me han sustentado como un lector adolescente. Me impresionaba mucho la claridad de sus imágenes. Ahora hay poemas que encuentro más frívolos, pero no dejo de apreciar la excelente técnica rítmica que tiene su poesía. Lo he imitado mucho, de hecho, mis primeras publicaciones en revistas minoritarias que hacíamos en el pueblo, eran sonetos en alejandrinos donde hablaba de crepúsculos y pálidas damas, de colorido, de paisajes habitables solo en la imaginación.

P: ¿Qué es lo que más te sorprendió cuando lo leíste por primera vez?

R: Comprobar que había escrito poemas en hexámetros. Me lo explicó mi profesor de latín, Antonio, y fui rápido a la biblioteca a leerme su obra.

P: ¿Rescatarías algún poema o libro de su bagaje literario y por qué?

R: Libros creo que todos son imprescindibles para comprender esa época. De sus poemas, tengo especial predilección por un soneto titulado De invierno. Es belleza pura.

P: Dando un salto en el tiempo y transmutando hasta nuestros días. Como conocedor que eres de la palabra y amante de ella. Me interesa tu opinión sobre esa corriente poética que ha surgido estos últimos años en redes sociales. ¿Qué opinas sobre el desarrollo tan demencial que ha tenido en redes como Instagram? ¿Lo ves bien, mal, no te gusta? Serías tan amable de exponer tu perspectiva sobre esta cuestión.

R: Yo siempre he dicho que agradezco mucho a internet la aportación que me ha hecho. Si no hubiera existido, quizás no estuviera intentando dedicarme a esto. Me dio la oportunidad de leer a gente de mi edad que de otra forma no hubiese leído. Si me preguntas por ese tipo de poesía, si podemos llamarla así, que hace gente como Marwan, Defreds, Irene X, etc. he de decir que no me gusta. No me gusta nada. Ahora bien, sería pernicioso y paternalista advertir que ese tipo de gente no se debe leer. Yo opino que no, pero quiénes somos para juzgar a esos lectores. Porque, además, no creo que los seguidores de ese tipo de cuentas sea gente que vaya a leer buena poesía, es más, no creo que la venta de esos libros, si nos ceñimos a lo económico, afecte al negocio de editoriales que se dedican a vender poesía. Son productos diferentes, quien quiera leer a José Mateos probablemente no sepa ni de la existencia de Elvira Sastre y, sobre todo, al contrario, quien conoce la existencia de Defreds ni remotamente le suena el nombre de Ben Clark, por ejemplo. Lo único que molesta del asunto es que este año he visto, en muchos libros, poemas de Marwan o Defreds en los libros de textos, para introducir al alumnado en la poesía. Eso sí me parece más peligroso e incluso injusto. Entiendo que el lenguaje es más cercano para que se tome contacto por primera vez, pero es igual de cercano el lenguaje de Rosa Berbel o Alba Flores, por ejemplo, e igual de entendible su poesía, y no se introduce en los libros de textos. Si atendemos a la calidad literaria de esos textos que publica Espasa, podemos considerarla nula, mientras que hay gente joven haciendo poesía muy buena a la que no se le hace caso desde la educación y que son un vehículo espléndido para nuestros alumnos.

P: También hay una tendencia muy generalizada a autodenominarse rápidamente: «poeta», «escritor». ¿Qué es ser poeta?, ¿qué es para ti ser poeta?

R: Pues no sé qué es ser poeta. Yo nunca me llamo poeta. Yo soy Abraham y hago una vida muy similar a la de mis amigos con la diferencia de que empleo mi tiempo en la literatura.

Sobre Toda la violencia, Premio Adonáis 2020

P: Si me lo permites, Abraham. Tu libro es la pulcritud hecha palabra. Un poemario redondo, sincero, dañino y, en ocasiones, muy hiriente. Hiriente porque hay aspectos donde el lector se puede sentir más que identificado. Precisamente, es algo que no se ve muy a menudo: la identificación mediante la belleza del vocablo. La identificación la puede conseguir cualquiera, pero con la belleza y brevedad del verso, muy pocos. ¿Cómo afrontaste el proceso evolutivo de la obra? Es decir, su creación silenciosa. Ese momento en el que el poeta tiene que esculpir el poemario. Darle forma.

