Odiar a las mujeres aparece en español gracias a la editorial Debate cuando más lo necesitamos
Aunque publicado originalmente en 1974, Odiar a las mujeres dialoga a la perfección con nuestro tiempo. Un tiempo secuestrado por el auge reaccionario, la ola antifeminista, el retorno de la extrema delgadez y la falta de movilización de los jóvenes.
Hacer el feminismo cool de nuevo
El 8 de marzo de 2018 más de un millón de personas ocuparon las calles de Madrid en una manifestación histórica. Bajo el lema “Si nosotras paramos, se para el mundo”, la fuerza y unión de las mujeres puso de manifiesto la urgencia de un cambio en la estructura social marcada históricamente por la violencia patriarcal.
Las reivindicaciones del 8M tenían un objetivo claro: la toma de conciencia para la abolición de toda expresión de la cultura machista; una cultura que rige los cuerpos y las posibilidades vitales de los hombres, las mujeres y toda forma de disidencia.
Este objetivo es el que impulsa la escritura de Odiar a las mujeres. Dworkin plantea su escritura como acción mediante un análisis de los principales mitos de la cultura patriarcal y de sus principales reproductores ideológicos: los cuentos de hadas, la pornografía, la historiografía y las instituciones como la familia y el estado-nación.
Pese a la falta de rigor histórico en algunos de los puntos del texto y los clichés respecto a periodos como la Edad Media, su contundencia y su compromiso inquebrantable con la revolución convierte Odiar a las mujeres en un manifiesto clave para la formación de una nueva oleada feminista.
En un momento de retroceso, en el que el terror, como la misma Dworkin señala, configura el sustrato central de las relaciones hombre-mujer, en que los hombres impulsados por este terror tratan de proteger a toda costa sus privilegios y el capitalismo invade y devora cada resquicio para pensar fuera de él, la lectura de Odiar a las mujeres actúa como artefacto de toma de conciencia y de lucha. Una lectura que nos recuerda las esperanzas del pasado y las posibilidades de un devenir aún por definir, un devenir que está en nuestras manos. Como señala la propia autora:
Son nuestros padres, Amérika, el derramamiento de SANGRE, los que a través de su quiebra moral y sus tendencias genocidas nos han obligado desde antes de nacer a salir a las calles de la nación. Son nuestros padres, Amérika, el derramamiento de SANGRE, los que nos negamos a ser, cuyo trabajo nos negamos a hacer. […] Todavía no nos hemos extinguido, y mucho menos estamos acabados. Nuestro pasado es solo un prólogo.
No es estética, es política
La figura de Andrea Dworkin ha estado ligada a numerosas controversias dentro del feminismo. Su deriva conservadora y su alianza con las instituciones en su cruzada contra la pornografía y la prostitución no deben caer en el olvido. Pero, tampoco el valor de un artefacto como es Odiar a las mujeres.
Pese a la posterior deriva de la autora, Odiar a las mujeres es un texto que reivindica como salida al régimen patriarcal la androginia, es decir, la destrucción del modelo sexo-genérico sostenido en un sistema dual que establece lo masculino y lo femenino como opuestos, la mujer y el hombre como irreconciliables.
Dworkin defiende la libertad sexual como algo inseparable de la propia liberación de las mujeres. Sin la liberación de las mismas, la libertad sexual no conduce a una emancipación de la estructura patriarcal. Una estructura que atenta continuamente contra los cuerpos que gobierna.
En este sentido, resulta fundamental algunas de las tesis formuladas en el capítulo dedicado a la Herstory y que nos son útiles para entender el retorno de la delgadez extrema como un fenómeno ideológico que debemos combatir.
En su análisis del vendado de pies chino, Dworkin se suma a las lecturas del feminismo de la segunda ola bajo las cuales los estándares de belleza constituyen una forma de dominación de los cuerpos de las mujeres. Dworkin afirma que el deseo de los hombres por las mujeres pasa por su mutilación física. Así pues, como señala la autora, “los estándares de belleza describen con precisión la relación que un individuo tendrá con su propio cuerpo” y, en consecuencia, prescriben “los usos que podrá dar a su cuerpo”.
Por tanto, el retorno de la extrema delgadez, tan hablado tras la gala de los Oscar 2026, no es casualidad. No es una simple moda. Es el retorno de una forma de mutilación física. Como dice la directora Chloé Wallace, no es estética, es política.
@rileyfroem obviously there’s nuance and of course i am not advocating for commenting on individual women’s accounts or anything like that etc. yall know what i mean and hopefully no one twists my words. but i think on a structural level, we’re self censoring and we need to stop #oscars
En defensa de los cuerpos enérgicos
Mantener los cuerpos delgados, frágiles, hambrientos y disciplinados es una forma de ejercer poder. De mantenerlos desactivados políticamente. Si te encuentras débil, si tu mente y tu cuerpo tienen la única tarea de sobrevivir con lo menos posible, la resistencia ante la opresión es cada vez menor.
Por ello, el comienzo de una nueva oleada feminista pasa por renunciar al dolor de la belleza, claudicar para comenzar a vivir, pensar y decir alto y enfadadas, con energía, que nuestros cuerpos no son territorios a conquistar, dominar y mutilar. Ya lo señaló Dworkin: “el cuerpo debe ser liberado literalmente […] Las mujeres deben dejar de mutilar sus cuerpos y empezar a vivir en ellos”.


