‘Ilot Sacré’, Bruselas más allá del Manneken Pis

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Mapa del Ilot Sacré | Fuente: Lidia Lozano (El Generacional)
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Un paseo por el corazón de la ciudad: desde la Rue des Bouchers hasta el Impasse de la Fidélité

Bruselas es la capital de Flandes, de Bélgica y de Europa. Se fundó en 979 alrededor de los restos de una antigua capilla y a partir del siglo XII, con la llegada de los condes de Brabante, comenzó a formarse la ciudad que conocemos a día de hoy. Tras siglos de presencia española y años a merced de otras potencias europeas, los vagos intentos por la creación de un estado belga se formalizaron en 1830. La corriente modernista terminó de construir la Bruselas actual, cuyo corazón está en el barrio Ilot Sacré.

La Rue des Bouchers es la arteria que divide en dos la Isla Sagrada. Se puede acceder a ella desde la Rue de la Montagne, atravesando la antigua vía medieval de los carniceros -en francés, bouchers-. Caminando por una calle estrecha y empedrada, topamos con las Galeries Royales Saint-Hubert: un elegante corredor comercial del siglo XIX que transporta al transeúnte a la Belle Époque.

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Hacia la izquierda se encuentra la Grand Place, caracterizada por sus edificios puntiagudos -casas gremiales, Ayuntamiento y Maison du Roi- que recuerdan a los cuentos de los hermanos Grimm. Esta zona corrió el riesgo de ser demolida a principios del pasado siglo. Sin embargo, la Exposición Universal de 1958 y los planes urbanísticos del año posterior preservaron los edificios con su aspecto original, terminando de darle forma al barrio.

Grand Place | Fuente: Sergio Murillo (El Generacional)

Las columnas de las Galerías son la puerta al interior del Ilot Sacré. Una amalgama de bares y tabernas estilo Art Nouveau, bajo las fachadas altas de ladrillo, donde se llegan a confundir las terrazas de cada uno. En ellas se puede disfrutar de las típicas patatas fritas belgas con -o sin- mejillones, además de una amplia oferta gastronómica que gira en torno al mar.

En lo más profundo de la isla

Un giro a la derecha nos muestra una calle adornada con guirnaldas tendidas de un tejado a otro. La Rue des Dominicains ha cambiado varias veces de nombre. Al principio fue Rue de L’Ecuyer -en español, escudero-; el derribo de un convento le ganó el nombre de Rue de la Demolition y, finalmente, el recuerdo de la presencia dominica le dio el título actual. De aquellos jardines religiosos quedan las guirnaldas de flores que coronan el callejón.

Volvemos sobre nuestros pasos a la calle de los carniceros para continuar el paseo. A la izquierda, de nuevo, una pequeña callejuela: la Petite Rue des Bouchers. Pasados los restaurantes está el Royal Theatre Toone, un teatro-museo de marionetas fundado en 1835 que hace las veces de taberna.

Varios metros atrás, la Rue des Bouchers original llega a su fin en su cruce con la Rue de la Forche -fuerza, en castellano-; transformándose en la Rue Grétry, que debe su nombre al compositor francés. Justo antes de la plazuela donde coinciden las rúas llaman la atención los locales que, tras una puerta vieja, esconden algunos de los más antiguos gofres y chocolates de Bélgica. En el interior de uno de ellos, el Café L’Aigle d’Or, se escuchó por primera vez La Brabanconne. Doscientos años más tarde, lo que un día fue un cántico de taberna es hoy el himno nacional.

Otra belga más 

En el centro de la Isla Sagrada se esconde el Impasse de la Fidélité, una estrecha y corta bocacalle sin salida con una historia particular. Las frías noches de Bruselas encuentran aquí un refugio bañado en cerveza belga y luces tenues. Una de las cervecerías más famosas es la Delirium Village, con más de 2.000 tipos que se pueden degustar si se tiene suerte y se encuentra un hueco en una de sus tres plantas.

Cata de cervezas belgas en Delirium Village | Fuente: Sergio Murillo (El Generacional)

Este callejón encierra tras unas rejas de metal oxidado a una niña de medio metro de alto, tallada en piedra caliza azul-grisácea y sonriendo de forma cómplice. Está orinando, igual que su hermano mayor. La Jeanneke Pis no es tan conocida ni tan antigua como el Manneken Pis, pero guarda en secreto una leyenda en lo más profundo del Ilot Sacré. Tal y como reza una pequeña placa a su lado, a todo aquel que lance una moneda y tenga la fortuna de que caiga dentro de su celda, se le augura un buen futuro lleno de fidelidad junto a su pareja. El dinero recolectado se dona a asociaciones para la lucha contra el cáncer

Fue mandada construir en 1987 por un conocido magnate belga que monopolizaba la hostelería del barrio. Tenía 22 restaurantes y un total de 41 inmuebles. Denis Adrien Debouverie, Rey de la Rue des Bouchers para los que le admiraban y Padrino de la Isla Sagrada para sus detractores, quiso atraer más clientes a su zona colocando una versión -para muchos feminista- de la clásica estatuilla de principios del siglo XVII.

La Jeanneke Pis | Fuente: Lidia Lozano (El Generacional)

El 10 de septiembre de 2008 lo encontraron tirado en el suelo de una de sus tantas oficinas. Le habían asesinado por un ajuste de cuentas que, a día de hoy, sigue sin resolverse. Un solo acusado, más de diez años de tensión judicial y ningún culpable. Desde entonces, la Jeanneke Pis permanece huérfana y desapercibida, como una bruselense más y un tesoro para el turista, en el fondo de un callejón bautizado con la misma fidelidad que ella protege desde su cárcel.

 

Crónica de viajes escrita por: Lidia Lozano y Sergio Murillo.

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