R: Al principio eran poemas sueltos con los que trabajaba intentando esculpir algo que mejorara lo que había publicado anteriormente, con lo que no estaba del todo satisfecho. Pero a raíz del título, que ya tenía en mente, pude darle la estructura que contiene el libro, sobre todo el sistema de citas, que en mi opinión van guiando al lector hacia la reflexión que quiero que comprendan.

P: No me quiero detener mucho en aspectos plenamente literarios, pues considero que ya has hablado en otras entrevistas sobre ellos. No obstante, ¿cómo fue el proceso de documentación del término “violencia” y todo lo que puede rodear a dicha acción?

R: Pues fue un poco arduo, y a la vez un poco casual. Buscaba citas que me permitieran armar un cuerpo sólido, y en esa búsqueda fueron apareciendo versos, autores y ensayos referentes a la violencia que me interesaba, que era la violencia no física.

P: ¿Qué te ha aportado el Premio Adonáis como escritor?

R: Reconocimiento y supongo que cierto prestigio. Pero, sobre todo, que haya alguna gente que se ha acercado o que ha descubierto lo que hago.

P: ¿Son importantes los premios? ¿Puede triunfar alguien en la poesía a día de hoy sin un premio en su currículum literario?

R: Le damos mucha importancia a los premios, no sé si son importantes o no, pero sí se le dan mucha importancia. Yo he vivido las dos experiencias, la de publicar con una editorial sin haber obtenido premio y la de publicar habiendo obtenido premio. Con el premio te hacen más caso y, sobre todo, te lee más gente. ¿Alguien puede triunfar en la poesía sin haber obtenido premio? Conozco pocos casos, ahora mismo se me viene a la mente María Sánchez, pero lo general es que se hable de premios, “este es un Adonáis”, “esta es un Hiperión”, etc. No digo que sea bueno esto, a mí no me gusta del todo, conozco enormes escritores que han publicado excelentes obras sin premios, pero al final (o al menos en mi caso) se busca tener un poco de suerte. Sobre todo, porque si ganas un premio la publicación es mucho más fácil, no tienes que estar de editorial en editorial buscando que te hagan un poco de caso.

Sobre su profesión

P: ¿Qué te llevó a estudiar filología hispánica?

R: Siempre lo tuve claro, desde pequeño me ha gustado mucho la lengua y la literatura española.

 P: ¿Qué te ha aportado la carrera? ¿Qué fue lo que más te gustó y lo que menos te interesaba?

R: La carrera me hizo madurar como lector, y me ha aportado la sabiduría de José Jurado Morales y Nieves Vázquez, que me descubrieron autores que hoy son capitales en el mapa de mis lecturas. Me gustó mucho descubrir que la sintaxis me apasionaba, y lo que menos me gustó quizás fue la parte de lingüística.

P: Como docente: ¿crees que acercamos lo suficiente la literatura a los jóvenes o, por el contrario, podríamos hacer algo más?

R: Acercar se les acerca, principalmente porque existe un currículo en el que se insertan contenidos literarios. El problema es qué tipo de literatura se les acerca. La literatura curricular es aburrida para el alumnado. Berceo es aburrido, el Mío Cid es aburrido, Manrique es aburrido. Tú acercas al alumnado a esos clásicos, pero les asusta como estar encerrados con un león en una jaula. Después, ser profesor de Lengua y Literatura en Secundaria o Bachillerato no te otorga un conocimiento extraordinario de Literatura, quiero decir, que conozco a mucha gente que ha estudiado Hispánicas y no le interesa para nada la filología (diría que es la mayoría de lo que me he encontrado), o te encuentras con compañeros que si los sacas del contenido de las materias cortocircuitan, no saben qué se está publicando ahora, no les interesa tampoco el mundo literario, lo que no quiere decir que no sean buenos docentes, pues la labor del docente va más allá de impartir una materia. Yo intento acercarles a una visión más actual de las cosas, pero se queda en el intento. Por lo general, un docente está abocado al fracaso.

