‘El verano en que me enamoré’, una clásica comedia romántica

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Póster de la serie | Fuente: Rotten Tomatoes

El primer amor puede cambiarlo todo

Ayer, 17 de junio, Prime Video nos traía los siete capítulos de esta serie. Una historia sobre la transición a la adolescencia, con todo lo que ello conlleva.

Hay historias que te hacen viajar en el tiempo. No hace falta que sea Julio Verne (La vuelta al mundo en 80 días, La isla misteriosa) o cualquier otra persona que escriba o haga cine de ciencia ficción o fantasía. Basta con una imagen, un sonido, una escena, unas palabras… Un detonante que te haga revivir un momento pasado. Un roce de manos avergonzado, un latido del corazón algo descompensado, el eco de una risa hace tiempo apagada, el aroma de la arena mojada a 500 kilómetros de distancia. Es único y mágico, es viajar entre sensaciones y recuerdos. Puede que ni la misma película consiga el efecto en dos personas distintas o que el libro te tenga que pillar en un momento justo de tu vida para conseguir algo así, pero cuando ocurre, sabes que una parte de lo que estás viendo y leyendo ya se quedará en ti. Así es El verano en que me enamoré.

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La serie está basada en el libro homónimo escrito por Jenny Han (A todos los chicos de los que me enamoré, Burn for Burn). En España podemos disfrutar gracias a la editorial Crossbooks y la traductora Marta Becerril. Tanto el libro como la serie comparten la misma trama. Belly, una chica de casi 16 años ha pasado todos los veranos de su vida yendo con su familia, sus padres y hermano, a la casa de verano de la familia de la mejor amiga de su madre. Con dos hijos de casi la misma edad, los cuatro descendientes de las familias han ido forjando una unidad inquebrantable de amistad, amor y cariño a lo largo de los años. Sin embargo, el verano en el que la pubertad termina y empieza la adolescencia, convirtiendo a Belly en la mujer que será, todo cambia.

La reminiscencia de aquel verano

Desde una perspectiva general, la serie está bastante bien. Cumple su función y se ve claramente a quién va dirigida. Jóvenes de la misma edad que los protagonistas de la serie. Adolescentes que busquen una comedia romántica amena e interesante, con la dosis adecuada de drama y tragicomedia. Sin embargo, toda audiencia puede disfrutar de ella. Si bien es cierto que la mayoría de tramas y momentos son ejemplos del público adolescente al que va dirigida, otros pueden disfrutarla. Varias referencias y alguna que otra subtrama son ejemplos de esto. Dirigida a aquellos jóvenes adultos que van a encontrar una serie que les recordará a las películas que a principios de los 2000 y parte de la segunda década de este siglo llenaban sus tardes de verano.

Briney y Tung como sus personajes en una escena de la serie | Fuente: greenwich time

La serie funciona muy bien por sí sola, por lo que hacer esto puede ser algo injusto para ella, pero es la combinación perfecta de The Kissing Booth (Vince Marcello, 2018) y La última canción (Julie Anne Robinson, 2010). Mejorando la primera y trayendo elementos que hacían la famosa película protagonizada por Miley Cyrus, tan emotiva e icónica. Es por eso que, muchas veces, casi todo el metraje, da la sensación de estar viendo una película que no acaba, pero que tampoco quieres que acabe aún.

Habrá a quien esto le funcione y a quien no, en mi caso, ha funcionado a la perfección. Ya sea porque quería ver cómo se desarrollaban los personajes, las relaciones entre ellos, cómo se tomaban su tiempo para que los clímax y puntos de inflexión entrasen tranquilamente. Te introduce en la historia, en la familia, en el grupo de amigas, acabas encariñándote con los personajes, siendo uno más de ellos en ese último idílico verano. También ayuda que así se pueda escuchar más la banda sonora. Icónicas canciones de pop, especialmente las de una cantante cuyas canciones son reflejo de esta historia. Todo un acierto.

Casalegno y Kaufman como sus personajes en una escena de la serie | Fuente: Collider

Una tela de araña sentimental

Todo eso ayuda a que las tramas se desarrollen de la mejor forma posible, aunque no sea oro todo lo que reluce. La historia tiene un gran a sabor a fanfic de Wattpad. Por ejemplo, su típica protagonista que no sabe lo guapa y el encanto que tiene por mucho que se lo digan. Sin embargo, no llega a ser del todo insoportable, como suele ocurrir. Se empatiza con el viaje de autodescubrimiento, mientras juzgas en silencio alguna que otra decisión, aceptando lo ilógico que puede ser un corazón adolescente, y no tan adolescente.

Por supuesto, siguiendo la línea Wattpad, tenemos al chico malhumorado, misterioso y buenorro. Afligido por un secreto que le pesa el alma, puede ser la excusa por su falta de modales y pésima gestión de sentimientos, si no fuese porque ese cuento ya no cuela. No obstante, todo lo tóxico que podría llegar a ser la historia no lo es ni la mitad y está bien tratada. La reduce al mínimo, sin llegar a eliminarla, pues es lo que le da algo de chispa a este tipo de historias. Ese toque de placer culpable la eleva a un nivel que sin ese toque, no estaría.

Así, la serie toma como centro los sentimientos románticos de Belly para tomar varias direcciones. La confusión del primer amor, el choque de realidad cuando se pasa de la infancia a la edad adulta, la complejidad de las relaciones interpersonales, la aceptación de la pérdida, la importancia de un apoyo humano y un hombro sobre el que llorar… Tópicos y clichés ya vistos, pero bien tratados, en una serie con unos paisajes que invitan a quedarte.

Chung y Blanchard como sus personajes en una escena de la serie | Fuente: Collider

Una imperfecta tradición

A esos paisajes se les unen los actores que dan vida a los personajes de ese íntimo verano. Así, Lola Tung se estrena en el papel protagonista, haciendo de Belly Corbyn. La acompañan Christopher Briney (Dali Land), Gavin Gasalegno (Noé, The Unhealer), Sean Kaufman (City World, Happy Baby), Jackie Chung (Coming Home Again, Estación 19) y Rachel Blanchard (Deep Water, Another Period), esta última con una carrera más prolífera a sus espaldas. Todos ellos, la mayoría principiantes, y demás profesionales, conforman un reparto que hace que la serie sea lo buena que puede llegar a ser.

Sin emabrgo, no todo es perfecto. Algunos diálogos, escenas, enfrentamientos y/o situaciones se ven algo forzados. Otros, la hacen previsible, pero todos estos se diluyen entre aquellos que marchan y le otorgan a la serie la redondez que le caracteriza.

Una serie que recoge aquellos elementos pasados de los 2000. Desde Una Cenicienta moderna (Mark Rosman, 2004), pasando por Las chicas Gilmore (Amy Sherman-Palladino, 2000-2007) y demás películas ya mencionadas. Ofrece una ficción conocida, pero con un toque personal. Todo ello hace que sea una oferta entretenida y perfecta para el verano y volver a aquellos pasados donde todo era posible.

 

 

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