Ángela García: «El poemario no se va a llamar ‘La palabra liba’, sino ‘Se arrodillan para beber’»

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La poeta y traductora Ángela García | Fuente: Facebook (Ángela García)

Ángela García, el juego erótico del cuerpo hecho poesía

Ángela García (Medellín, 1957). Poeta, traductora y gestora cultural. Cofundadora del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Forma parte de la Asociación de escritores del Sur, con sede en Malmö. Ciudad en la que reside desde hace más de una década y en la que dirige el Día Mundial de la Poesía. Colabora en la revista La Otra de México. Entre sus obras destacan: Entre leño y llama, 1993; Rostro de Agua, 1997; Farallón Constelado, 2003 y de las más recientes Duologos (2020). Por último, cabe destacar que el pasado mes de octubre fue galardonada con el XXI Premio Casa de América de Poesía por La palabra liba.

En esta entrevista, la poeta colombiana nos conduce por sus inicios, primeros libros, el ejercicio de la traducción, el panorama poético sueco, la influencia de la poesía escrita en español en Suecia. Además, nos aclara el cambio de título que sufrirá su obra de La palabra liba a Se arrodillan para beber.

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Sobre inicios en la poesía y primeras obras

Pregunta: Su primer contacto con la poesía es en la adolescencia. ¿De qué manera?

Respuesta: ¡Cómo sabes eso! [Sonríe]. Sí, es verdad. Ha sido un camino recurrente y natural. Uno empieza en la adolescencia, esa época en que todo lo cuestiona. Necesitas fundar tu propia visión del mundo, pensamiento. Buscaba un lenguaje tratando de preservar esa libertad como un gozo. Una manera de volver a nacer con el placer de la diferencia.

P: En esa búsqueda de su lenguaje. ¿Cuáles fueron los autores a los que se acercó para construirlo?

R: En la adolescencia no tenía un bagaje de muchas lecturas. Apelaba a las de la escuela o biblioteca del municipio, pero leía a los poetas españoles y latinoamericanos. Algunos poemas de Rubén Darío, Octavio Paz, pero de forma esporádica. Más adelante, empecé a leer a Baudelaire, me interesó Van Gogh, el suicidado por la sociedad de Artaud. Fueron lecturas que me aportaron muchísimo.

P: Sus obras afloran en los años 90. ¿Qué recuerda de sus primeros libros?

R: Sobre todo, recuerdo ese proceso de despegar. De soltarme, de las influencias. Escarbar dentro de mí. Un tema muy recurrente era el reconocimiento de mi propio rostro. En mis primeros libros relato esa búsqueda de ¿quién es Ángela?, ¿quién es esa persona?, ¿quién soy yo? Mis primeros poemas son como la génesis de lo que iría a desarrollar más adelante. Pero como verás no he publicado tanto. Me he enfocado más en el trabajo de difundir la poesía.

P: Usted no ha publicado tanto, pero algunos de sus poemas han sido traducidos al francés, italiano, alemán, croata e incluso al gallego. ¿Cómo afronta el proceso creativo de sus libros?

R: Mira, parto de tomar muchas anotaciones, luego revisarlas, descubrir de qué manera ciertas obsesiones me son inevitables. Trato de entender por qué me ocurren esas obsesiones y organizarlas. Que se vayan cosiendo con el tiempo, esa especie de ingrediente que el misterio aporta. Luego, las vuelvo a ver desde la distancia siendo al mismo tiempo la autora y lectora para trabajarlos con más consciencia y visión crítica. Me tomo tiempo para tener una mirada retrospectiva. Son pequeños detalles que van tejiendo una cotidianeidad para el poema.

P: Ya que ha hecho referencia a la mirada retrospectiva. ¿Hay alguno de sus poemas a los que le tenga un afecto especial?

R: Sí, hay algunos que me gustan y me parecen mejor logrados. Hace poco se publicó en Italia mi primera antología Soy el vértigo, del poeta y traductor Stefano Strazzabosco. Aquí hay un poema que se titula con el primer verso: “Que mi lengua no sea lacayo” y procedo a leértelo para que veas el contexto de esa poética:

Que mi lengua no sea lacayo
De la bárbara memoria
o la muelle percepción

Que pueda elegir el trote suave
De la sangre
No el galope alucinado
Quemando venas y arterias

Que mis palabras sean esencia
Sudor puliendo el semblante

El más bello sueño recobrándome
En el último infierno

P: He notado que juega un papel importante en su poesía el juego metafórico. Esa metáfora solemne, hiriente. ¿Por qué la metáfora y no otra figura literaria?

