Un premio Loewe médico – poético
Orlando Mondragón (México, 1993) es poeta y médico cirujano. Uno de los rostros jóvenes más representativos de la poesía mexicana. Ha escrito Epicedio del padre (IV Premio de Poesía Joven Alejandro Aura) y Cuadernos de patología humana (XXXIV Premio Loewe).
Aprovecho una pequeña estancia del poeta en Madrid y nos citamos en la cafetería de La Central de Callao. Tras un pequeño recorrido por la sección de poesía y recorrerla escuchándolo atentamente, conversamos sobre sus obras, poesía, perspectivas literarias, influencias y proyectos futuros.
Actualidad, poesía y medicina
P: ¿Estás trabajando en algún poemario nuevo después de Cuadernos de Patología Humana?
R: Tengo un proyecto en el que estoy trabajando ahora mismo. Va sobre el deseo homosexual, el erotismo.
P: Estilo Gioconda Belli, a nivel erótico.
R: Sí, por supuesto. Muy de la mano de Gioconda.
P: Una vez que lo tengas acabado. ¿Qué harás con el manuscrito? ¿Lo enviarás a algún premio, lo propondrás a editoriales?
R: Es complicado, no sé cómo hacerlo todavía. Lo más fácil sería enviarlo a un premio, ver si gana y, a partir de allí, llegar a un contrato editorial. Que es lo que he estado haciendo, porque pues yo… del mundo editorial no sé mucho. Sin embargo, quisiera tener algo más sólido para poder presentarlo.
P: Creciste en un pequeño pueblo de Guerrero (Zirándaro de los Chávez). Allí empezaste a dar tus primeros pasos como lector, declamador, conociste el Siglo de Oro y luego te atreviste a crear tu voz poética. ¿De qué forma influyeron las actividades culturales que se realizaban?
R: Era un pueblo superchiquito como de 3 mil habitantes. Ahora tiene unos 7 mil. Era un pueblito de Guerrero, no es costa. Por lo tanto, no es un lugar turístico. La gente se movía en burro, caballo para vender cosas en el mercado. En el pueblo no había ni cine ni nada que me entretuviera, pero había un teatro a cielo abierto donde se presentaban los muchachos de preparatoria, primaria. Había danzas regionales, teatro, música y, por supuesto, poesía e incluso yo declamaba [sonríe]. Era un niño de 6-7 años y pues a los niños casi nadie los escucha. En algún momento, me aprendí un poema y todo el mundo volteó a verme. Fue una sensación muy poderosa.
P: ¿Conoceremos a un Orlando novelista?
R: Ay, no sé no creo. No tengo el talento.
P: ¿No te ves escribiendo en prosa?
R: En prosa, sí. Tengo por allí artículos o ensayos, pero… ¿una novela? Es muy complicado todavía. Quieres que me pase al lado oscuro de la novela [entre risas]. Siento que es otro tipo de preparación, concentración y arquitectura. No sabría si tengo la capacidad ahora mismo.
P: Repasando todas las entrevistas que has concedido siempre sale la cuestión típica: “Médico y poeta”. Sin embargo, ya se han dado en la literatura algunos casos: Jaime Sabines, William Carlos Williams, Robin Cook, Oliver Wendell. ¿Por qué crees que causa tanta curiosidad?
R: Porque se piensa que son temas distantes. Bueno y a parte que el libro es lógicamente de tema médico. Se piensa que la poesía y la medicina no tienen nada que ver, pero comparten la curiosidad y el asombro que son los principales motores de ambos. Esta curiosidad y capacidad de descubrimiento son la médula central de la poesía. Poesía viene de “crear” y la creatividad es uno de los pasos necesarios de la ciencia. Pensar en temas aparentemente inconexos e irresolubles sucede en ambas disciplinas.
Epicedio del padre y Cuadernos de patología humana
P: Tu primer libro fue Epicedio del padre, asesinas a tu padre de forma ficticia. Es un libro a nivel personal sanador.
