La otrora Viuda Negra de Marvel destaca en esta divertida comedia sobre una de las teorías conspiranoicas más populares en torno al Apolo 11
Dada la debilidad del cine estadounidense por ficcionar en lujosas superproducciones los mayores hitos de su historia nacional, resulta sorprendente que no exista hasta la fecha ninguna gran película dedicada al alunizaje del Apolo 11 en julio de 1969. El acontecimiento, como es lógico, ha sido abordado desde múltiples perspectivas en la gran pantalla, pero nunca con la hondura y la épica que un suceso de tal magnitud requeriría.
En este sentido, ni el tormentoso psicologismo de First Man: el primer hombre (2018), el biopic de Damien Chazelle sobre el astronauta Neil Armstrong; ni el simpático didactismo de Figuras ocultas (2016), que ponía en valor la contribución de tres científicas afroamericanas al proyecto, han logrado transmitir al espectador la grandeza de aquel evento, obligando al público interesado a encajar por su cuenta las dispersas piezas que constituyen el puzle cinéfilo de la principal hazaña espacial.

Cómo vender la luna
Ahora, el rompecabezas se amplía con el estreno de Fly me to the Moon, una nueva pieza que prescinde del rigor histórico para ahondar en una de las teorías de la conspiración más extendidas sobre la misión del Apolo 11: la que sostiene que la llegada del hombre a la luna fue un montaje orquestado por los Estados Unidos para evitar asumir su derrota en la carrera espacial ante la Unión Soviética. La película, dirigida por Greg Berlanti, cineasta curtido en los equipos de guionistas de las series de DC Comics para The CW, no se entrega por completo a la paranoia conspiranoica, sino que presenta el montaje lunar como un plan B ideado por la Administración Nixon, el Programa Artemis, en caso de fracasar la verdadera operación. De este modo, la NASA se ve obligada a contar con los servicios de Kelly Jones (Scarlett Johansson), una reputada publicista de Nueva York capaz de encandilar a cualquiera que deberá restaurar la credibilidad de la agencia, convertir en estrellas a los tripulantes del cohete lunar y asegurarse de que la versión alternativa del alunizaje estará disponible en la fecha prevista.
La trama podría oscilar entre la comedia disparatada y el misterio conspiranoico, pero Fly me to the Moon se decanta rápidamente por la primera haciendo gala de unos diálogos rápidos e ingeniosos en la línea de las screwball comedies de los años 30 y 40, además de un montaje original y dinámico que sabe sacarle partido a la técnica de la pantalla partida. Poco importa que la película resulte bastante irreal (no hay quien se crea la escasísima seguridad del programa espacial) o que el guion acabe tirando de fórmula para concluir de forma previsible porque el conjunto se antoja simpático, ameno y muy divertido, todo un soplo de aire fresco entre tanto cine comercial con delirios de trascendencia y esforzado tono poético.

Scarlett, la vendedora perfecta
Por supuesto, la frescura de la película no sería tal sin su reparto, donde destaca entre los múltiples secundarios un graciosísimo Woody Harrelson en el papel de enigmático agente del presidente Nixon. Tampoco está mal el contenido Channing Tatum como cohibido director de lanzamientos de la NASA, aunque su interpretación queda eclipsada por el desbordante desparpajo de la genial Scarlett Johansson, cuyo personaje derrocha encanto, astucia, atractivo e ingenio. Verla actuar es siempre un placer. Esta actriz puede venderte la luna y lo que ella quiera.