R: Es muy necesaria la metáfora a pesar de que el lenguaje en sí mismo es metafórico. En ese sentido, no estoy de acuerdo con la poesía que se fundamenta solo en el lenguaje concreto diciendo que la metáfora miente. La metáfora no miente, sino que apela o busca una imagen que pueda decir las cosas de otra manera. Allí está la profunda reelaboración de la poesía o de lo que hay por decir. Los temas de la literatura son siempre los mismos (amor, muerte, vida, historia, tiempo, escritura), esos temas se vuelven nuevos a raíz del tratamiento metafórico para dar otros colores o aspectos. Se trata de encontrar un modo nuevo, fresco de decir esa misma experiencia de lo humano.

Traducción y panorama poético en Suecia, Malmö

P: Desde 1998 va fraguando su figura de traductora con El horizonte solo tiene un lado, Proyectos para un cielo nuevo (selección de poetas suecos, 2011) y más reciente encontramos Mientras el veneno actúa (2019). ¿De dónde nace esa pasión por la traducción?

R: Nace del amor por las lenguas. La primera lengua que me sedujo es el francés que lo aprendí en la Alianza Francesa de Medellín y lo he ido desarrollando lentamente. La traducción es uno de los caminos que uso para ese desarrollo. Me gustaría traducir más del francés. Es la lengua que me parece compatible con mis búsquedas estéticas. Luego, a través de mi mudanza, encuentro el sueco y aprenderlo era una necesidad. Sentí que era necesario ingresar al sueco a través de la traducción, al comienzo de un modo primitivo, palabra por palabra. Conté con la ayuda de mi compañero Lasse Söderberg, que ha traducido lo más importante de poesía latinoamericana y española (Lorca y toda la Generación del 27). Ha sido amigo personal de poetas tan importantes como Borges y Octavio Paz.

P: ¿Considera que la figura del traductor está infravalorada?

R: Ahora quizás menos que antes. Pienso que todavía le falta mucho respeto a su traducción. En los festivales y encuentros poéticos falta mencionar el trabajo del traductor porque al mismo tiempo es un coautor. Aquí en Suecia, por ejemplo, hay un gran apoyo a la labor de los traductores e incluso a veces se paga mejor el trabajo del traductor que el del propio autor. En el mundo latino es una cosa que se está logrando lentamente y quizás nosotros como traductores tenemos la obligación de hacer respetar.

P: ¿Cómo es el panorama poético en un país nórdico?

R: Hay muchos poetas. Cada vez surgen más. Siento que el panorama de la poesía sueca está muy dedicado al debate actual: inmigración, ecología, cambio climático. Temas que no pasan y que no van a pasar nunca desafortunadamente que son los conflictos, las consecuencias de, por ejemplo, la segunda guerra mundial, la influencia muy pesada del fascismo, racismo. Temas que todavía están muy candentes en la poética sueca.

P: ¿Se lee mucha poesía en Suecia?

R: Yo creo que sí, aunque… Mmm… depende. Como me muevo entre poetas y traductores diría que sí, pero no podría decir lo mismo si estoy hablando del común denominador de la gente. Creo que leen más novela. En general hay un gran público lector. Acá la influencia del Premio Nobel es muy clara. Cuando hay un nuevo Nobel lo buscan y lo leen, pero de porcentajes no te puedo hablar.

P: ¿Qué importancia se le da a la literatura española o hispanoamericana?

R: No tanta. Desafortunadamente hay una mirada inclinada hacia las lenguas anglosajonas. Se habla mucho inglés acá y los poetas o interesados en la literatura leen más en lengua inglesa o lo que ya está traducido de otras lenguas al inglés y al sueco.

Sobre La palabra liba, XXI Premio Casa de América de Poesía

P: En uno de sus poemas, Tarde esgrime: “Como una ola me invade la felicidad”. ¿Le invadió la felicidad cuando recibió la noticia del premio?

