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‘Cloud’ de Kiyoshi Kurosawa: descenso a los infiernos del capitalismo

Tras pasar por Venecia y Sitges, el experimentado cineasta estrena su nueva película, la elegida para representar a Japón en la carrera por los Oscar

Cloud es el retrato de un sistema capitalista en estado de descomposición que ha llegado a su límite. Un último grito de ira de rechazo al consumismo por la vía del terror y la acción. Violencia a raudales.

Es certero afirmar que Kiyoshi Kurosawa es uno de los cineastas más importantes del cine nipón contemporáneo. Desde una mirada occidentalista ha conseguido revertir la índole natural de géneros como el terror fantástico sin dejar atrás la crítica hacia la sociedad japonesa. Algunas de sus obras más celebradas son Cure (1997), uno de los últimos reductos de la sevenexploitation, y esa maravilla llamada Tokyo Sonata (2008), un reflejo de la desestructuración propia de una familia tradicional arraigada al pasado que rechaza toda muestra de amor posible. En Cloud si bien se distancia de estas dos obras, las aristas del filme rozan paralelamente con las temáticas e ideas troncales que rigen la esencia de ambas.

Hay que destacar un sorprendente dato, esta no es la primer película que Kurosawa va a estrenar este año, ni la segunda, sino que es la tercera, toma ya. Junto a Chime, un mediometraje guiado por el terror, y Serpent’s Path, el remake afrancesado de su película de 1998. Vaya tríptico de historias. Hay plataformas que tienen un nivel de producción más lento. Y es que parece que el ritmo de vida propio de este cineasta lo dictamina el poder de la cámara, su marcapasos. De este modo se entiende el por qué de que sus éxitos como si de un mantra se tratase. Parece que no tiene etapas sino ciclos de cine, de cine bueno, claro.

Escena del almacén en 'Cloud' / Fuente: Nikkatsu Corporation
Escena del almacén en ‘Cloud’ / Fuente: Nikkatsu Corporation

Sinopsis

Bueno entrando en materia de qué va Cloud. Pues esta película nos cuenta la historia de un hombre de mediana edad, Yoshii (Masaki Suda), que harto de su rutina de trabajo decide abandonarlo para dedicarse a tiempo completo a la reventa de falsificaciones de artículos de diseño. Un mundo a través del cual explorará la maldad y el egoísmo en sus propias carnes. A pesar de las ingentes cantidades de dinero que gana con este método, sus compradores, una vez consumada la estafa, salen a cazarlo. Sin piedad. Por tanto, es difícil discernir el género de la cinta. Por momentos terror psicológico con reminiscencias de slasher. Acción descontrolada, un humor desconcertante, satírico y enajenado. Más bien es una hibridación, una amalgama de conceptos. No le gusta definirse.

«se me olvidaba. a ver como van las ventas»

El primer tramo de la cinta se limita a sobrevivir, a divagar, a navegar sin rumbo, como nuestro protagonista. No hay un destino claro, tampoco lo busca. Yoshii vive con su pareja, la cual no parece importarle nada, ni su trabajo ni su novio. Como un pájaro, vuela libre dentro de una jaula sostenida por cuatro paredes. Una vez adentrados en la película, con la libertad laboral de nuestro revendedor, deciden abandonar el nido para ir a otro más grande. Como el que le conceden la condicional. El capitalismo les ha atrapado y del capitalismo no se puede salir. La guerra ha comenzado.

Es entonces cuando comienza la película, la verdadera. Kurosawa se remanga. El preludio anterior solo se emplea como pretexto de lo que va a suceder a continuación. Las armas están cargadas y la venganza se encuentra a flor del piel. El humano contra su obra. Las directrices son claras, nada de prisioneros. El juego arranca y Yoshii no lo sabe. La bola de nieve que ha creado involucra a sus mayores enemigos, aquellos a los que aún no conoce, o al menos no como tal.

Escena en el bosque de 'Cloud' / Fuente: Nikkatsu Corporation
Escena en el bosque de ‘Cloud’ / Fuente: Nikkatsu Corporation

El fin justifica los medios

Seamos claros, la película se fundamenta en el clímax final, cuando la bomba detona. La violencia no es un propósito, bueno en realidad sí aunque no el primero. Kurosawa empeñado en la destrucción de la sociedad consumista, la nuestra, se desmelena en cada gesto mostrando sus males desde la soledad individualista. Nadie quiere estar solo pero nos obligan. Nos obligan a (no) sentir, a sacar nuestro lado más primario. Pero, nos obliga el ser humano, es decir, nosotros.

Es entonces cuando el mensaje se plasma a golpe de pistola. En Cloud no se dispara una vez, sino que se pegan dos tiros, tres, cuatro, un quinto, por si acaso, y un sexto, de regalo. Hay que asegurarse. No obstante es imposible obviar ese totémico final, el viaje de no retorno a la puerta del infierno, ciertamente bressoniano e hijo de Pickpocket, por que, aunque no estamos en una cárcel, no hay grilletes más pesados que los que la sociedad te impone. La pescadilla que se muerde la cola una y otra vez, el único animal que tropieza dos veces (y tres) con la misma piedra. El hombre vuelve con su primer y último gran amor, el dinero.

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