Irene Vallejo: «Siempre que hay escritores exiliados es un dolor que todos compartimos»

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Irene Vallejo | Fuente: James Rajotte

El infinito en un junco, la defensa de los libros y la libertad

Irene Vallejo Moreau (Zaragoza, 1979) estudió Filología Clásica y en 2007 consiguió el Doctorado Europeo por las universidades de Zaragoza y Florencia. Esta última, ciudad donde nacería su ensayo El infinito en un junco (2019). Un auténtico éxito editorial aclamado por la crítica y traducido a más de 35 idiomas. Ha obtenido galardones como el Premio Nacional de Ensayo, el Premio ‘El Ojo Crítico‘ de Narrativa, el Premio ‘Librerías Recomiendan’ del Gremio de Librerías, el de las ‘Librerías de Madrid’, entre otros.

En esta entrevista la autora reflexiona sobre su paso por el Hay Festival (Colombia), censura de libros, literatura nicaragüense y otros asuntos.

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Pregunta: ¿Qué ha significado su visita a Latinoamérica?

Respuesta: Latinoamérica siempre ha sido un polo de atracción. Tanto a mi padre como a mí nos gustaba explorar y seguir las huellas de la maravillosa literatura que tan importante ha sido para nosotros en España. Fue muy emocionante poder volver en alas de El infinito en un junco y sabiendo que después de lo que he recibido de la literatura latinoamericana ahora —inesperadamente— recibo este regalo de tener lectores.

P: ¿Cómo ha sido experimentar la acogida de sus lectores latinoamericanos?

R: Totalmente inesperado el afecto con el que me aguardaban en Colombia. No esperaba que la gente acogiera el libro y a mí con tanto afecto, calor, emoción. Una sensación de encuentro porque no solo fue de lectores, sino también con bibliotecarios, promotores de lectura y me hace muy feliz que a todos ellos mi libro les haya podido reforzar o afianzar la importancia de su labor. Quizá transmitirle la admiración con la que se mira desde el extranjero proyectos como los de Colombia. Las bibliotecas están siendo espacios de creación de comunidades, lugares donde se sanan las heridas de la violencia.

P: ¿Hay alguna anécdota, vivencia que recuerde?

R: Las anécdotas más emotivas suceden en las firmas, donde la gente te cuenta su historia personal con el libro: circunstancias, emociones que les suscitó y los lugares desde donde vienen para disfrutar del instante de cercanía y conversación. Por ejemplo, personas que lo han leído en situaciones personales duras, por teléfono, se han enviado audios e incluso algunas que fallecieron leyéndolo y familiares que prosiguieron la lectura que el otro lector no pudo terminar. Surge como una atmósfera de confianza. Ha sido muy emocionante ver a tanta gente ilusionada, emocionada y con ganas de hablar y escuchar las historias alrededor de los libros.

P: Nicaragua está atravesando una situación crítica en todos los ámbitos e incluso experimentando la censura de obras como las de Sergio Ramírez. ¿Qué opina al respecto?

R: Esto se ha dado en todas las épocas de la historia. Desde que tenemos constancia de que existen los libros también hay persecución a los libreros, destrucción. Es importante recalcar que no solo se persigue a los escritores, sino a toda la cadena del libro (libreros, quienes los venden, editores) se intenta disuadir a todos los eslabones de la cadena.

P: ¿Por qué arremeter contra toda la cadena?

R: Por el conocimiento que encierran los libros, las emociones, los relatos que contienen, la forma en la que se oponen a la historia oficial. Todo eso tiene que ver con una lucha implícita con el poder. La conexión con las emociones de los lectores son forma de poder y eso por desgracia ha sido perseguido. Este tipo de situaciones se están dando constantemente y lo que para mí significa es que los libros no son esos objetos superfluos y prescindibles que a veces nos dicen. La palabra tiene mucha fuerza y por eso el poder intenta controlarla, perseguirla y decidir cuál es la versión única.

P: ¿Podríamos decir que censurar los libros es uno de los mayores actos inhumanos que se pueden cometer?

R: Es inhumano porque en el fondo ataca a los seres humanos. A través de los libros se está atacando a las ideas y, a través de las ideas, a la libertad misma que es uno de los aspectos más importantes de nuestra existencia y humanidad. A mí me preocupa esta cuestión. Por supuesto, no idealizado los libros. Sé que hay libros dañinos, peligrosos, que transmiten ideas nocivas. No se puede idealizar a todos los libros por el mero hecho de que unas ideas se pongan por escrito y se editen. Eso no quiere decir que sean benefactoras para la humanidad.

P: Los libros dialogan entre ellos, ¿no?

