Después de lo que nos deparó La guerra, la saga Blackwater se acerca a su final y aborda la descarada fortuna de la familia Caskey
La quinta parte de la saga Blackwater se prepara para su última entrega. En el inicio de La fortuna, podemos ver cómo parece que todo va viento en popa para los Caskey, pero a medida que alguien avanza entre sus líneas, se da cuenta de que pareciese que McDowell está construyendo una torre de naipes para derribarla de un soplido en el final.
Es casi imposible que esta saga tenga un final feliz, pero antes de comenzar el camino hacia el último tomo, hay que analizar bien qué es lo que ha sucedido en La fortuna.
¿Qué fortuna, exactamente?
Una de los factores que más importan para poder analizar a la familia Caskey de esta época es que tienen tanto dinero que no saben en qué gastarlo. El aserradero ha sido todo un éxito y el ansia de poder de Miriam la hacen marcharse a varias reuniones de negocios. De hecho, la primogénita de Elinor no tienen ningún otro interés en algo que no sea el característico olor del dólar.
Es más, uno de los aspectos más interesantes de Miriam en esta entrega es el desinterés total que tiene en los hombres. A pesar de compartir habitación con Billy y compartir escenas en las que podrían tener una posible intimidad física y de recibir una propuesta de matrimonio, Miriam rechaza ambas opciones con descaro.
Y es que, tal y como hemos visto en anteriores entregas, Miriam tiene una capacidad de análisis muy por encima de lo común, por lo que todas sus acciones son medidas con la vara de la razón (si es que consideramos, en alguna ocasión, que el corazón lo tiene en esta balanza), y sobre todo, Miriam no tiene las intenciones retorcidas que han caracterizado a las otras mujeres de la novela.
Esto es interesante si se analiza desde el punto de vista de las relaciones interpersonales entre las mujeres y sus maridos. De alguna forma u otra, ellas han conseguido manipular o dejar en segundo plano a los hombres que las acompañan. Es un rasgo común que hay que analizar en todas ellas; Sister, Elinor y Frances, son las mujeres más características de toda la saga, y las tres (sobre todo madre e hija) tienen un comportamiento muy similar con su marido, casi como si fuesen capaces de chuparles la vitalidad para estar ellas resplandecientes… no se puede decir lo mismo de Sister, claro.
“¡Soy una lisiada!”
Aunque se ha tratado de una forma en la que lo podemos dejar un poco de lado, Sister ha sido desplazado como personaje en la acción al resultar minusválida. En ficción, esto es señal de cambio, no solo porque Sister había sido un personaje decisivo en muchos momentos de la trama, sino porque ahora puede suponer un inconveniente para Miriam (así lo piensa Malcolm cuando le pide matrimonio, y no es del todo errático).
Sin embargo, en ficción, la discapacidad del personaje crea un desafío significativo que impulsa la narrativa hacia adelante. Este desafío planteado en Blackwater no solo se refiere a las dificultades físicas que enfrenta el personaje, como la movilidad reducida o la pérdida de capacidades sensoriales, sino también a los desafíos emocionales y psicológicos que surgen a raíz de su nueva condición. Estos desafíos pueden incluir la lucha contra la depresión, la ansiedad o el resentimiento hacia su situación.
Además, esta misma discapacidad puede cambiar las dinámicas de poder y las relaciones interpersonales de la historia, como bien se vio en un diálogo entre Miriam y Sister. Miriam, que antes dependía de alguna manera (aunque sea solo afectivamente) de Sister, ahora se tiene que ajustar a la situación de lo que supone tratar con una persona que no puede mantenerse en pie, por lo que de esta manera tan orgánica, podemos ver cómo se redistribuye el poder.
Una de las cosas que más espero de la sexta y última entrega sería que McDowell otorgase un par de líneas más a la discapacidad de Sister para poder examinar la percepción social de esta misma, tal y como ha hecho con otros temas que aún eran tabú para la época de su escritura (y para la ambientación histórica de la novela). La forma en la que los personajes interactúan con un personaje discapacitado y cómo la sociedad en general responde a su discapacidad puede revelar prejuicios y estereotipos profundamente arraigados.
Todo vuelve a lo que una vez fue
En esta historia de terror que a veces se entremezcla con un drama familiar, vemos cómo los personajes son cada vez más extraños a medida que van apareciendo nuevos en la trama. Tal y como pasó con Elinor, Frances ha tenido dos niñas. Al menos, puede asegurar que una de ellas es una niña.
Esta es la entrega en la que más se nos ha podido mostrar de la verdadera naturaleza de Elinor y de Frances, uno de los misterios de la saga Blackwater. No solo en la forma física de ambas, sino en la percepción que tienen sus dos maridos sobre ellas… porque es demasiado extraño que Oscar haya estado engañado tanto tiempo: lo más probable es que simplemente se haya rendido en este juego y haya decidido seguir con Elinor sin querer saber qué es lo que esconde para vivir más tranquilo.
Frances tiene gemelas, pero en realidad está mucho más interesada en una de las dos, en la que no tiene forma humana y se asemeja más a lo que ella y su madre son. Bajo el nombre de Nerita, (como el nombre la hermana de Elinor), Frances da a luz a una gorgona (aunque aún no se ha especificado con exactitud qué clase de criatura es) como ellas, que tiene que lanzar al río desesperadamente para evitar su muerte.
Tras eso, Frances huye a las aguas del río de Perdido para poder reunirse con la hija que verdaderamente siente como suya, y deja a su otra gemela, Lilah, abandonada con las otras mujeres que merodean por su hogar… algo parecido a lo que sucedió con el nacimiento de Miriam. A medida que pasan los años su forma humana se va debilitando cada vez más debido a sus huidas al río, por lo que, al final de la novela, toma la decisión que da pie a la última entrega: Frances Caskey decide rechazar la identidad que le ha servido de máscara y vivir dentro de las aguas.
Es sobrecogedor cómo esta elección revela una exploración profunda de la dualidad humana y la búsqueda de la identidad en un entorno sobrenatural. A través de los personajes de Frances y Elinor, se nos presenta la idea de que las apariencias pueden ser engañosas, y que la verdadera naturaleza de una persona puede estar oculta bajo una fachada cuidadosamente construida.
Que Frances decida abandonar su forma humana y sumergirse en la profundidad representa un acto de liberación y autenticidad, uno del que estaba intentando escabullirse constantemente pero que, aún así, le estaba otorgando infelicidad. Además, el abandono de Lilah también refleja los dejes de la mala maternidad de Elinor en Miriam visto desde los ojos de Frances. ¿Si Elinor hubiese sido una madre equitativa… Frances hubiese tomado esa decisión?
¿Y ahora qué le sigue a la saga Blackwater?
Todo lo que ocurre de aquí en adelante lo podremos descubrir en la última entrega de la saga Blackwater, Lluvia, que pondrá fin a uno de los mejores fenómenos editoriales de los últimos tiempos.

El libro se estrenará el próximo 17 de abril, y se ha convertido en uno de los finales más esperados de este último año. Es inevitable comenzar a cuestionarse cuál será el destino de los Caskey con tan solo ver la portada. ¿Encontrará Frances la redención y la paz que busca en las profundidades del río? ¿Qué pasará con Elinor y Miriam? ¿Y qué papel desempeñará Lilah, la hija abandonada, en el clímax final de la saga?