R: Sí, la felicidad es un concepto que vale la pena cuestionar. Primero es el impacto, luego la incredulidad. No sé por qué la felicidad está asociada con eso: incredulidad, asombro, con un detenerse. Para mí que tengo algunos libros publicados, pero no están en el mercado. No circulan en ningún mercado. Mis lectores son contados porque puede decir incluso quiénes me leen. Sentir que otras personas pueden leer mi obra te da un sentido de responsabilidad quizá que has esperado toda la vida. La alegría es muy grande por ese reconocimiento y por lo que viene.

P: ¿Qué se va a encontrar el lector en La palabra liba?

R: Es un libro que relata la danza amorosa de los cuerpos. Es un síntoma de un misterio muy grande que ronda por allí. Es el cuerpo ese gran común denominador y, en el cuerpo, suceden muchas cosas: el amor. Y, en el amor, el juego erótico. Que es extraño, impredecible, nos desnuda de modos inesperados, no sabemos cómo nos vemos en el momento del amor. Nos vemos reflejados en el otro. Es una danza muy perturbadora y entonces el libro habla mucho de eso desde un punto de vista en el que trato de deshacerme de la investidura común que todos conocen para mostrar otra mujer que soy, pero también muchas mujeres de diferentes edades y cultura.

P: Entonces, ¿la temática de este libro será el cuerpo, el amor y lo erótico?

R: Sí y también hay algo entramado a la pregunta en sí de esas relaciones. A mí me interesa mucho la pregunta en la poesía. Hay preguntas sobre qué es ese encuentro, qué lleva uno allí o qué aparece sin que lo hayamos podido controlar o programar. Quiero decirte que el título del poemario va a cambiar. No se va a llamar La palabra liba, sino Se arrodillan para beber que es un verso del libro.

P: ¿Ese cambio de título se lo ha recomendado su editor?

R: Sí, es una recomendación de la editorial Visor porque consideraban que la palabra “liba” es problemática. En el sentido de que queda un poco como vibrando sin demasiado sentido. Creo que se debe a que es una palabra un poco anticuada: el acto que tienen las abejas de chupar el néctar para convertirlo en miel. La palabra “liba” tiene ese sentido pagano que me interesaba. También porque libar es degustar. Tenía que pensar otro título que fuese leal al primero y buscando en el libro encontré: “Se arrodillan para beber”, que es el verso que para mí retrata lo que la palabra libar indica.

P: ¿Cuál es la estructura del poemario?

R: Son poemas en verso. No uso nunca la medida. Me cuesta mucho la medida porque si me ocupo de ella me descentro del contenido. Hay una especie de movimiento entre el monólogo y el diálogo. Me dirijo al amado o al otro. Hablo con esa otra que hay en mí, pero por lo general aún los diálogos son versos. A veces, hay dos o tres páginas que son poemas epigramáticos.

P: ¿Qué mensaje quiere transmitirle al lector?

R: He pensado mucho en este libro como una invitación a mirar en conjunto esa experiencia tan reveladora, esa luz tan singular que se genera en la atención de dos personas que se atraen de un modo tan total. Este libro es como una épica, se vuelve una historia de la humanidad. Trato de salirme de todo lo que pueda parecer moralista o que esté grabado con una cosa muy cultural, dejarme llevar por esa especie de paganismo del erotismo. Una libertad en la entrega que descubre otras cosas. Cada poema es un ensayo, un borrador como lo decía Eduardo Lizalde.

P: ¿Quién es el protagonista el yo poético o recurre a otras voces?

R: Es una voz poética pretendidamente personal. Pretendo que sea mi voz, pero al mismo tiempo salgo y dejo hablar a otros personajes. Puede ser alguien de mi pasado, pasajes del sueño, la voz del hombre y está latente una incredulidad, voz consciente sobre lo primitivo del encuentro erótico. No es una sola voz. Son varias voces reunidas en la voz poética del libro.

P: El jurado del Premio hizo referencia en el fallo a “Un cruce de culturas donde confluyen la tradición americana y europea”. ¿Ha influido el cambio de culturas en su poemario de forma directa o indirecta?

R: Quizás sí, pero yo no me daba cuenta. Es muy probable que las lecturas de estos últimos 20 años que han sido no solo de poesía sueca, sino también danesa, finlandesa hayan influido. Hay poetas finlandeses que me interesan muchísimo. También poetas franceses y alemanes. Es probable que eso vaya impregnando la selección del lenguaje, la cobertura cultural. Que no se sienta que estoy hablando desde una aldea colombiana, sino que hay ya un arco de culturas a nivel de selección de ciertas imágenes o influencias. No es una cosa muy consciente cuando estás escribiendo.

