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‘La ciudad’, de Thomas Korsgaard: cómo pensar actualmente la novela de aprendizaje

Con la segunda entrega de la Trilogía de Tue, Korsgaard continúa su asalto a la tradición literaria al resituar en el campo de lo narrable los cuerpos dañados por el capitalismo y el patriarcado

La ciudad, de Thomas Korsgaard renueva la concepción de la novela de aprendizaje dejando de lado el componente didáctico, para dar voz a aquellas corporalidades que no pueden o no saben cómo hacer lo correcto.

La Trilogía de Tue se propone recorrer las etapas de formación canónicas de cualquier adolescente que se está conociendo a sí mismo o, lo que es lo mismo, rechazando continuamente. Sin embargo, el proyecto de Korsgaard no solo aborda la subjetividad inevitablemente herida de la adolescencia. También, reconoce la dificultad de construirse más allá del trauma generacional, la precariedad y la violencia. La ciudad retoma la vida de Tue, un adolescente gay que vive con su familia en una granja de Jutlandia donde el silencio es una forma de violencia y, también, de protección.

La incertidumbre de la masculinidad obrera

Cuando nada puede decirse, el silencio es una forma de defenderse. Ante la familia, ante el mundo, ante uno mismo. Pero en el caso de Tue, especialmente ante su padre. Violento, precario, resentido, dominado por la incertidumbre. Así se presenta el cabeza de familia en una narración en que la violencia lo domina todo. Lo que se dice y lo que no puede decirse, los gestos y su recogimiento, la memoria y lo que es mejor no recordar.

Como señala Beatriz Ranea en Desarmar la masculinidad: los hombres ante la era del feminismo,  el rol de proveedor cabeza de familia constituye un elemento clave en la definición de lo que es ser hombre. Sin embargo, como sigue la autora, debido a las crisis económicas y a la reestructuración posfordista, muchos hombres se han visto desplazados desde esta posición a la de sujetos precarizados. En las últimas décadas, la forma tradicional de masculinidad se encuentra en una encrucijada. Entre la necesidad de ocupar unos espacios que han sido eliminados por el capitalismo y el deseo de recuperar unos privilegios que, gracias a los movimientos feministas y antirracistas, están cada vez más en tela de juicio.

La ciudad, de Thomas Korsgaard Fuente: Penguin Random House

En esta tesitura se encuentra el padre de Tue, pero también su hermano y el propio protagonista. Un mundo que ya no funciona como imaginaron, en que el trabajo estable es una ensoñación y el esfuerzo no lleva a ninguna parte. De qué manera, entonces, estos hombres pueden seguir sintiendo que lo son.

Korsgaard, consciente de la crisis actual que atraviesa la masculinidad y el capitalismo, construye unos personajes masculinos que tratan de encontrarse en esas mismas formas violentas de la masculinidad que causan, en parte, su malestar. De esta manera, la conexión innegable entre masculinidad hegemónica y heterosexualidad obligatoria ocupa en La ciudad un lugar central. Esta actúa como motor de construcción subjetiva de Tue generando una tensión, en apariencia irresoluble, entre la reproducción de la gestualidad heterosexual y su alejamiento.

La ciudad, de Thomas Korsgaard logra captar esta incertidumbre y ese daño identitario mediante una narración ágil, de capítulos breves, plagados de diálogos en los que, como suele ocurrir, pesa más aquello que no se dice, aquello que no se puede decir o que ni siquiera se sabe cómo nombrar. 

Reformulando la novela de aprendizaje

A través la figura de Tue, Korsgaard indaga en estas cuestiones con la humanidad y ternura propias de la adolescencia. Pero, también, desde el desencuentro, el enfado y la frustración que nos acompañan en esos años. Todo ello sin pretensiones de convertir a sus personajes en modelos de comportamiento pero sin caer, por ello, en la caricaturización de las realidades precarias. De esta manera, Korsgaard renueva el género al incorporar como narrables sujetos y problemáticas que parecían no ser compatibles con la novela de aprendizaje.

La Trilogía de Tue, al menos hasta su segunda entrega, renuncia a convertirse en un relato de superación. Se niega a constituirse como una especie de educación sentimental que acaba con el protagonista encontrándose a sí mismo. La ciudad, de Thomas Korsgaard no pretende aleccionar al lector, tampoco a sus personajes. Más bien, se interroga sobre cómo puede uno avanzar en las etapas de formación, sentirse satisfecho y realizado. Cómo cuando las formas de subjetivación dominantes resultan violentas y dolorosas para con uno mismo y para con el entorno. Cómo crecer y decidir entre silencios y violencias. Entre herencia histórica y familiar.

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