Manuel Vilas: «Es bonito saber que hay alguien al otro lado de lo que escribes»

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Manuel Vilas en la insigne librería Rafael Alberti de Madrid | Fuente: Facebook del autor

Manuel Vilas, la sencillez hecha palabra, una forma única de sentir y hacer sentir el poder de la literatura

Hablar de Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) es hablar de Hundimiento, pero también de Alegría. Vilas ha demostrado con su forma de manejar el vocablo, ser capaz de tocarnos la fibra textil del alma. Traspasar las barreras de la psique y hacernos transmutar en lo inabarcable de Ordesa. Sin duda alguna, es uno de los pilares de la literatura española del siglo XXI. Manuel es una cariátide que se fue esculpiendo allá por 2008 con España, libro elegido por la revista Quimera como una de las obras más relevantes del español de la primera mitad del siglo XXI. Escribir sobre Manuel Vilas es recitar poemas al aire. Un aire que pinta beldad en las bibliotecas de toda la geografía española e hispanoamericana. Ha sido galardonado con el Premio Jaime Gil de Biedma por Resurrección (2005), Premio Ciudad de Melilla por Gran Vilas (2012), Premio Generación del 27 por El Hundimiento, Finalista del Premio Planeta por Alegría (2019), entre otros.

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Lo que más admiro de Manuel es su polivalencia literaria. Un gran consumado de la literatura que ha indagado en varios géneros: novela, relato, poesía, ensayo. Es un escritor que no pierde su estilo juegue donde juegue. En Ordesa nos muestra las entrañas de su ser, se abre en canal para el lector. En Alegría continúa abriéndose, pero nos acerca a un lado más ameno y jocundo de su vida. En su último libro Roma (Visor, 2020) nos encontraremos con un Manuel Vilas que hace de mirada traslúcida. Viajamos cogidos de su mano por Roma entre versos, entre el silencio de la pulcritud de la ciudad italiana. Leer Roma es teletransportarse a ella, enamorarse y, a su vez, serle infiel a la ciudad junto con el autor. Señores, lean Roma. No hay mejor compañía que los versos de Vilas para desnudar a ciudades tan emblemáticas como Roma, Bari o Florencia.

Por último, esta entrevista que leeréis es hija de la improvisación. No estaba prevista. Jamás fue planeada. Os dejo con ella. Un hijo no deseado, pero que terminaré amando con el paso de los años, de la experiencia y, sobre todo, la inexperiencia. Interpelo con Manuel sobre literatura, su visita a Nicaragua, manías literarias y lo que surgió en el inefable instante que compartimos.

Pregunta: ¿Estás trabajando en algún proyecto literario actualmente?

Respuesta: Publicaré mi próxima novela. He acabado una novela que saldrá en septiembre.

P: ¿Qué significa para ti la palabra “Poesía”?

R: [Sonríe] Con el paso del tiempo es una labor de años. Una labor a la que le he dedicado muchas horas de mi vida. He publicado muchos libros de poesía. Es decir, la poesía ha sido muy importante a lo largo de toda mi vida. No tiene un significado concreto, solamente lo sustancial que ha sido y sigue siendo para mí. No sabría qué más decirte.

 P: ¿Hay alguna de tus obras con la que te quedarías de forma particular por algún motivo, ya sea de poesía o novela?

R: De poesía me quedaría con El Hundimiento y de novela me quedaría con Ordesa.

P: A nivel creativo, ¿qué ha significado tu último poemario Roma?

R: Es un homenaje a la ciudad. El tema dominante del libro es la soledad de un hombre que está viviendo en Roma. Viví allí seis meses y, ese periodo de tiempo, hizo que la ciudad me deslumbrase. Me sentí muy acogido. Bueno, supongo que a todo el mundo le ha pasado eso. No he sido nada original, ¿no? Tal vez, sí que sea original en el libro la soledad que hay. La soledad de un hombre que establece un diálogo entre lo que está viendo y su propia vida. Eso, quizá sea lo original.

P: El Coronavirus azotaría Italia mientras estabas viviendo allí, ¿te impactó de alguna manera tanto a ti como a la creación del libro?

