Ibéricas retrata a nobles, religiosas y campesinas que hicieron historia, todo para hacernos sospechar de lo que sabemos de la Edad Media
Ibéricas marca el último hito de la trayectoria de Ángela Vicario como divulgadora. Se une a haber colaborado con La 2 y Amazon Prime Video, tener publicada la novela Donde callan las piedras y divulgar durante años sobre la Edad Media en redes sociales. En esta ocasión trata uno de sus temas estrella: las mujeres medievales.
Vicario parte de la hermenéutica de la sospecha, esa necesidad de cuestionar lo que creemos saber, lo que nos han enseñado. Porque los textos y las palabras pueden tener significados escondidos, fruto de sesgos que quizá ni el propio autor conocía tener. En Ibéricas podrás conocer la realidad detrás de los mitos sobre las mujeres. Esos que intentaban, más que entender, controlar sus decisiones vitales.
Incorporar diversidad en la divulgación
Pregunta: El libro brilla por su diversidad. Hablas de las mujeres que estaban en distintos lugares dentro de la península ibérica, no solo de los reinos cristianos, pero también de mujeres que tenían discapacidad… ¿Cómo crees que otros divulgadores pueden incorporar diversidad en sus escritos?
Respuesta: Siempre que en tu cabeza este la motivación de incorporar diversidad, vas a encontrar una manera. A mí me inspiró muchísimo una amiga que tiene una discapacidad. Si no fuera amiga mía, creo que no me habría planteado incorporar diversidad funcional al libro.
Falta mucho por hacer en este ámbito, porque creo que la discapacidad todavía no ha interesado demasiado dentro de la academia. Pero creo que cuando empiezas a buscar te das cuenta de cómo puedes incorporarlo. En el momento en el que tú te planteas, quiero tratar este tipo de diversidad y te pones a buscar las propias fuentes, son ellas las que te van derivando y te van dando ideas de cómo puedes hacerlo en tu propio campo.
Mantener y ampliar derechos
P: Nos hablas de que a las mujeres en cuanto se las veía esa ambición de poder o lo conseguían, se las quitaba de en medio mediante leyes. Hay una frase que utilizas: si las mujeres del siglo XIX estaban peor consideradas que las del 1000, fue porque la rueda de la pérdida de derechos empezó a girar entonces, a finales de la edad media. ¿Cuál puede ser la solución para que las mujeres y otros grupos sociales puedan estar en el poder?, sin que siempre les estén quitando derechos.
R: Siempre nos van a estar intentando quitar derechos, hay que partir de ahí. Vivimos en una sociedad muy opresora en todos los sentidos y queda mucho para que sea completamente igualitaria. Entonces creo que lo necesario es seguir luchando. No podemos dar por sentado que los derechos que tenemos ahora van a seguir para siempre.
En aquel momento perdieron derechos, no los ganaron. Eso significa que nosotras podemos perderlos. También podemos ganarlos. Pero podemos perderlos. Lo fundamental es ser muy conscientes de que no todo tiempo pasado fue peor, y que el tiempo futuro puede ser mejor, pero también peor.
Es fundamental mantener la memoria histórica, saber lo que pasó para no repetir los errores del pasado y para ser conscientes de quienes somos. Si perdemos la memoria de las mujeres que vinieron antes que nosotras, de las filósofas, escritoras, científicas y matemáticas, siempre vamos a estar empezando desde cero.
Las Targaryen visigodas
P: Haces referencias a Juego de Tronos, no sé si eres fan…
R: He sido fan. Es una serie que ha envejecido mal, creo que envejecerá mucho mejor La Casa del Dragón, está hecha con otra perspectiva. Me gusta mucho más y estoy deseando que salga la siguiente temporada. Pero Juego de Tronos me parece muy buen ejemplo porque es una serie que ha visto casi todo el mundo, o al menos casi todo el mundo interesado en la historia medieval. Y como da una idea equivocada de lo que es la Edad Media, es muy fácil poner en un contraste la realidad y la ficción.
Disfruté mucho Juego de Tronos en su momento. Ahora me parece profundamente machista. He hecho análisis de ciertos capítulos a lo largo del tiempo y creo que hay una perspectiva machista innecesaria para mostrar la trama.
P: ¿Reconoces a alguna de tus mujeres en Juego de Tronos o La Casa del Dragón?
R: En La casa del Dragón no podría identificarlas con ningún personaje, pero me recuerdan mucho las dos a las reinas visigodas, Gosvinta y Fredegunda. Ese poderío femenino. Esa violencia sin pedir perdón. Esa importancia del clan familiar. Las mujeres Targaryen se asemejan a las reinas visigodas. Toda la trama visigoda de la venganza se parece bastante al funcionamiento de la casa Targaryen.
P: ¿Podrías describir a las mujeres que son «protagonistas», las que aparecen a lo mejor en la contraportada porque sino hay muchísimas, con una palabra, un distintivo, para dejarnos algo de cada una de ella?
R: Aldonça de Bellera, orgullo; Élia Gala Placidia, entrega; Gosvinta, venganza; Egilona, injusticia; Yamila Bindt ‘Abd Al-Yabbar, valentía, Urraca de Zamora, rompedora; Elvira de Toro, ensombrecida; Subh Al-Bashkunsiyya, misteriosa; Beatriz cabeza de vaca, pecadora; Urraca de León, poderosa; Wallada Bint Al-Mustakfi, sensible; Isabel La Católica, multifacética; Juana de Castilla, destronada; La payesa Baier, revolucionaria y Teresa de Cartagena, filósofa.

