El privilegio de la falsa realidad
El pasado 15 de abril Netflix nos traía la adaptación de la novela homónima Anatomía de un escándalo. Seis episodios donde la verdad y la mentira se difuminan a través de los puntos de vista de los implicados y la presencia del pasado.
«La realidad supera la ficción» y demás frases hechas explican que por muy fantasiosa que pueda ser una novela, serie, etc., se puede hacer realidad. Obviamente cuando hablamos de El señor de los anillos, Juego de tronos, Cazadores de sombras y demás novelas de fantasía con magia y todo tipo de seres fantásticos, esa frase se extrapola a situaciones que, aunque ocurran en ese mundo, pueden surgir en este. Situaciones humanas, debates morales que vemos, observamos y participamos en el día a día. Es aquí es donde entra Anatomía de un escándalo.
Sarah Vaughan, escritora de la novela, entregó el manuscrito tiempo antes de que ocurriese el movimiento #MeToo. La denuncia del abuso y del acoso a mujeres del mundo del espectáculo. Una denuncia que se fue extendiendo a más ámbitos, por parte de los hombres ricos, poderosos que ven una normalidad en ser unos monstruos atroces, pues algunos ni ven la maldad en lo que hacen. Así, antes de que todo esto se destapase, Vaughan escribió un libro sobre el tema. Sin embargo, todo lo que ella puede decir se puede leer en esta entrevista que hizo para Vogue en 2018. Sin haberse anunciado a bombo y platillo, ahora, esa denuncia social puede verse en Netflix.

La adaptación son seis capítulos cuya premisa es ya bastante conocida. Un matrimonio rico, blanco, exitoso, nacido de la élite, el privilegio y el dinero. Sophie Whitehouse (Sienna Miller, Vivir de noche, High-Rise), una ama de casa estilosa y James Whitehouse (Rupert Friend, La crónica francesa, Un pequeño favor) un político entregado a su pueblo son los integrantes de esta poderosa pareja. Padres ejemplares con unos hijos divinos son la imagen de la perfección. Sin embargo, toda perfección conlleva alguna que otra mentira. En este caso la vida de la familia implosionará cuando se descubra la aventura de James con Olivia Lytton (Naomi Scott, Aladdín, Los ángeles de Charlie). Empleada en su equipo, le acabará denunciando por acoso sexual. Así, una batalla entre la privilegiada élite y la verdad comienza.
La hora de la verdad
La ficción está representando este tipo de historias en sus producciones. Una denuncia a ese abuso de poder o la ingenua falacia de la ambigüedad del consentimiento. En el cine tenemos, por ejemplo, El escándalo (Jay Roach, 2019), basada en los relatos de las mujeres de Fox News sobre el acoso sexual que recibían del CEO Roger Alies. Por supuesto, también Una joven prometedora (Emerald Fennell, 2021) y la reciente Última noche en el Soho (Edgar Wright, 2021), cuya reseña publicada en este mismo medio podéis leer aquí. En televisión contamos con The Undoing (2020), ¿Qué culpa tiene Fatmagül? (2010) y su remake español Alba (2021), además de líneas de guion para algunos personajes en algunas series.
A veces sale bien, otras, no tanto. Pero, lo importante, es que cada vez se está viendo más del primer campo. Plasmación del horror por la facilidad y cotidianidad que los hombres que vemos en esta ficción tan, por desgracia, realista, tienen de abusar por el simple hecho de existir. Porque la sociedad les ha dicho que pueden hacer lo que quieran, pues el castigo no vendrá o tardará en llegar en los casos más positivos. Porque a veces, demasiadas veces, es un «él dice, ella dice» y, claro, aunque haya pruebas, pueden ser infundadas.

Parte de la sociedad pensará que en algunos casos simplemente es que le quiere arruinar la carrera. Solo quiere venganza porque está despechada. Mil razones sin sentido, pero que se escudan en los pocos casos en los que las mujeres sí han mentido, haciendo un flaco favor a el poco avance que se ha podido conseguir. Así que se genera el debate: ¿a quién creer? Todo esto nos ofrece Anatomía de un escándalo.
Una telaraña de escándalos
Al no haberme leído el libro no puedo hablar de la serie en su característica de adaptación. Se me pasó por la cabeza parar, leer el libro y volver, pero una vez comenzada me era imposible parar. Toda una sorpresa, pues hasta su llegada a la plataforma no fue muy publicitada. La serie, por sí sola, funciona a la perfección. Es magnética, dinámica, intensa y rápida. Te hipnotiza desde el primer momento. Los juegos de cámara, casi nunca quieta, una mano que te guía por la serie, viendo y sintiendo lo que quiere transmitir. Es cierto que en una, dos ocasiones tanto movimiento de cámara y desenfoco puede cansar, pero rápidamente te devuelve al entramado narrativo visual que es la serie.
Como bien se puede deducir, la historia es literalmente la anatomía del escándalo sexual que empieza con la aventura de James y Olivia. Todas las versiones, todos los hechos, los puntos de vista más importantes y vitales, las historias personales, el mundo interior y el trasfondo y antecedentes de las piezas clave del tablero que es el juicio por la verdad. Tan bien cuidadas. Los detalles que amplían la historia y la visión de aquello que no va a salir en pantalla. Un lujo de producción y un reparto de categoría.

Además de los ya mencionados, nos encontramos a Michelle Dockery (Downton Abbey, Defending Jacob) en el papel de Kate Woodcroft, la abogada encargada de llevar la acusación del juicio. Como Angela Rigan, la abogada que representa a James, tenemos a Josette Simon (Queens of Mystery, The Split). Ellas y demás actores que completan el elenco son el eslabón que hace que Anatomía de un escándalo sea lo que es, una serie potente, con toques extravagantes, y un ritmo pausadamente frenético.
Un resplandor de sobremesa
No obstante, no gustará a todos. Cómo ocurre con varias producciones de Netflix, esta serie se tiñe de una esencia de película de domingo por la tarde con mucho presupuesto. Por supuesto, yo como gran defensor de este género en sí mismo, no le veo problema. Le funciona ese aspecto de telefilm bien cuidado, ya que va más allá del mero entretenimiento. Todos y cada uno de los giros de guion, sorpresas, revelaciones y desenlaces llevan a algo, quizás predecible, pero necesario para que al acabar la serie se tome en serio a sí misma, y con razón.
Así, antes de que se me escape el final, resumir que Anatomía de un escándalo es una serie disfrutable que merece la pena llena de mentiras, traiciones, privilegio, injusticias y poder. Una grata sorpresa perfecta para hacer un maratón y dejarte deslumbrar.

