Después del dramático final del segundo episodio, House of The Dragon vuelve esta semana al más puro estilo de Juego de Tronos. Intrigas, conversaciones, indirectas y un final que sugiere el principio de algo histórico
El tercer episodio de House of The Dragon comienza con una disputa entre los Bracken y los Blackwood, ambos de las Tierras de los Ríos y vasallos de la Casa Tully. Sin embargo, el señor de las tierras, Lord Grover Tully, se encuentra anciano e indispuesto para mediar entre las disputas de sus casas vasallas. Por ello, presenciamos la antesala de lo que se conocerá como la «Batalla del Molino Ardiente», que da nombre al capítulo.
Lo que comenzó como una rencilla por pocos metros de tierra entre casas largo tiempo enemistadas se convierte, en esencia, en una matanza. Podemos encontrar un paralelismo con la trama principal, debido a que en Poniente nadie recuerda el origen de la enemistad de ambas familias. Algunos afirman que los Bracken talaron el arciano, árbol sagrado de los antiguos dioses, de los Blackwood. Otros afirman que fueron los Bracken quienes robaron tierras a los Blackwood. Lo más razonable parece afirmar que el conflicto ahonda en convicciones religiosas. Esto se debe a que la casa Blackwood es una de las únicas fuera del Norte que aún venera a los antiguos dioses, considerados paganos. En cambio, los Bracken siguen la Fe de los Siete, religión mayoritaria en Poniente.
Tras la batalla, avanzamos a Rocadragón, donde se produce el funeral de los gemelos Cargyll, Erryk y Arryk, que murieron en el capítulo anterior. Lo que fue una escena llena de emoción culmina en un funeral oficiado por los Negros, donde los gemelos terminan compartiendo tumba al igual que compartieron el vientre.
Una bella escena que culmina la trama de los gemelos, pero en la que continúa el conflicto. Rhaenys, convertida en una especie de mentora para Rhaenyra, la aconseja hablar con Allicent para evitar la guerra abierta. La reina se muestra reticente, debido a que aún siente rencor hacia Allicent por haber usurpado el trono que le corresponde por derecho.
Saltamos a Desembarco del Rey, con Ser Criston Cole, nueva Mano del Rey, que se dispone a dirigirse al Consejo Real. En este, se llevan a cabo las dinámicas que llevamos viendo los dos anteriores capítulos. Allicent, ya sin el apoyo de su padre, que partió hacia Antigua al ser despojado de su título, se muestra impotente. La beligerancia domina a los hombres del consejo, que sugieren pasar a la acción, al igual que el rey.
A pesar de que Allicent decide mantenerse prudente, Ser Criston propone una de sus ideas temerarias: partir a Harrenhal, el castillo más grande de Poniente. Allí, reclutar a la casa Bracken y a las demás leales y tomar el castillo, donde se encuentra la clave de la guerra. Se trata de un punto estratégico, capaz de albergar un multitudinario ejército, por lo que la Mano del Rey tiene que partir con celeridad. La reina lo desaconseja, pero con la venia del rey, Ser Criston pone en marcha su plan y niega a Allicent su influencia.
De vuelta en Rocadragón, vemos a Misharia, la maestra de espías que salvó la vida de Rhaenyra en el último episodio al alertarla sobre la llegada de Ser Erryk. Está contemplando a Bruma, el dragón del «difunto» Laenor Velaryon, volar intranquilo. Ahí se encuentra con la reina, que le agradece su vital advertencia y le pregunta qué quiere a cambio. Misharia quiere un puesto en su corte, debido a que conoce los hábitos de los sirvientes de la Fortaleza Roja, y su deseo es vengarse de los Hightower por quemar su casa en Desembarco del Rey.
