Conocer al pintor a través de su casa-museo
El que fue el hogar de Joaquín Sorolla y Bastida es ahora el hogar temporal de cientos de visitantes que llegan al lugar buscando un remanso de arte en Madrid
Joaquín Sorolla es uno de los grandes nombres de la pintura española del siglo XX. Parte del legado del valenciano descansa en el Museo Sorolla, que ocupa la que fue la vivienda del pintor y su familia desde 1911.
Sorolla inició el proyecto de su casa en 1905, cuando compró un solar en el paseo del Obelisco de Madrid (hoy Paseo del General Martínez Campos, 37), pero tiempo después adquirió otro contiguo para ampliar la zona construible. Así, cedió la parte arquitectónica a Enrique María de Repullés y Vargas, quien fue arquitecto de la Casa Real española.
Tras la muerte del pintor fue su mujer Clotilde García del Castillo quien, en su testamento, legó al Estado la casa y las colecciones para que este crease un museo en memoria de Sorolla. Gracias a la donación, el museo pudo ser inaugurado en 1932. Durante la Guerra Civil tuvo que ser desmontado, pero en 1941 Joaquín Sorolla García, hijo del matrimonio, reanudó su trabajo en el museo y lo puso nuevamente en marcha, aumentando el número de salas visitables. Este, además, legó en ese mismo año otras 56 obras al Estado.
Ahora la Casa Museo de Sorolla está abierta al público para visitas individuales, en familias o en grupos, pero incluso ofrece la posibilidad de disfrutar de él de forma virtual.
Sin embargo, no hay nada como sumergirse en el ambiente del pintor recorriendo aquellas estancias donde hizo su vida. Lo primero que sorprende al traspasar el muro exterior del museo es el jardín que rodea la casa.

La inspiración del Alcázar de Sevilla combinada con el Generalife de Granada hacen de la zona un espacio agradable centrado en la vegetación y el agua. Todo ello adornado con fuentes, un pórtico, una alberca, un estanque e incluso una pérgola con asientos.
El propio Sorolla dedica algunas de sus obras a admirar el jardín de la casa donde la familia solía descansar y que él mismo diseñó.
La recepción se encuentra alrededor del patio andaluz, que cuenta con tres galerías decoradas con azulejos, arcos, columnas y numeras figuras de cerámica. El Museo, además, ofrece un servicio de taquillas gratuito para que los visitantes puedan dejar sus pertenencias.
Tras dicha bienvenida al museo, se inicia la exposición de sus obras en la primera sala donde se muestras algunos de los lienzos más importantes y representativos de la evolución de Sorolla en el mundo de la pintura. Lo que antes era el taller y almacén del pintor, ahora enseña Clotilde en traje negro, Autorretrato, Mis hijos y El baño del caballo, entre otras obras. Así, el encuentro de introducción con Sorolla ya permite entrever cuáles son sus principales temáticas al pintar: su familia, el retrato y el mar.
La segunda sala cuenta con paredes rojas, techos altos y suelos de madera, algo que comparten las tres primeras estancias. El despacho de Sorolla conserva la ambientación original, por lo que cuenta con el mobiliario y decoración del momento, salvo por la colocación de los retratos familiares del autor, así como algunos dedicados a las estampas de su familia en las playas de Valencia.

Dicha estancia deja paso al estudio del pintor, uno de los talleres conocidos mejor conservados. No solo ofrece al visitante el mobiliario, los objetos decorativos y sus obras, sino que también guarda objetos personales y de trabajo de Sorolla como sus pinceles y pinturas, sus libros, objetos de colección, etc.

La cantidad de detalles de la sala es abrumadora, pues sumerge, de forma intensa, a la persona en el mundo del pintor. Todo ello unido a la colocación de algunas de sus obras más famosas como Paseo a orillas del mar permite al visitante conocer a Sorolla en todos sus sentidos.

Incluso la subida a la segunda planta tiene encanto: las escaleras de madera anuncian el camino hacia una ventana interior que ofrece vistas al taller de Sorolla.

Tras ello, se puede contemplar la exposición temporal La Edad Dichosa hasta el 19 de junio, donde se muestra la infancia en su pintura. No solo se dedicó a retratar a sus hijos, sino que también recibía encargos de otras familias y mostraba escenas cotidianas en las que sus hijos Joaquín, Elena y María Clotilde eran los protagonistas.
En algunos cuadros recalca el valor de la educación y la formación de los menores, la maternidad, el ocio o incluso el trabajo infantil desde una perspectiva un tanto acrítica.
Ya por último se tiene acceso al comedor y antecomedor, ambos espacios decorados con mármol, lámparas, guirnaldas de fruta, retratos y cerámicas; y al salón, un entorno con grandes ventanales también decorado con obras en honor a su familia, esculturas y un mobiliario de carácter elegante.
En suma, un ambiente enriquecedor donde conocer a Sorolla se convierte en una tarea inconsciente, pues todo lo que rodea al museo exhuma su esencia.
Las entradas pueden ser adquiridas de forma online para las visitas entre las 15.00 y las 20.00 de martes a viernes o de forma presencial en la taquilla del museo para el resto de días y horarios.

