El poeta precursor del modernismo español
El 11 de mayo de 1905 la prensa española lamentaba la muerte del poeta Manuel Reina. Procedente de un pueblo de Córdoba, desarrolló su carrera literaria en Madrid, donde fundó la revista literaria La Diana. Cultivó una poesía colorida y una estética que anticipó el Modernismo, lo que lo convierte en uno de los autores más importantes de finales del siglo XIX.
A pesar de que compartió espacio y amistad con intelectuales como Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío o Leopoldo Alas Clarín, su figura ha quedado mucho más olvidada. “Con la muerte del poeta hemos perdido a uno de los pocos representantes de aquella pléyade ilustre que durante un siglo deleitó al pueblo español”, rezaba el Diario de Córdoba al día siguiente de su fallecimiento.
120 años después, recordamos el legado cultural y literario que nos dejó Manuel Reina. Con sus poemarios, renovó el lenguaje y mostró un gusto por el simbolismo, la musicalidad y la belleza. Abrazó los movimientos literarios extranjeros, dándoles un espacio en su propia revista y sumándolos a su propio estilo. En su último año de vida, fue elegido miembro de la Real Academia Española y gobernador civil de Cádiz, cargos que nunca pudo llegar a ocupar.
De Córdoba a la cima literaria
Manuel Reina Montilla nació el 4 de octubre de 1856 en Puente Genil, un municipio de la provincia de Córdoba. Hijo de una familia pudiente e interesada en la cultura, disfrutó de una posición económica desahogada que le permitió estudiar y desarrollarse como intelectual. Gracias a unos padres aficionados al teatro y la literatura, dispuso de una amplia biblioteca en la que despertar a su escritor interior.
Estudió el Bachillerato en Córdoba y ya entonces descubrió a maestros como José de Espronceda, Heinrich Heine o Gustavo Adolfo Bécquer. Con dieciséis años empezó a redactar sus primeros versos, que destacaban en calidad y originalidad. Se formó en las universidades de Granada, Sevilla y Madrid, manteniendo su interés por la poesía. De hecho, su primer poema se publicó en la revista El Bazar, en 1874.
El joven poeta cordobés fue creciendo y se convirtió en una figura cada vez más reconocida. La poesía era un género muy apreciado por la burguesía y Manuel Reina empezó a formar parte de los grandes eventos sociales. El profesor y crítico literario José Andújar Almansa explica que, en aquel momento, los literatos alcanzaban cargos públicos y políticos dentro del país.
Manuel Reina no fue una excepción e intervino en la política de la Restauración, primero en el partido de Sagasta y más tarde en el de Maura. En 1886 fue elegido diputado, pero no desempeñó un papel activo en la cámara. Centró su actividad principalmente en la literatura, a través de sus poemarios y de una perspectiva renovadora hacia las letras.
Un poeta «moderno, modernísimo»
Andantes y Allegros fue el primer poemario publicado por Manuel Reina en 1877. Marcó el inicio de su carrera literaria y en él encontramos la influencia de autores como José Zorrilla, Gustavo Adolfo Bécquer y Ramón de Campoamor. Iba más allá de sus referentes y, a lo largo de su carrera, adoptó nuevas formas e ideas que anticiparon el Modernismo.