Documentación y diseño
P: Quería preguntarte por el proceso de documentación.
R: Ha sido duro y divertido a partes iguales, porque a mí me encanta leer. Disfruto muchísimo del proceso de documentación. Doy las gracias a un montón de investigadoras que desde los años 90 me han allanado el camino. Ellas hicieron la primera labor de meterse en las fuentes y descubrir a esas mujeres que estaban medio ocultas.
Sin haberlas leído no habría podido dirigir mi proceso hacia las fuentes que lo he hecho. Igual habría buscado más en crónicas y no me habría metido tanto a esa diversidad de fuentes de la que hablo en el libro. Es super importante buscar también en la arqueología, la cultura material, los archivos y toda esa variedad que nos ayuda a encontrar sobre todo a las mujeres anónimas.
P: La portada me parece preciosa. ¿Te implicaste en la creación?
Marinie Ruiz Cabañas es una ilustradora increíble y el proceso de creación con ella ha sido precioso. Desde Planeta me han dado mucha libertad para implicarme con la portada, para que reflejara muy bien lo que hay dentro y también mi personalidad, o sea, que el libro fuera una extensión de la autora.
La ilustradora para cada una de las mujeres me pidió referencias visuales. Hice una recopilación de la que aprendí mucho, porque la historia del vestido no es para nada mi especialidad. Pues, cómo se vestían en aquel momento las mujeres, cómo podían ser las joyas, los elementos que podían utilizar. Aprendí mucho también de algo que me fascinó: los tatuajes de las tribus bereberes de todo el Magreb. Una de las mujeres que hay en el libro aparece con sus tatuajes en la cara, muy, muy chulo. Entonces, el haberme implicado en el diseño también me ha hecho poder imaginar mejor todo ese universo.
«Seguimos siendo los mismos con distinta ideas»
P: Utilizas o explicas conceptos tipo woke u okupa . He visto otro libro de divulgación en el que incluso la autora decía, no quiero hacer ninguna reflexión que puede ser personal o del presente, porque eso no es académico. Entonces me llama la atención esa parte de tu estilo, que no sé si siempre has tenido clara o has tenido que reflexionar.
R: Siempre lo he tenido claro. He sido peleona desde muy pequeñita. Había profesores que me tenían terror. Era esta niña pesada que les decía esto lo haces mal. Absolutamente terrorífica. Entonces siempre me ha gustado incorporar activismo a todo lo que hago. Porque creo que si no tengo la visión de saber por qué estoy haciendo algo y de querer hacerlo por el bien común, de la sociedad y de todos, a mí no me merecería la pena hacerlo.
Me gusta ligar la historia con algo del presente porque quiero que el saber historia nos sirva para entendernos mejor a nosotros mismos. Saber de dónde venimos y sobre todo, a dónde vamos. Cuando puedes predecir el futuro te das cuenta de qué es lo que viene si no cambiamos ciertas cosas. Es cuando dices, tengo que alejarme de esta cosa tan recta y elitista que es la academia tradicional para poner mi opinión, que creo que también es válida. En este caso, es divulgación y por eso me permito dar más opinión.
Y luego también, no perder la oportunidad de explicar ciertos conceptos que se utilizan ahora mucho y ligarlos con la Edad Media. Por ejemplo, me gusta mucho hablar de todos esos eclesiásticos que escribían sobre que las mujeres eran terribles, hijas de eva, demonios… como incels medievales.
Porque al final, la naturaleza humana me fascina. Seguimos siendo los mismos con otras ideas y otras mentalidades. La ambición de poder, el amor por nuestra familia, el querer proteger a nuestros amigos, han existido ahora y en la Edad Media. Entonces me parece importante que la gente entienda esa humanidad del pasado y la conecte con el presente.
Educar para romper cadenas
P: En tu canal de YouTube hablabas de técnicas para intentar romper las relaciones de poder en la educación. ¿Me podrías decir si ahora has puesto esas técnicas en práctica?
R: Las puse en práctica y funcionan. Hay muchos comentarios en el vídeo de «inocente», «eso es porque no has trabajado nunca con chavales, porque son salvajes». No entiendo por qué la gente ve a los adolescentes como una raza aparte. Son personas viviendo unos cambios muy grandes en su vida: físicos, hormonales y cognitivos. El profesor tiene que ser una figura de acompañamiento, no de autoridad como un rey totalitario.
Cuando el profesor se convierte en una persona a la que respetan por su calidad docente, no por ser el profesor, ellos aprenden más. A valerse por sí mismos, a tener conciencia y capacidad crítica, a expresarse, a ser más comprensivos.
Decía Foucault que la cárcel y el colegio son lo mismo. Fíjate tú qué dramático. Pero es verdad que son lugares donde ponemos a los niños mientras vamos a trabajar, y les enseñan a ellos a trabajar en este mundo neoliberal. Aprenden a hacer lo que les diga su jefe, que es su profesor.
Sin embargo, cuando la relación es más horizontal, aprenden a pensar por sí mismos y a crear relaciones significativas entre ellos, aunque sean diferentes. Entonces son mucho menos fáciles de manipular. Eso es lo que me parece que tenía que ser la educación, un lugar en el que se crearan personas felices. En ningún sitio se habla de que sean conscientes de la sociedad en la que viven y dispuestas a no dar por sentado las cosas que les dicen que son verdad.

