Willy Bárcenas y Antón Carreño hacen balance tras diez años de música, polémicas y carretera, y abren una nueva etapa sin fechas ni certezas
Dejar los escenarios nunca es fácil. Mucho menos cuando llevas una década sin parar, girando de punta a punta, colgando carteles de sold out, haciendo del directo una forma de vida. Lo anunció Taburete hace apenas unas semanas y, aunque lo hicieron con un mensaje algo críptico, el golpe se sintió: «parón indefinido». Para algunos, quizás no era más que una pausa. Para otros —sobre todo quienes les seguimos desde el principio— fue algo más: la certeza de que un ciclo terminaba, aunque no sepamos aún qué vendrá después.
Willy Bárcenas y Antón Carreño nos reciben con esa naturalidad desarmante con la que siempre han encarado todo: las entrevistas, las críticas, la música y la vida. Sentarse con ellos es un ejercicio de escucha y de dejarse llevar. Hablan sin filtros, con sentido del humor, pero también con la madurez de quien ha aprendido a vivir bajo la lupa y seguir adelante.
«¿Cómo se le dice a unos fans que ya no habrá más conciertos?» —les lanzo, casi con el pudor de quien no quiere oír la respuesta.— Antón sonríe, con esa media risa que mezcla ironía y verdad: «Hombre, yo creo que es mejor avisar por lo menos«.
«No hay trampa ni campaña»: cero conciertos de Taburete
No hay melodrama, ni discursos grandilocuentes. Solo el cansancio que deja el camino bien andado. «Llevamos muchos años de gira. Queríamos sacar el disco, pero sin tocar mientras tanto. Luego, quizá, cuando todo esté fuera y digerido… puede que venga otra gira. Pero ahora mismo no hay nada. Cero conciertos«.
Willy, con ese tono entre resignado y libre, lo remata: «Es que no lo sabemos ni nosotros. Volveremos, claro. Pero no sabemos cuándo. Han sido diez años sin parar y ahora queremos hacer otras cosas. Sacar el disco tranquilos. Que la gente lo escuche con tiempo. Quizá un año entero sin directos. No queremos tener ni poner fecha todavía».
La duda se quedó flotando desde que soltaron el comunicado. Muchos pensaron en una despedida disfrazada. Otros, en una estrategia. Pero ellos lo repiten con firmeza: no hay trampa. «No hay conciertos este verano. Ni sorpresa, ni escondido. No hay», dicen con ese tono que ya no necesita convencer a nadie.
Lo dicen con nostalgia. Porque saben que algo va a faltar. «La gira se echa de menos. Aunque acabes reventado, la echas en falta. Será un verano raro. Esta vez iremos nosotros a conciertos. Nos tocará mirar desde abajo», reconoce Willy. Y ya tienen entradas. Bad Religion, Carlos Santana, Carolina Durante en Starlite. Galicia, como siempre, tirando fuerte: Leiva, Camilo, Guitarrica… «Por allí seguro que pillamos algo», sonríe Antón. Porque el que ama la música nunca deja de buscarla, aunque no esté encima del escenario.
Primer intento, primer single del sexto disco
Entre tanto, lanzaron Primer intento, el primer adelanto del próximo disco. «No lo elegimos porque sea el mejor, sino porque marcaba bien el arranque de lo que viene», dice Willy. ¿Y qué es lo que viene? «Un disco», responde Antón con sorna. «Titular!», ríe Willy.
Lo cuentan sin prisa: habrá más singles, cuatro o cinco, salpicados hasta final de año. No hay fechas cerradas, pero sí una intención clara: cada uno de esos temas contará una historia. No todo el disco será conceptual, pero los sencillos, sí. Habrá un hilo. Una narrativa.
También colaboraciones, claro. Pero no las que todo el mundo espera. «Hay dos. Pero no van por donde cree la gente. No es que sean nombres enormes, pero para nosotros sí. Son amigos, artistas que admiramos. Y eso lo hace especial«, dicen.