Las poesías de Manuel Reina aportaron una gran sensibilidad, poniendo por encima el valor estético de la obra y siguiendo la idea de “el arte por el arte”. Exaltaba la belleza constantemente, perseguía una estructura rítmica y convertía al propio poeta en un héroe.
Un año más tarde, en 1878, publicó Cromos y Acuarelas, un poemario que lo definió como un autor colorista. A través del lenguaje evocaba imágenes vívidas y sensaciones visuales, como si pintara con palabras.
Pero es en La vida inquieta, publicada en 1894, donde sus poemas muestran una clara novedad estética que anticipaba el Modernismo. “Me parece el libro más valioso escrito por un poeta español en las dos últimas décadas del siglo XIX”, afirma el crítico José Andújar Almansa. También Clarín dijo que el autor era un poeta “moderno, modernísimo”.
La Diana y la influencia francesa
A mediados del siglo XIX surgió en Francia un nuevo movimiento literario que rechazaba el romanticismo: el parnasianismo. Sus principios eran buscar la belleza, cuidar la forma y tratar temas bellos de la Antigüedad y las leyendas. Manuel Reina asumió muchos de estos rasgos y estuvo muy atento a las publicaciones francesas.
“Fue la única figura literaria de su tiempo que apoyó decididamente los primeros títulos modernistas”, explica José Andújar Almansa. También a través de su revista literaria, La Diana, dio visibilidad a muchos textos extranjeros, lo que supuso una llamada a la modernidad cultural y literaria de Europa.

Durante su estancia en Málaga, Manuel Reina compró la revista Andalucía y se la llevó a Madrid rebautizándola como La Diana en 1882. Aunque en su primer editorial mostró una ideología monárquica, la afición de Manuel Reina por la literatura hizo desaparecer cualquier interés político en la revista.
En cada número de La Diana se analizaba la política nacional e internacional, se incluían textos de crítica literaria y también en lenguas extranjeras. Manuel Reina publicó en ella varios escritos novedosos donde desarrolló su estilo parnasiano e innovador.
Según Emilio José Ocampos, doctor en Filología Hispánica, “La Diana es una llamada al cambio literario, un toque de clarín que anuncia una nueva literatura que abandona las formas y códigos decimonónicos”. Con apenas dos años de vida, de 1882 a 1884, La Diana se convirtió en una revista fundamental para la renovación poética y para la literatura española.
Alabado por la élite
Manuel Reina fue muy admirado por sus contemporáneos y recibió múltiples alabanzas. El propio Rubén Darío, quien inició el modernismo hispánico, le dedicó el poema “Manuel Reina”, en el que lo retrataba como un referente, maestro y modelo para llevar a cabo una revolución lírica.
Juan Ramón Jiménez lo definió como un “parnasiano impecable” por cómo capturaba la belleza de las formas y lo incluyó entre sus “poetas puros”. Además, Juan Valera le dedicó varias cartas que lo elogiaban y que se publicaron en El imparcial, un periódico de Madrid de aquella época.
A diferencia de los modernistas, Manuel Reina no se oponía a la burguesía, lo que facilitó su acogida por parte de la crítica conservadora. Colaboró con las revistas más influyentes de la época, como Blanco y Negro, Pepita Jiménez, Ilustración española y americana, La Época, La América o El Córdoba. Además, fue académico y numerario de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.
«La tristeza andaluza»
El poeta cordobés nunca olvidó su tierra y en sus obras está presente Andalucía. Siguiendo la melancolía modernista, retrataba una Andalucía intelectual y simbólica con la que escapar del mundo ordinario y burgués. La mostraba con delicadeza, sensualidad y tonos decadentes, por lo que Rubén Darío la calificó como “la tristeza andaluza” o una “Andalucía a la francesa”.

Podemos encontrar poemas dedicados a sus orígenes, como son “Tierra andaluza” o “Al Genil”, dedicado al río que da nombre a su pueblo (Puente Genil). Fue allí donde pasó sus últimos años y donde falleció después de sufrir una enfermedad que lo debilitó progresivamente.
En el 120.º aniversario de su muerte, recordamos sus aportaciones a la poesía y la cultura. Varios profesores de literatura han dedicado sus tesis a Manuel Reina, entre ellos Santiago Reina, su bisnieto, quien ha publicado seis libros sobre él y es el heredero de la antigua biblioteca del poeta.
Rescatamos su figura para recordar a un precursor del modernismo, amante de las estéticas extranjeras y difusor de la cultura a través de su revista La Diana. A partir de ahora, cuando hablemos de los grandes autores de finales del siglo XIX, Manuel Reina sonará entre ellos.


