Todas las guerras empiezan en verano responde la universal pregunta: Si pudieras hablar con tu yo del pasado, ¿qué le dirías?
En un momento sin precedentes para la libertad femenina, una joven mujer puede perderse entre relaciones fallidas y trabajos precarios. Hace dos décadas, los iniciales novelas sobre las que se basaron Sexo en Nueva York (Daren Starr, 1998-2004) o El diario de Bridget Jones (Sharon Maguire, 2001) abordaban los problemas a los que se enfrentan la nueva generación de mujeres empoderadas y, más recientemente, películas y series como Frances Ha (Noah Baumbach, Greta Gerwig, 2012), Fleabag (Phoebe Waller-Bridge, 2016-2019) o La peor persona del mundo (Joachim Trier, 2021), así como literatura como Normal People (Sally Rooney, 2018) o Todo lo que sé sobre el amor (Dolly Alderson, 2019) ponen de manifiesto que la confusión no ha desaparecido, sino que se ha agravado con la liquidez de los vínculos interpersonales y el sexo casual a golpe de match.
La protagonista de la última novela de Diana Aller, Mencía, se suma a la larga y amada lista de heroínas que, a pesar de la desordenada vida personal que llevan y una tendencia inevitable a hacer el ridículo, cautivan con su autenticidad e incomprensión. Con irreverencia y humor, Diane Aller describe a la perfección los pasos a ciegas que damos al convertirnos en adultos y la belleza del caos que provocan nuestras imperfecciones.
El descontento de Mencía, la pandemia del siglo XXI
Mencía es una millenial insatisfecha a nivel laboral y decepcionada en el plano romántico. La falta de rumbo le hace repetir las mismas relaciones esporádicas y buscar la evasión en el alcohol y drogas que dominan sus noches de fin de semana. Por mediación de su psicóloga, escribe una carta a la Mencía adolescente para advertirla del fatal desenlace de las decisiones que tomó a su edad y actualizarla sobre las redes sociales y horribles tendencias musicales actuales, sin saber que la mañana siguiente recibirá una respuesta. El verano de 2025 se verá marcado por esta inusual correspondencia que la hará reconectar con su pasado y reflexionar sobre su presente.
El tema principal de Todas las guerras comienzan en verano es la reconciliación de nuestras versiones adultas y aquellas adolescentes. En el punto de partida de la transformación estival, Mencía reprocha a su juventud el camino que escogió, culpando a su criterio de la posición en la que está; para cuando empiezan a caer las hojas de los árboles, la protagonista perdona la incertidumbre de la Mencía de 17 años y contempla el transcurso de su vida desde otra perspectiva, una más amable y agradecida.
Mencía se une así al club de Frances, Marianne y Julie, personajes ficticios que son espejo del tumultuoso período de los 20 y 30 años: las persistentes relaciones desastrosas, los empleos efímeros y mal pagados, y una manera de actuar errática y destinada al arrepentimiento. Sin embargo, detrás de todas estas meteduras de pata, se encuentra una mujer independiente y determinada que, a pesar de no saber lo que quiere, va valientemente improvisando sobre la marcha.

Frances, Fleabag y ahora Mencía… ¿Por qué son tan populares estos personajes?
Aunque en ocasiones los defectos de este arquetipo son magnificados con fin cómico, todos podemos sentirnos identificados con la franqueza que le vale situaciones embarazosas, la propensión a tropezar con la misma piedra múltiples veces y su vulnerabilidad, desorientación y falta de control en algún momento de nuestra vida. Por ello, son tan importantes como iconos femeninos porque, en vez de poner unos estándares inalcanzables, reflejan las dificultades de la mujer contemporánea y animan a aceptar los errores e inseguridades.
Con el surgimiento de nuevas ideas sobre el empoderamiento de la mujer, el género ha evolucionado. Los personajes más recientes en esta línea no buscan desesperadamente triunfar en el amor como lo hacían las pioneras Carrie o Brigdet. Es cierto que Aller desentierra a Nacho del pasado de Mencía para que actúe como su interés amoroso y que el final de la novela esboza un futuro juntos, pero no forma parte de su proceso de sanación. Son sus amistades, familiares y el recuerdo de las diferentes versiones de ella misma los que le hacen despertar el amor propio. La Mencía que emerge tras expedir su última carta a 1999 no cambia drásticamente su modo de vida, pero aprende a valorarlo y a despreocuparse de las cosas que le roban el tiempo, una lección que la convierte en otro referente que debe ser admirado por su independencia y realismo.
Sobre la autora de Todas las guerras empiezan en verano
Diana Aller es escritora, guionista y columnista. Tras estudiar Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid, se graduó en Estética por la Università degli Studi di Bologna, en Italia. Ha colaborado con periódicos como El Mundo y El País, entre otros, y realizado realities, datings, talent shows, concursos y corazón en televisión. Es la autora de las novelas Coños como el de Marta (2017) y La hija del reparador de calderas (2020), además del blog Lo dice Diana Aller que mantuvo durante dieciséis años. Actualmente conduce el podcast Ola Cariño y pincha música tecno en locales a lo largo de Europa.


