La desaparición que movilizó a todo un país junto con el incansable esfuerzo de su familia por encontrarla
900 días sin Anabel es una serie documental de tres capítulos que se ha estrenado hoy en la plataforma Netflix. Una joven de 22 años sale a correr y desaparece cerca de la urbanización Intergolf de La Moraleja (Madrid). Anabel tiene un futuro prometedor. Una brillante estudiante de empresariales que prácticamente ha finalizado la carrera con un gran espíritu de emprendimiento y ganas de aprender, característico de las mujeres de la época, que se ve truncado el 12 de abril de 1993.
Es un impactante recorrido a través de la incertidumbre, la esperanza y la lucha de una familia por encontrar a su hija. La producción cuenta con testimonios de policías y periodistas junto con el abogado y representante de la familia durante todo el proceso. Además, es la primera vez que salen a la luz grabaciones inéditas que nunca antes se habían publicado correspondientes a las conversaciones con los delincuentes.
Un día como otro cualquiera Anabel sale a correr, sus padres no están en casa por un viaje familiar del que la joven decide regresar un día antes para estudiar. Pero tras esa salida Anabel no vuelve a casa. Un único testigo, un jardinero, escucha unos gritos y a dos individuos fugarse en una furgoneta blanca. Debido al contexto en el que se encontraba la sociedad en ese momento, la policía pensó que podía tratarse de una organización terrorista, esta opción finalmente se descartó. Se llegó a la conclusión de que eran delincuentes comunes que lo único que querían era dinero.
Los secuestradores se ponían en contacto con la familia a través del teléfono fijo, unas llamadas que llenaban de angustia y dolor a la familia. Pese a esto, el encargado de mediar con ellos fue Rafael Escuredo amigo de la familia y abogado. Los delincuentes son claros, 150 millones de pesetas (2 millones de euros) y Anabel volvería a casa. A partir de aquello, se pone en marcha un despliegue policial nunca antes visto con vigilancia 24 horas de la casa y las conversaciones telefónicas se graban.
A partir de este momento en el cuerpo policial se crea la sección de secuestros y extorsiones. En ese momento no interesaba que la prensa estuviera al tanto de lo que ocurría porque se ponía en peligro la vida de la secuestrada, pero todo acabaría publicándose. Lo que los investigadores no se esperaban es que la ayuda de la prensa sería crucial para la resolución del caso.
Tras varios intentos de llegar a un acuerdo con los secuestradores, entregas fallidas y algún error cometido por la policía, el caso no avanzaba adecuadamente y la desesperación iba aumentando ya que los autores del secuestro llevaban meses sin ponerse en contacto con la familia. Lo único que tenían era la voz de los secuestradores y una furgoneta blanca. Por algo había que empezar. Lo fundamental era saber si Anabel seguía con vida, para ello lo más importante era pedir una prueba de vida, que tardó demasiado en llegar. Gracias a ella se llegó al final de la investigación. El caso desató en la población una gran sensación de inseguridad, ¿cómo en una zona de Madrid tan vigilada y protegida había podido pasar aquello?

Las pistas eran un callejón sin salida y al carecer de sospechosos, no quedó otra que pedir ayuda a la prensa. Esto se tradujo en un país entero conmovido por la desaparición de la joven. Se realizaron manifestaciones multitudinarias, carteles, se creó una organización en apoyo a la liberación de Anabel, se organizaron festivales benéficos e incluso los oyentes de radio y televisión se ponían en contacto con los medios de comunicación para mostrar su apoyo.
Lo decisivo del caso fue la prueba de vida, una cinta que los secuestradores enviaron al domicilio de los Segura y el programa de televisión Código 1. El objetivo de este formato era la resolución de crímenes en España. Fue muy popular y contaba con millones de espectadores por lo que se dedicó un episodio al caso de Anabel. En él que se reprodujeron las voces de los secuestradores para ver si la audiencia las reconocía. Al mismo tiempo estaba naciendo el Laboratorio de Acústica Forense de la Policía Nacional.
Tras 900 días el caso pudo resolverse con mucho sacrificio y colaboración. Es el secuestro más largo registrado en España, que marcó un antes y un después en la memoria de todos los españoles y en la investigación policial. A día de hoy Anabel es recordada e incluso el centro cívico de Alcobendas lleva su nombre.