R: Sí, me parece muy importante insistir en que la existencia de muchos libros, la polifonía de todas las voces es lo que nos garantiza que a una versión responderán otras voces, miradas, puntos de vista. Por lo tanto, no es ningún libro el que deba ser sacralizado y protegido es la libertad de acceder a todos los libros que queramos. Y, por tanto, tener la libertad de formarnos nuestra propia opinión de los acontecimientos.

P: ¿Por qué perseguir a los libros?

R: En el momento en el que empiezas a prohibir algunos libros estás dañando esa polifonía e impidiendo que miremos la realidad desde todos los puntos de vista. A mí me parece muy preocupante. En general, cuando se empieza a perseguir los libros es el anticipo de persecuciones a personas. Por desgracia, no conseguimos resolverlo.

P: ¿Qué papel ha jugado la literatura nicaragüense en su etapa como lectora?

R: Es un tipo de literatura muy destacada. De la infancia recuerdo a Rubén Darío. El poema de Margarita está linda la mar me lo recitaban mis padres cambiando “Margarita” por “Irenita”. Durante muchos años creí que ese poema lo habían inventado ellos para mí y que yo era la protagonista. Luego descubrí que había una tal “Margarita” que me suplantaba [risas]. La verdad es que fue una enorme contrariedad y una terrible decepción. Fue la poesía de Rubén Darío lo primero que conocí.

P: ¿Y aparte de Darío?

R: Gioconda Belli ha sido muy importante. De hecho, una versión ilustrada del poema de Los portadores de sueños fue un libro que me regaló mi pareja cuando nos conocimos y uno de nuestros primeros regalos. Siguiendo ese hilo he leído otras de sus obras: Sobre la grama, Antologías, Escándalo de miel, El país bajo mi piel. Además, es una persona que sin conocerme, ha sido muy generosa y ha apoyado el libro en las redes y lo ha recomendado. También están Ernesto Cardenal, Sergio Ramírez que son grandes referentes y en mi casa siempre se han leído.

P: Como escritora, ¿la ha influido la literatura nicaragüense?

R: En El infinito en un junco estaba más influida directamente por autores de ensayo, filosofía, pensamiento, pero es cierto que soy una gran lectora de poesía y siempre he intentado que resuene en párrafos de mi escritura. Gioconda Belli, por ejemplo, tiene una poesía muy personal y melódica que tiene que ver con lo que yo busco. No sabría decir si hay una filiación directa, pero es cierto que la literatura latinoamericana tiene un gran poder evocativo y lingüístico, que llega a los lectores españoles para traernos aire nuevo y reconciliarnos con nuestro idioma, oírlo sonar con otros acentos.

P: El gobierno de Ortega no solo arremete contra los libros, sino también contra las universidades y su control, atenta contra el sentido crítico y, sobre todo, contra los medios de comunicación. ¿Ha seguido la situación de Nicaragua?

R: Por supuesto que lo que ha acontecido a Sergio Ramírez ha sido muy impactante. Un Premio Cervantes, un escritor tan celebrado e importante de nuestro idioma es terrible que se vea obligado a vivir en el exilio. Todos esos acontecimientos son muy dolorosos. Siempre que hay escritores exiliados es un dolor que todos compartimos. Mi pensamiento está junto con las personas que resisten intentando a través de la literatura y la palabra crear territorios de libertad. Pienso en la gente que se dedica a la enseñanza, en los libreros y bibliotecarios que seguirán en Nicaragua intentado defender esos pequeños territorios.

P: ¿Le gustaría visitar algún día Nicaragua?

R: Sí, me encantaría. Me gustaría muchísimo y, si la pandemia lo permite, mi objetivo es viajar todo lo posible a Latinoamérica. Hay unos festivales centroamericanos que son muy interesantes y para los que ya he recibido alguna invitación, pero por cuestiones de fechas no ha sido posible. La verdad es que me gustaría viajar especialmente a Centroamérica y aprender de todas esas experiencias y del enorme potencial, creativo y cultural que tienen.

P: Algún mensaje que quiera transmitirle a sus lectores nicaragüenses.

R: El mensaje es que deseo visitar Nicaragua y que espero que nos podamos encontrar lo antes posibles porque toda conversación sobre libros es una forma de reivindicar la libertad de pensamiento. Valoro mucho todas las iniciativas culturales y cuando la pandemia lo permita me encantaría visitarlos y poder acercarme a ellos.

P: Ha afirmado en alguna ocasión que “Los traductores son escritores”: ¿Cómo es trabajar codo a codo con las traducciones de su obra?

R: Yo he intentado respetar la voluntad de todos los traductores. Hay algunos que quieren trabajar conmigo y me envían sus preguntas, tienen dudas e incluso me preguntan sobre mis intenciones para reproducir en el texto ese tono de oralidad. Unos fomentan la conversación y otros prefieren trabajar solos y piensan que el autor es una influencia que resta libertad. Prefieren dar prioridad a su lectura que a las intenciones del autor. En los dos casos he respetado su voluntad.