Después de recibir a Misharia, Rhaenyra se encuentra con Rhaena, hija menor de Daemon Targaryen y Laena Velaryon. Allí le encarga una misión que la joven no ve con buenos ojos: marcharse al Valle junto a Joffrey, Aegon y Viserys, hijos de Rhaenyra. Joffrey permanecerá en el Valle junto a Lady Jeyne Arryn, tía de Rhaenyra, que le prometió su apoyo a cambio de un dragón para protegerla. Ese será Tyraxes, dragón de Joffrey, a pesar de que ahora es un bebé. Después, Rhaena partirá a Pentos junto a los dos hijos menores de la reina, con el objetivo de protegerlos para no sufrir un destino similar al de su hermanastro Luke. Rhaena acepta, pero se muestra desolada por ser alejada del frente, ya que como todos en el bando de Rhaenyra, está desesperada por ayudar.
Tras esta conversación, Daemon hace su aparición en pantalla. Después de su discusión con Rhaenyra, el príncipe viaja a Harrenhal por su cuenta junto a su dragón, Caraxes, para tomar el castillo. Lo encuentra totalmente deshabitado, lúgubre debido a que se encuentra casi en ruinas. Más de 100 años atrás, Aegon el Conquistador lo redujo a cenizas durante su conquista. Harren el Negro, su entonces señor, se resistía al dominio Targaryen. Los actuales señores de Harrenhal son los Strong, a quienes recordaréis por Larys y Harwin Strong. El primero es el maestro de rumores del rey, y el segundo era el maestro de armas. Lo fue hasta de morir calcinado en Harrenhal junto a su padre, por obra de su hermano.
Simon Strong, tío de Larys, recibe a Daemon en su comedor, donde su familia huye despavorida pensando que los masacrará. Sin embargo, el señor Strong rinde pleitesía rápidamente a Daemon, y lo invita a quedarse en el castillo, renegando de Larys como cabeza de su casa y acusándolo del asesinato de Harwin, padre de los hijos de Rhaenyra en secreto. Durante la conversación, Simon llama a Daemon «mi príncipe», como se considera a un rey consorte. Sin embargo, Daemon lo corrige, urgiéndolo a que se dirija a él como «majestad». Esto nos hace cuestionarnos si Daemon aún es leal a Rhaenyra, debido a su encontronazo, o si tiene planes particulares para el Trono de Hierro, que pretende «tomar», aunque no sabemos si para su esposa y sobrina.
De vuelta en Desembarco, Ser Criston se prepara para partir hacia Harrenhal, que ahora sabemos que se encuentra dominado por Daemon y Caraxes. Antes de partir, conoce a Ser Gwayne Hightower, hermano de Allicent, que viene de Antigua junto con un ejército de su familia. Gwayne se ofrece voluntario para acompañar a Criston a Harrenhal, algo que al lord Mano no le hace mucha gracia. Sin embargo Criston acepta, no sin antes tener una conversación con Allicent y pedirle «su favor» como caballero antes de partir, avivando aún más las llamas de su relación e inflingiendo una nueva grieta a sus votos como Lord Comandante de la Guardia del Rey, que incluyen como parte fundamental la castidad.
Tras esta escena, volvemos a Rocadragón, donde Rhaenyra está celebrando su consejo real. En este, sus asesores le urgen a comenzar la guerra enviando tropas, mientras que Rhaenyra se encuentra reticente. Esto quizá se debe a la propuesta de Rhaenys de intentar una última conversación con Allicent cara a cara. Sin embargo, sus asesores mencionan que tal vez sea bueno «esconder» a Rhaenyra lejos del peligro. La reina se enfurece, como es natural, acusando al hombre de traición por tratar de apartarla de la guerra y el trono.
En Marcaderiva, feudo de los Velaryon, Corlys mantiene una conversación con Rhaenys, en la que hablan acerca de la cuestión del heredero de la isla. Anteriormente este puesto estaba reservado a Luke, pero con su muerte, ha pasado a Joffrey, que apenas es un niño. Corlys se muestra triste porque un niño como Joffrey, que no conoce nada acerca del mar, vaya a heredar su posición como Señor de las Mareas, a lo que Rhaenys introduce el nombre de Rhaena, hija de Laena y Daemon. Sin embargo, Corlys lo rechaza al tratarse de una mujer, lo que termina de forma abrupta la conversación.