R: Sí, fue muy impactante. De repente, la ciudad se vació. Todo aquello que era monumentos llenos de turistas, desaparecieron. Todo estaba desierto. Por tanto, los monumentos eran muy accesibles. Por ejemplo, me acuerdo de que el Panteón que siempre está lleno de gente, estaba totalmente vacío y paseaba por allí. La sensación era de estar conociendo una Roma distinta e imposible de conocer.

P: Podríamos decir que Roma estaba a tus pies, ¿no?

R: Exacto. Era una sensación muy extraña. Por un lado, muy emocionante. Por otro lado, dramática porque se avecinaba una catástrofe. Aunque, en ese momento, no sabíamos muy bien lo que se avecinaba.

P: ¿Volverás a Nicaragua algún día?

R: Sí, a mí me encanta Latinoamérica. He sido muy feliz allí y espero volver.

P: ¿Qué fue lo que más te impactó del pueblo nicaragüense?

R: La fuerza de la gente. La ilusión, las ganas de vivir. En general, toda Latinoamérica tiene mucha fuerza y ganas de vivir.

P: ¿Te acuerdas de algún detalle que te llamó la atención de Managua (Nicaragua)?

R: Me acuerdo de la ciudad vieja devastada. Concretamente, la parte vieja devastada de la ciudad de Managua, la catedral. Esa imagen de las ruinas. También me acuerdo de la casa de Rubén Darío que está en León. Bueno, de los amigos de allí como Sergio Ramírez y Gioconda Belli. Tengo muy buenos y bonitos recuerdos.

P: Tus últimas lecturas y un libro de la literatura universal que te hubiese gustado escribir.  

R: Actualmente, estoy leyendo unos cuantos libros. Estoy leyendo un libro de Almudena Sánchez que se titula Fármaco. Lo acabo de empezar a leer y me está gustando mucho. Un libro que me hubiese gustado escribir… El Castillo de Kafka [Risas].

P: ¿Tienes manías a la hora de escribir?

R: Sí, por ejemplo, el tipo de ordenador. Me gusta que haya silencio, la luz, me gusta que el sitio sea agradable. No se escribe igual en un sitio que en otro. Estoy muy obsesionado con los teclados de los ordenadores, el ambiente, el lugar, que haya belleza cerca. Me obsesionan los sitios.

P: Incluso hace poco lo comentaste en tus redes: “Qué misterioso es escribir. No es igual un ordenador que otro, un tipo de pantalla o un tipo de teclado…”.

R: Sí, me obsesionan los teclados, el tipo de mesa donde estás, la silla, la luz. Hay un montón de cosas que influyen.

P: Seguramente, en algún rincón del mundo, alguien está leyendo alguno de tus libros: ¿te imaginaste tener una inmensa cantidad de lectores repartidos por el mundo?

R: Nunca lo pensé, pero es bonito. Es bonito saber que hay alguien al otro lado de lo que escribes.

P: ¿A quién le darías el Premio Cervantes?

R: [Sonríe] Pff… pues no lo sé. En realidad, los premios no son tan importantes. A ver, son importantes y no lo son. Hay mucha gente que se lo merece. No me gustaría decir un nombre porque… ¡Quién soy yo para decidirlo!

P: ¿Qué poema de Rubén Darío recomendarías?  

R: Lo fatal. Es un poema no muy largo. En él se condensa la vida entera. Ese poema de Rubén Darío me parece magnífico.

P: ¿Qué lecturas recomendarías a los jóvenes lectores?  

R: Les recomendaría que leyesen a sus contemporáneos, escritores españoles actuales. Que lean todo: literatura, ensayo, poesía, filosofía. Que lean de todo.

P: Para finalizar, Manuel. Mi última lectura ha sido El Infinito en un junco de Irene Vallejo. Seguramente, te lo has leído: ¿qué te ha parecido su obra?

R: Sí, me lo he leído. Me ha encantado. Es una obra maravillosa. Me ha gustado muchísimo. Además, a ella la conozco desde hace muchos años, porque es de Zaragoza y he vivido mucho allí.

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