Muchos conciertos, muchas tradiciones
Como fans que también son, saben lo que implica un concierto. Suman mentalmente y les salen entre 500 y 600 en su carrera. Willy calcula 40 por año. Antón le sube la apuesta. Y cuando le menciono que hasta ChatGPT lleva la cuenta, se ríen: «¡Vaya tela con ChatGPT! Se nos va de las manos».
No me resisto y saco el tema de los cubatas. Porque hay rituales que hacen familia. En cada directo, Willy se bebe dos como mínimo. Del tirón. Siempre. ¿No será esta pausa por prescripción médica? Ríen. «Y eso solo en directo», dice él.
La explicación tiene algo de infancia: «Nunca me ha gustado el sabor del alcohol. El vino me apasiona, pero los cubatas no. Entonces, desde pequeño me lo bebía de un trago para no notarlo. Y ya se me quedó«.
Porque sí, Taburete es música, pero también es celebración. Disfrute. De los que saborean la vida con copa en mano y buena conversación. Recuerdan con cariño a Residente en México. A Maroon 5. A esos conciertos que no esperaban nada y les dieron todo. Pero también se quedan con lo pequeño. Con Galicia, donde «la gente canta un poquito más». Y con La Mancha, barriendo para casa, esa tierra de veranos largos y fiestas sin guion. «Hemos tocado en Tomelloso, Manzanares, Campo de Criptana… Son conciertos batalleros. Y a mí eso me encanta», confiesa Willy. «La gente va muy pedo, y hay un gran ambiente».
La vuelta sin fecha, ¿el disco?
El disco, el sexto, llegará después del verano. Entre septiembre y noviembre. Aún sin fecha. Pero antes habrá otro single, quizá en mayo. «Así que tendrás tu regalo«, bromea Antón hacia un servidor que los cumple el día 24.
Y entonces, cuando ya parece que nos vamos despidiendo, llega la pregunta que más pesa. No la hago como periodista. La hago como fan. Como alguien que ha tenido que justificarse por escucharles. Por seguirles. Por defenderlos en voz alta.
La pregunta final: «¿Cómo se sobrevive a tanto prejuicio?»
Antón contesta primero, sin filtros ni rodeos: «Es un poco España, ¿no? Al principio nos rayaba. Porque muchas cosas no eran ciertas. Pensábamos: ‘vaya unos gilipollas’. Pero ya nos da igual. Llevamos diez años. Cada vez nos sigue más gente. Y sentimos que, poco a poco, nos hemos ganado un respeto que antes no teníamos. Artistas como Melendi o Pignoise que llevan toda la vida quieren colaborar con nosotros. Y eso lo dice todo».
Willy asiente. No le cuesta decirlo: “Sí, vivimos en un país polarizado. Todo va por packs. Si te gusta Taburete, ya eres un pijo, un facha, lo que sea. Y nosotros hacemos música. Me da igual en lo que pienses o la ideología que tengas. Siempre serás bien recibido por nosotros. A mí me hace ilusión que nos escuche cuanta más gente mejor. Pero hay gente muy cerrada. Que no te guste Taburete, perfecto. Lo entiendo. Pero que te joda que a otro le guste, eso ya es otra cosa”.

Antón remata con esa frase que lo deja todo claro: «Estoy seguro que habrá el más pijo del mundo que odie nuestra música y escuche electrónica. Al final todo va por clichés. Si te gusta, bien. Y si no, también. Pero no dejes de escucharnos por lo que puedan pensar los demás. Es una tontería. Como casi todo en la vida».
La guinda de la conversación
Y ahí, justo ahí, Willy deja la última línea. La que resume la entrevista. La que pesa más que cualquier titular. La que solo se entiende después de haberlos escuchado con atención, más allá del ruido.
«Como nos cancelaron desde el principio, nos ha dado una libertad para decir siempre lo que nos ha salido de las pelotas. El que nos iba a decir que no, ya nos lo dijo. Y eso, sinceramente, nos ha venido muy bien».