Tras estos hechos, se produce la partida de Rhaena, junto con varios huevos de dragón, Joffrey, Viserys y Aegon. Esta tiene una emotiva conversación con su hermana Baela, inseparable desde la infancia al haber crecido prácticamente huérfanas, que la anima a hacer lo que pueda por ayudar, y finalmente parten hacia el Valle. En la Fortaleza Roja vemos a Helaena intercambiar varias palabras con Allicent, que aún trata de abordarla por lo que vio al final del primer episodio. Helaena no parece dispuesta a recordarlo, pero finalmente perdona a su madre por, aparentemente, todo, ya que se niega a dar explicaciones.
En la sala del Rey, Aegon se prepara para partir hacia Harrenhal para acompañar a Ser Criston, algo que todos los miembros de la corte desaconsejan debido a que expone demasiado al rey. Pero Aegon quiere sangre, así que se coloca la armadura de acero valyrio de Aegon el Conquistador y se prepara para partir. Sin embargo, Larys Strong lo intercepta, y le advierte de que ciertos rumores en la ciudad afirman que el rey acompañará a Ser Criston al haber sido manipulado, mientras otros expresan que permanecerá en la Fortaleza Roja con prudencia. Tras esto, Aegon, preocupado por su imagen pública, decide postergar su partida hacia Harrenhal, decidiendo ir a la ciudad junto a sus amigos para una noche de juerga.
Ya en la ciudad de Desembarco del Rey, sabemos más de Ulf el Blanco, un borracho que apareció en el episodio anterior contemplando los cadáveres de los cazarratas ahorcados. Ulf parece ser una celebridad en las tabernas, entrando a una y convirtiéndose en el centro de atención. Se sienta a una mesa con sus amigos, donde le explica a un dorniense recién llegado que él es, en realidad, hijo de Baelor el Valeroso, nieto de Jaehaerys el Conciliador y, en esencia, hermano bastardo de Daemon y Viserys. El dorniense no le cree, y en este punto se hace el silencio al entrar el rey en la taberna, donde invita a todos los plebeyos a una bebida, tratando de mejorar su popularidad entre el vulgo.
Aegon, ya borracho, irrumpe en un burdel de la ciudad, acompañado de sus amigos y del escudero que perderá la virginidad con una prostituta. Sin embargo, al descorrer una cortina, encuentra a su hermano Aemond, completamente desnudo y acurrucado en el regazo de Sylvie, la prostituta con la que perdió la virginidad. Aegon se burla sonoramente de su hermano, que aguanta la humillación con semblante estoico, procediendo a marcharse y dejar a Sylvie con Aegon, el escudero y el resto de la cuadrilla.
De vuelta en Rocadragón, Rhaenyra se encuentra sola, trasteando con los antiguos juguetes de Luke y Joffrey y llorando la pérdida de ambos, aunque el segundo solo ha partido al Valle. En la caja de sus juguetes encuentra una nota con el sello de la Casa Hightower, que resulta ser de Allicent. Rhaenyra la había ignorado por puro resentimiento, sin embargo, decide leerla siguiendo el consejo de Rhaenys, tratando de buscar una solución diplomática a la guerra que viene.
En las Tierras de los Ríos, Ser Criston y su ejército avanzan hacia Harrenhal. Después de una disputa con Gwayne, que no es del tipo que recibe órdenes y pretende dormir en una posada, ambos escuchan un dragón. Se trata de Baela, hija de Daemon y Laena, a quien Rhaenyra había mandado para vigilar los movimientos de los Verdes. Baela se percata de la presencia de Ser Criston, por lo que hace descender a su dragón para emboscarlos. A la carrera en sus caballos, Criston y compañía se refugian en los árboles, consiguiendo esconderse del dragón. Finalmente abandona el lugar, y los ejércitos se salvan por poco de una muerte segura.
