Olympe de Gouges, enemiga acérrima de la Revolución Francesa

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Olympe de Gouges | Fuente: Wikipedia

Esta semana se cumplen 228 años de la muerte de esta pionera de los derechos de la mujer

“Mujeres, despertad. Reconoced vuestros derechos. ¿Cuándo dejaréis de estar ciegas? ¿Qué ventajas habéis obtenido de la Revolución?”. Quien escribió esto, seguramente, no salía en tus libros de historia. Se trata de Olympe de Gouges, escritora y filósofa política que reivindicó la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en el contexto de la Revolución Francesa. Está consagrada como una precursora del moderno feminismo.

La Declaración de derechos del hombre y del ciudadano no esperaba que le saliera una adversaria preocupada por los esclavos y por la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Olympe de Gouges insinuó que esta declaración obviaba la mitad del género humano. Bastaba con mirar alrededor para darse cuenta de la precaria situación en la que vivían muchas mujeres en la época. Olympe, volcada en aportarle una nueva visión a la Revolución Francesa, se basó en su predecesor para publicar en 1791 la que fue su obra cumbre: Declaración de derechos de la mujer y de la ciudadana. Con esto exigía un nuevo sistema jurídico que contemplara la igualdad fundamental entre hombres y mujeres.

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Antes de ser Olympe de Gouges

Su verdadero nombre era Marie Gouze, nacida el 7 de mayo de 1748 en el seno de una familia francesa de Montauban. Era hija de una fabricante textil y un carnicero llamado Pierre Gouze. No obstante, los rumores decían que era fruto de una relación extramatrimonial entre su madre y el aristócrata Jean-Jacques Lefranc, quien más tarde la introduciría a las élites intelectuales del París prerrevolucionario.

Jean-Jacques Lefranc | Fuente: Wikipedia

Apenas había cumplido los 17 años cuando sus padres la entregaron en matrimonio a un hombre diez años mayor que ella, Louis-Yves Aubry. De esta época se conoce poco de su vida, pero se puede afirmar que fue infeliz en cuanto que años después calificó al matrimonio de “tumba del amor”. Al año de haber tenido a su único hijo, Pierre, Louis-Yves Aubry falleció. Con una fortuna heredada del esposo y sin nada que la atase, decidió moverse a la capital francesa para darle a su hijo la educación que ella nunca había recibido.

Es entonces, en esta etapa de su vida, cuando cambia su nombre a Olympe, como homenaje a su madre, y adopta el apellido familiar, Gouges. Había apartado por completo los humildes orígenes de la viuda Marie Gouze para convertirse en una mujer autosuficiente y comprometida con las desigualdades de su tiempo.

¿Y las mujeres?

Cada vez que Olympe pensaba en la revolución, se hacía la misma pregunta: ¿Por qué no incluían a las mujeres? Cómo era posible que un movimiento que quería defender los derechos de los oprimidos obviara los temas relacionados con ellas, que llevaban reclamando desde hace tiempo su derecho a la educación y que su papel fuera reconocido socialmente.

Gouges trabajó así para que se tomara en cuenta a la comunidad de mujeres y abogó públicamente ante la palestra por la igualdad entre ambos sexos, tanto en aspectos públicos como privados de la vida. Como mujer adelantada a su tiempo, defendía el derecho a la educación, al trabajo público, al voto, a poseer propiedades, etcétera. Además, buscaba conseguir el reconocimiento de los hijos fuera del matrimonio, la aprobación del divorcio y una propuesta parecida a lo que hoy conocemos como pareja de hecho.

Lo que verdaderamente caló en la palestra fue su escrito de la Declaración de derechos de la mujer y de la ciudadana, donde exigía que se erigiera un portavoz de “las madres, hijas, hermanas, representantes de la nación constituidas en Asamblea Nacional” para solicitar los derechos de la mujer. Aseguraba que se les debía tomar en cuenta porque el femenino era “el sexo superior tanto en belleza como en coraje”.

Acallar una voz

El pensamiento de Gouges resultó demasiado avanzado para la época y sufrió las terribles consecuencias de adelantarse a su tiempo. Tras la proclamación de la República en 1792 y la subida al poder de Robespierre, comenzó a ser perseguida. Se refugió en el valle del Loira, donde seguía publicando sus obras, como ‘Las tres urnas, o la salvación de la Patria’. El propio editor de la obra fue quien terminó por sentenciarla, pues la había denunciado.

A pesar de ser apresada y trasladada una semana después a las llamadas “pensiones burguesas” debido a una herida infectada, no dejó de lado sus publicaciones, ahora dedicándose a los panfletos. Algunos de ellos son ‘Una patriota perseguida’ y ‘Olympe de Gouges en el tribunal revolucionario’.

Esto no consiguió cambiar su destino y el 2 de noviembre fue llamada ante el tribunal revolucionario, donde se le negó un abogado y tuvo que defenderse a sí misma. Fue condenada a muerte por concordar con los principios girondinos y al amanecer del día siguiente se enfrentó a la guillotina.

Ilustración de Olympe de Gouges en la guillotina | Fuente: Supercurioso

Con la muerte de Olympe de Gouges, no sólo se acalló una voz, sino también la de miles de mujeres que la filósofa había querido reconocer y ensalzar.

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