P: Uno de los rasgos más llamativos para usted del hecho de vivir en Suecia es ese cambio brusco de la palidez al colorido de la primavera. En Se arrodillan para beber: ¿hay palidez o es un poemario colorido?

R: ¡Ay! ¡Qué pregunta tan interesante! Yo creo que hay mucho trópico porque describo pasajes que pertenecen a mi infancia. Todo ese color del trópico, ese zumbido de la naturaleza, de aquel momento de la infancia que no es solo tu infancia, sino también la de tus padres, sigue estando en el sustrato de tu visión y descubrimiento del mundo. El gran contraste es reunir todos lo colores y sabores que son propios del trópico de donde vengo en una organización diferente a partir de las estaciones. Es muy bello.

P: Hace poco en una entrevista radiofónica para su país expresó: “La patria cuando está lejos se vuelve una obsesión”. ¿Qué grado de obsesión hay en su poemario?

R: En el poemario quizá no se muestra esa obsesión por la patria. Lo que veo en el poemario es una obsesión por lo que el lenguaje del cuerpo revela. A nivel de esa cita central que el amor te pone y que cambia de acuerdo con quién es el otro, quién te abre puertas. Tú te enamoras de personas que son muy centrales y definitivas en tu vida, pero cada uno de ellos, abre una puerta distinta y anuda eslabones diferentes de tu propia historia. Esa es la obsesión que se ve en este libro.

P: ¿Por qué cree que son importantes los premios literarios?

R: Porque generan una atención sobre un trabajo que de otra manera quedaría anónima. Hay muchas obras hermosas, importantes y necesarias de conocer que todavía están anónimas. Cada vez se anonimizan más por la afluencia vertiginosa de la creación poética ahora que los medios virtuales fomentan hasta lo indigerible. No podemos digerir tanta poesía que hay en internet. Un premio dice: “Bueno, aquí hay esta obra. La damos y mostramos al mundo”. Eso legitima un poco el trabajo que has hecho. Un poco digo, porque realmente lo que legitima tu trabajo es esa sinceridad escondida, secreta con que abordas el lenguaje y la escritura. Yo escribo para conocerme y, en esa legitimidad, ya le estoy dando a la obra la seriedad que necesita. Que un premio te diga: “Eso que has descubierto suena y debe sonar para un público mayor” es importante y siempre se agradece.

Manías, influencias literarias, recomendaciones

P: Manía o manías que tenga al escribir. 

R: A veces me paro, camino, cierro los ojos. Tengo la fortuna de que puedo escribir sin mirar el teclado y dejo que el acto creativo sea cumplido por la máquina. La herramienta del cuerpo. Cierro mucho los ojos y escribo con los ojos cerrados. Me gusta mucho salir a caminar.

P: Autores que más han marcado su efigie literaria.

R: Hay autores que están allí al lado. Por ejemplo, Fernando Pessoa, Alejandra Pizarnik, René Char, Antonin Artaud. Me interesa mucho el ensayo y la novela: Clarice Lispector, María Zambrano. También, Jean-Marie Le Clézio. Otro autor que debería leerse mucho es Henry David Thoreau.

P: Un libro de la literatura universal que le hubiera gustado escribir.

R: Walden de Thoreau por el sentido de la soledad bien lograda.

P: ¿Qué está leyendo actualmente?

R: Lejos de Roma, de Pablo Montoya.

P: El próximo Premio Cervantes se lo daría a…

R: ¡Uy, qué difícil! Ay, no sé… [sonríe]. Puede ser Mario Mendoza que es un escritor colombiano muy interesante.

P: Complete la frase. “Escribo porque…

R: Necesito saber qué estoy diciendo, como dijo Gelman.

P: Autores nórdicos que deberíamos conocer.

R: Uno de los escritores que más me gusta es Hjalmar Söderberg. En poesía está Edith Södergran, Elmer Diktonius, Henrik Nordbrandt, Kristina Lugn. Poetas un poco más contemporáneos: Lasse Söderberg.

P: Alguna recomendación literaria para los lectores de esta entrevista.

R: Recomiendo al poeta colombiano Pablo Montoya. Leer a Lasse Söderberg, Hjalmar Söderberg, Harry Martirson e incluso Gunnar Ekelöf son poetas fecundos y muy modernos de la poesía sueca.

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