Baela vuelve a Rocadragón, donde informa a Rhaenyra y su consejo sobre el avance de Ser Criston y Gwayne Hightower. Al escucharlo, sus consejeros piden con aún más vehemencia actuar y, Rhaenyra, bajo la estoica mirada de Rhaenys, decide esperar aún más, previsiblemente para intentar su plan de hablar con Allicent.
De vuelta en Harrenhal, Daemon se encuentra en sus aposentos cuando alguien intenta irrumpir a la estancia. Armado, Daemon destraba la puerta y sale al castillo, donde empieza a escuchar una tenue canción que viene de un lugar cercano. Cuando encuentra la fuente, esta resulta ser una joven Rhaenyra, interpretada por Milly Alcock, que se encuentra cosiendo la cabeza del pequeño Jaehaerys, a quien Daemon mandó asesinar, al cadáver del pequeño, mientras le reprocha a Daemon que ella es siempre quien arregla sus destrozos.
Daemon despierta entonces de su visión, visiblemente turbado, frente al arciano de Harrenhal. Este es un árbol sagrado, que sabemos por Juego de Tronos que puede inducir a visiones a quienes se acercan. Al notar la presencia de alguien más, Daemon se gira para cruzar miradas con una perturbadora joven. Esta le dice, ni más ni menos, que morirá en Harrenhal. En esta escena vemos un momento de debilidad de Daemon, que parece arrepentirse de lo que le hizo a Jaehaerys. El que hasta entonces había sido un príncipe sangriento y sin escrúpulos parece horrorizado por sus actos, y aún peor, lo que han provocado.
De vuelta en Rocadragón, de cara al final del episodio, Rhaenyra se encuentra con Misharia para explicarle su plan de reunirse con Allicent y pedirle ayuda, debido a los contactos de Misharia en Desembarco del Rey. Finalmente, Rhaenyra aparece disfrazada de septa, una especie de monja, caminando por las calles de la capital. Su objetivo es el Septo de la ciudad; su catedral, digamos. Ahí se dirige también Allicent, donde acostumbra a rezar sola. Tras infiltrarse con éxito, Rhaenyra confronta a Allicent, que no revela su subterfugio, y ambas comienzan a hablar, o a lanzarse acusaciones, sobre el conflicto que se acerca.
Rhaenyra insta a Allicent a aceptar que ella es la verdadera heredera de Viserys, y a retirar a su hijo del trono que le corresponde por derecho. La hija del rey alega que si se llega a una solución diplomática, podrán evitar miles de muertes de inocentes, apelando a su amistad de jóvenes. Sin embargo, Allicent se niega, alegando que Viserys cambió de parecer en el último momento, confirmando a Aegon como su sucesor. Sin embargo, revela a Rhaenyra que el fallecido rey habló de «el príncipe que fue prometido». Cuando Rhaenyra, estupefacta, pregunta a Allicent si aquellas fueron las palabras exactas, ella asiente, y Rhaenyra se percata del error que cometió su padre en su lecho de muerte.
Viserys confundió a Allicent con su hija y le habló de la profecía de Aegon el Conquistador y la Canción de Hielo y Fuego, que la joven princesa ya conocía entonces. Por tanto, Allicent confundió a Aegon el Conquistador con su propio hijo, creyendo que el deseo de Viserys era colocarlo en el trono. Cuando Rhaenyra se percata del error, intenta hacer entrar en razón a Allicent. Sin embargo, la reina viuda, a pesar de interiorizar que quizá Viserys nunca quiso a Aegon en el trono, se niega a rectificar. Se marcha del septo dejando a Rhaenyra con la palabra en los labios al sentenciar lo que, quizá, signifique el verdadero comienzo de la guerra:
«Ya es muy tarde, Rhaenyra». Para echarse atrás, claro.
¡Y aquí termina el episodio! Os esperamos la semana que viene, con el próximo análisis de House of The Dragon.

