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‘Videodrome’ de David Cronenberg: hiperviolencia atada a la complicidad

Cuando Videodrome se presenta ante nuestros ojos, no es que sea demasiado tarde, sino que ya formamos parte de todo lo que simboliza

Llevaba tiempo queriendo honrar a una de las mejores películas que nos ha dado el medio. Y aunque no estoy ciertamente seguro de la certeza de las palabras que hoy recito, a 28 de abril de 2025, se ha ido la luz en toda España. Que mejor momento para manifestar mis pensamientos que el día en el que (casi) escapamos de Videodrome. Y es que el concepto ha superado a la obra, ya que no hay nada más crudo, violento y ruin que la realidad que habitamos y que sufrimos, como el canadiense nos ha hecho ver en todas sus mutaciones. Esto no va de política, de coronas ni de espadas, no nos equivoquemos antes de empezar. Porque el único valido a ojos de Dios, si es que alguna vez existió, es el poder en su plenitud, en su divinidad.

David Cronenberg, al igual que otros colosos del séptimo arte, siempre ha sido desvirtualizado por la superficialidad del análisis con el que se miden sus filmes. Como David Lynch, con sus abstracciones vanagloriadas y defenestradas a partes iguales, Alfred Hitchcock, con el único objeto crítico del suspense, o Wong Kar-Wai, atrapado por la estética, por poner tres ejemplos que no tienen absolutamente nada que ver con el caso.

Pero, efectivamente, todo se remite a aquello que muchas veces se malinterpreta en las críticas profesionales para destacar la influencia del cineasta. “Con ecos de Cronenberg”, se maldice una y otra vez. La última damnificada por esta fiebre fue La sustancia(2024) que, quitando las fotocopias de los planos de La mosca(1986) y las vísceras por los suelos, poco tiene que ver. Y es que el body horror ha sido la gran capa de invisibilidad que no ha dejado entrever a muchos el mundo que esconde, detrás de sus tejidos, la “nueva carne”.

James Woods en 'Videodrome' de David Cronenberg / Fuente: IMDB
James Woods en ‘Videodrome’ de David Cronenberg / Fuente: IMDB

Entre los horrores del mundo moderno

El cine de Cronenberg es idiosincrasia pura de una idea que ha mutado por distintas pieles, la de Jeremy Iron en Inseparables(1994) por partida doble. Tal vez la primera semilla que se planta de manera deliberada acerca de este pensamiento intertextual son esas palabras que se recitan en Cromosoma3. “Involúcrame”, afirma el personaje de Frank frente a Nola. Esas palabras salen directamente de la mente del director porque en realidad, sin siquiera saberlo, nos está abriendo su mundo, aún desconocido. Es el preludio antes de la catarsis. Todo va a empezar desde el mismísimo final. La nueva carne ha nacido y ya no podemos hacer otra cosa que contemplar su ascenso. Su propagación es inminente, como la Rabia(1977). Es una declaración de intenciones. Verdad pura y muy dura.

Aunque no por ello hay que dejar pasar Vinieron de dentro de…(1975) y la ya mencionada, dos aproximaciones a la libertad fílmica de su imaginario. Y a partir de entonces, una vez te sumerges, no puedes huir de esta espiral de filosofía y horror. Aunque siempre parezcan mundos ficticios alternos, estos tienen el deber de reflejarse en el espejo de la realidad, de mostrar, desde la hipérbole, el significado siempre oculto ante los ojos humanos. Porque el devenir de Scanners(1989) también podría ser el nuestro, por muy aterrador y utópico que parezca. Al fin y al cabo no estamos tan lejos, nuestros dirigentes nos los recuerdan a diario.

Arma sale del televisor en 'Videodrome' de David Cronenberg / Fuente: IMDB
Arma sale del televisor en ‘Videodrome’ de David Cronenberg / Fuente: IMDB

Realidad a través de la pantalla

Max Renn (ingobernable James Woods) es el responsable de un canal de televisión por cable que emite contenidos para adultos. En la búsqueda comercial por ampliar su catálogo, descubre un día una emisora pirata con contenidos ultraviolentos y tan realistas que cruzan la barrera de la ficción. A medida que visiona las cintas que le proporciona su enlace se corrompe, su realidad se altera, es una adicción. Las piezas de Videodrome cada vez son más explícitas.

Fue definida por Andy Warhol como «La Naranja Mecánica de los ochenta». Pero Videodrome no es que sea la cumbre de la concepción autoral de Cronenberg, sino que es el viaje a los infiernos. Sumergirse en la red de manera involuntaria, sin salida, porque para cuando nos demos cuenta, ya será tarde. Ya es tarde. Para Renn lo fue y nuestro devenir es igual de esperanzador que el suyo.

«Muerte a videodrome, Larga vida a la nueva carne»

Esta cinta es eterna, porque nunca se ha sentido tan actual como ahora, y eso que se rodó hace exactamente 45 años, casi nada. Es decir, que Cronenberg no solo muestra la violencia que reside en nuestro salón sino que disecciona los engranajes del futuro, ahora presente, mientras se tambalean por todo lo que esconden la televisión de tubo junto a los VHS, ahora Smart TV y plataformas. Para él no era una película estrictamente violenta, sino que la violencia era el tema central de la misma.

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