R: Es otro tono e intención. Epicedio del padre tenía algo como de denuncia, pero va más allá de lo médico. Se acerca más a la ternura. Es un hijo y su padre de las relaciones más poderosos y más antiguas. Mis padres se opusieron a mi homosexualidad y a partir de este libro hubo como la oportunidad de sanar la relación. Me sirvió más de lo que me esperaba.
P: ¿Cambiarías algo de ese libro?
R: No cambiaría el tema ni la licencia poética que me di al matar a mi padre, pero sí cambiaría poemas y algunos versos.
P: En Epicedio del padre vemos a un poeta en construcción, pero ya con unas herramientas poéticas bien utilizadas. Sin embargo, la evolución hacia tu segundo poemario es radical.
R: Después de Epicedio del padre quería escribir un libro que fuese como una antología de poemas. En México se usa mucho que el libro sea monotemático respecto al tema que se trata. Son justamente los libros que te piden para obtener becas: hacer un proyecto con una coherencia y congruencia interna. Que esos hilos estén muy bien amarrados. En definitiva, que sea un monotema. A mí me llamaba la atención hacer otra cosa. Algo más como una antología de poemas que tuviera cosas en común, pero no la propuesta inicial. Sobre todo, porque tenía esta idea de que la medicina no era compatible con la literatura. En un principio me planteaba que eran cosas dicotómicas.
P: Llevaste a cabo un proceso bibliográfico.
R: Sí, efectivamente. ¡Total! Tenía la intención de hacer un libro sobre mis experiencias del internado y se lo comenté a un amigo. Él me recomendó a un autor y supe que eso era lo que quería. Tenía ya unos referentes, pero también descubrí a Isla Correyero, Miroslav Holub e incluso a una poeta mexicana contemporánea que también es psiquiatra y escribe en mi estilo.
P: Con Cuadernos de patología humana te alzas con el Premio Loewe. ¿Fue un punto de inflexión en tu vida?
R: ¡Totalmente! No me lo esperaba. Yo aspiraba al premio joven. Nunca pensé que ganaría el Loewe grande. Me ha dado la oportunidad de ir a varias partes del mundo: Madrid, Dinamarca, Colombia, próximamente quizá me vaya a República Dominicana. Para mí que era un autor prácticamente desconocido y con un solo libro, ganar el Loewe ha significado mayor visibilidad.
P: Este libro sale de una beca artística.
R: Sí, sale de una beca. Parte fundamental del proceso creativo de un libro es comer [sonríe]. Cuando obtuve la beca de este libro acababa de salir de medicina, no sabía qué hacer con mi vida, no tenía para dónde ir… tuve la beca y me puse a escribir. Después recibí la beca de la Fundación para las Letras Mexicanas y fue otra oportunidad para seguir escribiendo literatura.
P: En el panorama mexicano. ¿Cómo son las becas artísticas?
R: Te pagan una beca. Es una casa enorme en la Colonia Roma de Ciudad de México. Antes se llamaba Fundación Octavio Paz, pero le cambiaron el nombre. Tenemos que ir a esa casa por lo menos 8 horas al día. Hay un taller de poesía que es dirigido ahorita por María Baranda, una poeta mexicana extraordinaria. Todos los miércoles teníamos asesoría con ella, llevábamos poemas y los comentábamos. También había un taller información de cuento, música, de Dante o El Quijote.
P: En el libro encontramos enfermedad, muerte, luz, vida e incluso Margo Glantz lo describe como “Un diario médico preciso”. ¿No tienes impostura a la hora de sentarte a escribir un nuevo libro y que no sea tan bueno como el anterior?
R: Sí, sí, sí… mucho [entre risas]. Es que sí impone un premio así, ¿no? Para la escritura y para tu propia creatividad. Logro lidiar con ello pensando que hay autores que tienen libros buenos y malos. Me encantaría que todos mis libros fueran el Loewe, pero sé que no. Voy a tener tropezones en el camino y que un libro se escribe porque hay una voluntad de decir algo, no por querer ganar un premio.
Poesía latinoamericana, española y premios literarios
P: ¿De qué forma ha influido la literatura española en ti?