P: Los podríamos considerar escritores.

R: En efecto, los traductores son escritores generosos. Dedican su esfuerzo a la obra de otros autores y es muy triste que sean otros de esos profesionales del libro que quedan en segundo plano, en la penumbra. De hecho, muy pocos lectores conocen el nombre de traductores y pocas editoriales publican sus nombres. Yo he pedido a mis editoriales extranjeras que aparezcan los nombres de los traductores en la cubierta del libro y si no es posible por maquetación, imagen que al menos les den importancia en la solapa. Es importante ya empezar a reivindicar ese trabajo. Sin los traductores no existiría la literatura universal y la mayoría de los libros que han sido importantes para nosotros no habríamos podido leerlos.

P: ¿Se debería valorar más la figura del traductor?

R: Por supuesto, son además personas que siempre están a caballo entre distintas culturas. Son un poco embajadores de culturas distintas, resuelven los problemas y las incomprensiones que hay entre diferentes países y miradas de la realidad. Grandes escritores, a través del ejercicio de la traducción, han aprendido, interiorizado y dado forma a su propio estilo.

P: Incluso encontramos traducciones suyas en El Infinito en un junco.

R: Mi libro incluye muchas traducciones propias y eso significa que me he dado cuenta de que al traducir entras en la piel de un autor de una manera más profunda que con la mera lectura. Un traductor es otra voz de un escritor en su país y eso me parece un ejercicio hermoso de generosidad, mediación y permite crear comunidad.

P: ¿Cuál es la mejor forma de acercar los clásicos a la juventud?

R: Es una pregunta difícil que muchas veces plantean profesores y los mismos padres. Primero, acercar a los jóvenes a la lectura no solo a la de los clásicos es un asunto delicado. Estoy convencida de que no a todo el mundo le gusta la lectura. Hay otras actividades de tiempo libre igual de estimulantes: la música, el deporte son actividad enriquecedoras. No nos debemos obsesionar porque todos los jóvenes lean y, sobre todo, los libros siempre nos esperan.

P: Podemos acudir a ellos en cualquier etapa de nuestra vida.

R: Claro, uno puede empezar a ser lector en cualquier edad y quizá no hay que obsesionarse tanto por los jóvenes, sino pensar en poner los medios y las posibilidades para que todo el mundo lea. Que nadie que quiera leer se quede fuera por su situación económica, raza, lugar y circunstancias que lo rodean. No hay que crear lectores a la fuerza. Los beneficios de leer solo te llegan si lees por convicción, placer, disfrute y sientes inquietudes.

P: En su obra se reivindica la libertad, la cultura, esa supervivencia de los libros a lo largo de su historia superando guerras, dictaduras, pandemias y diversidad de conflictos. ¿Cómo observa el mundo del libro de aquí a, por ejemplo, 10 años?

R: Una cuestión con la que yo me rebelo es esa oposición que se hace entre el libro electrónico y el de papel como si fuera una competencia. La supervivencia de un formato a costa de otro que va a quedar destruido, excluido, eliminado. Por mi experiencia con la historia de la lectura no sucede así. En realidad, han convivido formatos y lo que tenemos es un enriquecimiento de las posibilidades de lecturas. Lo principal es negarnos a aceptar esa especie de oposición y hablar de un enriquecimiento, convivencia de posibilidades de lecturas. Ahora tenemos más opciones que nunca.

P: ¿Qué opina de la autopublicación?

R: Personalmente, me he resistido a autoeditarme y entiendo que pueda ser la manera con la que alguien vaya abriéndose paso. Creo en las editoriales como filtros en los textos. Nos encontramos en una situación en la que se publica tanto que el problema es que te ves envuelto en una catarata de novedades. Los libros lo tienen muy difícil para destacar en medio de ese alud. Yo reivindico la tarea del editor. No es solo quien selecciona, sino quien trabaja con el escritor para que su libro sea la mejor versión posible. Es importante tener a alguien que cuestione tus decisiones, haga propuestas y que tenga una mirada más exterior.

P: El Infinito en un junco es una obra que ha recibido un sinnúmero de premios. ¿Son importantes los premios literarios?

R: Siendo muy jovencita recibí algunos premios literarios de ayuntamientos. Por supuesto, tuvieron mínima resonancia pero fueron importantes. Los premios pueden ser un motor para la creación, dar ánimos, resolver problemas económicos de los autores que comienzan. En ese sentido, me siento agradecida a esos pequeños premios de ayuntamientos, administraciones que están dispuestos a premiar autores que empiezan. Sabemos que también hay premios que son publicitarios. En realidad, son promociones para determinados autores.

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