P: Tú, como filólogo hispánico: ¿cambiarías algo en la forma de impartir, por ejemplo, la literatura en las aulas?

R: Este es un largo y arduo debate también. No estoy en posición de decir cómo se ha de impartir la materia, sobre todo porque hay un exceso de alumnado en las aulas. Es muy difícil impartir con 32 o 33 alumnos en un aula. Ante esas circunstancias, los docentes se remangan y bajan al fango de la enseñanza y lo hacen como buenamente pueden. Me divierte mucho cuando veo leyes educativas como la actual en la que aconsejan o instruyen de modo paternalista o maternalista cómo se ha de enseñar, y afirman que no lo hemos hecho bien en el pasado, que somos unos arcaicos, que hay nuevos métodos y nuevas dinámicas, que el alumnado cambia y hay que adaptarse a las nuevas circunstancias, pero desde ninguna institución se aborda el principal problema que se demanda desde la docencia, y es que nos bajen las ratios en el aula. Pero ese debate sería darle demasiada calidad a lo público y eso no interesa. Se ha visto en la pandemia, han bajado la ratio en algunas Comunidades y los resultados más positivos están ahí, pero ahora que parece que todo se normaliza, vuelta a lo de antes, a prescindir de docentes y a masificar las aulas. Para el alumnado esto es catastrófico, pero para el profesorado también. Sería interesante mirar los números y comprobar si hay algún ERE mayor al que los gobiernos autonómicos van a someter a los docentes. Van a ser miles de puestos de trabajo los que se van a perder en el sector.

P: ¿Para qué sirve un filólogo hispánico, Abraham? ¿Qué proporcionan al mundo?

R: Eso me gustaría saber a mí [sonríe]. Yo necesito la filología porque necesito saber cómo funciona el mecanismo con el que me comunico, en este caso, la lengua.

Sobre rap

P: ¿Qué es lo que más te gusta del rap? Cuéntanos tu vínculo personal con dicho género musical: vivencias, raperos favoritos, por qué el rap y no otro género…

R: Mi vínculo ha sido muy estrecho con el rap. Hemos vivido muchas cosas, desde cumplir sueños como telonear a Violadores del Verso, Hablando en Plata o Elphomega en Londres, a crear una familia como son mis compañeros de grupo. Elegí el rap porque no sabía cantar, pero aun así era un vehículo musical muy potente para el adolescente que era. Antes eras un paria si escuchabas rap, no estaba tan normalizada esa música como en la actualidad. Ese punto de rebeldía me motivaba también. Mis raperos favoritos son Kase-O y Mucho Muchacho.

Manías, influencias literarias, recomendaciones

P: Manía o manías que tengas a la hora de escribir.

R: Necesito leer durante un tiempo antes de ponerme con la escritura.

P: Autores y poetas que más han influido e influyen en tu desarrollo como escritor.

R: Roberto Bolaño, Cortázar, Rulfo, Manuel Vilas, Ángelo Néstore, Cernuda, Pedro Sevilla, Martha Asunción Alonso, Ana Rodríguez Callealta, Julio Mariscal, Nieves Vázquez, Elena Medel, M.ª Jesús Ortega, Érika Martínez, Javier Fernández; así a bote pronto, son autores y autoras a los que he acudido para buscar algo nuevo en mi escritura.

P: Un libro de la literatura universal que te hubiese gustado escribir.

R: Entiendo que te refieres a un libro escrito en una lengua diferente al español. En este caso, Crimen y Castigo. Aunque el que más me hubiera gustado escribir, y también puede considerarse literatura universal, es Pedro Páramo.

P: ¿Qué estás leyendo actualmente?

R: Un libro de relatos titulado Mis documentos, de Alejandro Zambra. Una genialidad.

P: El próximo Premio Cervantes se lo darías a…

R: Roberto Bolaño.

P: Por último, Abraham. ¿Cuáles serían tus recomendaciones literarias para todo aquel que lea esta entrevista?

R: Mi principal recomendación es que se lea, que se lea mucho.

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