R: Siempre se voltea a ver. Compartimos esta casa enorme que es el español. A mí me gustan muchos autores españoles. Hay propuestas muy interesantes y no todas tienen que ver con el medio canon. Siempre hay una mirada para lo que se está haciendo en otros países, un tanteo, una aproximación.
P: ¿Sigues de cerca al panorama joven o lo que se está escribiendo en España?
R: Sí, sí me gusta. Por ejemplo, Berta García Faet, Elena Medel, Raquel Vázquez, la propuesta del Mario Obrero también está interesante.
P: ¿Cómo ves el panorama de la poesía latinoamericana?
R: Riquísimo. Me encanta. Hay muchas cosas sucediendo aquí y allá. Por supuesto, vasos comunicantes. En México me gusta mucho Elisa Díaz Castelo, Ángel Vargas, César Cañedo. Hay muchas propuestas distintas entre sí. Pienso, por ejemplo, en Yolanda Segura, Merari Lugo Ocaña.
P: ¿Crees que se deberían de crear más lazos entre poetas latinos y españoles jóvenes?
R: Los festivales de poesía implican una nutrición entre los asistentes. Hay diferencias estéticas entre los autores, pero no quiere decir que nos confronte como creadores. Se pueden crear lazos de amistad y considero que es una forma bella de acercarse. Desde la amistad y la confianza a la poesía de otras latitudes.
P: ¿Qué opinas de los premios literarios?
R: No son necesarios los premios literarios. El libro es bueno o es malo y el tiempo —que es el mejor librero— sabrá poner el libro en el estante que le corresponde, pero si me preguntas a mí: un joven que venía desde la medicina, sin contactos editoriales, sin formación literaria… ganar ese premio nacional en México fue ponerme en el radar. Significó cierta validación y me animó a continuar. Fue pensar que la mirada de otros en lo que escribía era posible, algo que valía la pena seguir intentándolo. Yo, por ejemplo, veía en mis diarios hace unos años durante la pandemia que estaba tirando la toalla. Me preguntaba si valía la pena, seguí escribiendo y ganar el Loewe fue como un: “Sí, tú puedes. Adelante”.
P: ¿Puede triunfar un poeta joven sin un premio literario?
R: Claro, por supuesto. Como Chantal Maillard u Olvido García Valdés. Ahora tienen todos los premios, pero porque son enormes. El libro se va a mover con o sin premios. Pienso en Sergio Loo, uno de sus últimos poemarios, Cuerpo enfermo, ha circulado bastante. Hay mucha incertidumbre cuando eres poeta joven.
P: ¿Cómo ha sido tu relación con la crítica?
R: Bien, favorable. Hay algunas que no son del todo favorables, pero no se puede ser monedita de oro. Han dicho en México que es un libro sensible, que se mueve hacia la compasión de los cuidados del otro y creo que se ha captado muy bien. No siempre hay que escuchar a los críticos.
Manías y recomendaciones
P: Manía o manías que tengas al escribir.
R: Morder mi lapicero.
P: Autores que más te han influido.
R: Wislawa Szymborska, Olvido García Valdés, Chantal Maillard, Jaime Sabines, Gioconda Belli, Rubén Darío…
P: Una palabra que ames.
R: Ornitorrinco.
P: Una que odies.
R: Obvio.
P: Una que te dé miedo.
R: Sonda nasogástrica.
P: Un verso.
R: Un sauce de cristal, un chopo de agua… de Octavio Paz.
P: La literatura es imprescindible porque…
R: Nos acompaña.
P: Una obra que te hubiera gustado escribir.
R: Poemas en prosa, de Jaime Sabines.
P: Un autor o autora con el que te irías a tomar algo.
R: Oscar Wilde.
P: Un premio que te gustaría ganar.
R: El Loewe otra vez.
P: ¿A quién le darías el próximo Cervantes?
R: A Cristina Rivera Garza.
P: Alguna recomendación para aquel que les esta entrevista.
R: Lean, encuentren el libro que los acompañe y no lo suelten.


