En Alemania, rodeado de «espías», Daniel relata el viaje de autodescubrimiento que le lleva a crear su segunda novela
«Uno no elige las historias que va a contar. Esta no iba a ser la novela que yo iba a escribir», me explicaba Jorge Corrales en un acogedor café del barrio de las letras. Cuando le echaron del trabajo, hacía una semana desde que, por primera vez en su vida, se había sentido escritor. Había experimentado «los días de gloria de la escritura», la espectacularidad de ser un autor de éxito en Saint Jordi. En definitiva, el sueño que había perseguido hasta la saciedad. Quizá por ello, aunque el despido le dejó descolocado, también le llevó a la inspiración.
El tema central de El escritor y la espía es la escritura y, sobre todo, cómo es empezar una segunda novela. Aunque ciertamente Daniel Medina, el protagonista, comienza su historia desde un punto laboral muy diferente al de Corrales. El personaje venía de un fracaso editorial en toda regla, su dios creador de tocar el cielo con Las chicas del Muro. «Me apetecía hablar de lo que me había dado la literatura y lo que había aprendido de la escritura, pero también de esa parte un poco menos conocida de los escritores».
Corrales deja entrever que todos los personajes de la novela mantienen identidades ocultas. No es de extrañar, porque Daniel viaja a Berlín por un misterio: la historia de un libro escrito en la Alemania de los 80, aquella en la que la Stasi lo vigilaba todo. De su mirada no escapo siquiera, y esto es verídico ya que el libro parte de hechos reales, un grupo estudiantil de escritores: El Círculo de Escritores Chequistas.
«La escritura te hace feliz en soledad»
Corrales dedicó una año a «regocijarse en la escritura», durante el cuál, al igual que Daniel, partió de un momento muy bajo para irse encontrando. «Es esa cosa intangible que tiene la escritura, el hacerte feliz en soledad», describía Corrales. Sin embargo, este arte también trajo al autor y a su personaje la enfermedad del perfeccionismo.
Después de meses yendo a terapia, Corrales decidió contar a su psicóloga que había sido guionista, pero llevaba unos seis años sin escribir, «nada en absoluto». Ella pensó que tenía una herida muy grande y debía sanarla, así que trabajaron de poco en poco para hacerlo. Uno de los días fue «especial», él le confesó por qué era incapaz de escribir: «Tengo mucho miedo al fracaso, a que alguien no me lea o a que lo que lea no sea bueno».
Ella le respondió con una frase que Corrales regala en la novela. También la repite constantemente a sus alumnos de la Escuela de Escritores de Madrid: «La única forma de fracasar en la escritura, es no escribir». Entendiendo que todo lo que hiciera iba a ser siempre mejor que nada, consiguió desbloquear su creatividad.

La otra cara de Corrales
«Hay una cosa que nos pasa a algunos escritores que yo conozco. Volcamos dentro de las novelas partes de nosotros que no queremos meter conscientemente», explicaba el autor. En su caso, en notable el padecimiento de «una especie de síndrome de la amistad». «Siempre acabo hablando sobre lazos de amistad que se convierten en familia. No está en la trama, ni dentro de los personajes, pero de repente aparece».
Cuando le preguntaron qué hay de Leganés, la ciudad donde nació, en el Berlín sobre el que escribe normalmente, le costó mucho responder. «Pero llegué a la conclusión de que realmente estoy escribiendo sobre mi gente, mi familia, aquellos con los que he crecido, pero en otro lugar».
«Porque cuando encuentras tu lugar, no quieres nunca moverte de él» – P.27 de ‘El escritor y la espía’
Solo las personas que conocen a Corrales personalmente, pero de verdad, podrán entender muchas de las referencias de El escritor y la espía: «No las pongo para jugar con el lector, simplemente forman parte de mí y me es más fácil escribir sobre lo que entiendo». Mientras en la vida real se define como tímido, pudoroso ante la idea de hablar de si mismo, en la literatura hace tiempo que dejo de escribir «con el freno de mano». «He aprendido a soltarme y ahora lo suelto todo. Y hay mucho de esta novela que es muy personal».
«Cuantas más capas de ficción metamos, cuantas más falsedades, más profundo queremos esconder algo. Como en la literatura» – P. 100 de ‘El escritor y la espía’

En defensa de la democracia
Se crea un gran contraste al escuchar a los personajes hablar de su experiencia en Alemania Oriental, en contraposición al presente. Antes soñaban con cambiar el mundo, ahora, después de conseguirlo, viven en una especie de desazón agridulce. Corrales dedicaba algunas palabras a la actual situación socio-política del país: «Ayer había que investir a el canciller y, por primera vez en la historia de la democracia Alemana, no salió en primera ronda. Esas cosas antes no sucedían».
«Ya no hay buenos vinos, solo vinos superiores o mierdas de supermercado. No hay clase media. Igual que en la escritura, solo hay grandes escritores o mierdas. No hay clase media» – P.201 de ‘El escritor y la espía’
Hace dieciséis años, recién llegado al país, a Corrales le impactaba ver a los políticos explicando lo que sucedía en los telediarios: «Especialmente con la crisis económica, el ministro de hacienda contaba por qué estaba tomando determinadas decisiones». Al autor le parecía un rasgo de madurez política y democrática, de transparencia a los ciudadanos sobre lo que sucedía y nunca vemos. Ahora veía con pesar la desaparición de actuaciones similares, desplazadas por el ansía de ganar votos y la aversión a hacer política: «Que haya sucedido en Alemania y en Europa en general me parece muy grave».
Sopesaba el auge de los partidos de ultraderecha. Además de todos aquellos en contra de los valores democráticos que el país ha propugnado durante años. Sentía que Alemania había intentando por activa y por pasiva no caer en errores del pasado. Había dado un gran fortalecimiento a la sociedad civil, dotándola en el proceso de un plan de fomento de la democracia. «Si ellos que han hecho los deberes bien, se están enfrentando al mismo problema, los demás…», indicaba.
El valor de la ciencia ficción
Eran tiempos de ciencia ficción cuando los personajes, y las personas reales de la época, vivieron en Alemania Oriental. «En las épocas de crisis, estamos acostumbrados a leer y ver distopias porque nos ayudan a entender nuestro mundo», explicaba Corrales. Amante de la ciencia ficción, el contraste con los 90, cuando creció, le parecía curioso. «Cuando yo leía cómic, iba a Generación X, y me veía todas las películas de ciencia ficción del cine, no era muy normal. El género no estaba bien valorado».
«Ahora se hacen muchas películas de ciencia ficción y series, pero ya no es lo mismo. En los setenta nos encantaban ese tipo de historias, ¿sabe por qué? Porque pensábamos que podíamos tener un futuro mejor» – P.83 de ‘El escritor y la espía’
Su teoría es que era esa una época de pocos disturbios, tanto económica como políticamente. Sin embargo ahora, con el problema que están teniendo las democracias para mantenerse, se está reabriendo el género con gran éxito. «Siempre nos dan la esperanza de cambio, esa lectura de que podemos cambiar el mundo terrible al que nos enfrentamos».
El estilo literario
Una de las reflexiones sobre la escritura del libro es que cada escritor debe tener un estilo único. Si Corrales tuviera que describir el suyo en una palabra, sería «fluidez». «Elegí trabajar como guionista porque consideraba que mi forma de escribir no era suficientemente literaria», explicaba. Se definía como una persona muy concreta y de pocos alardes retóricos, aunque puntualizaba que en esta novela había intentado probarse a sí mismo.
«Mi estilo suele ser más seco. Sin embargo, los lectores tienen la sensación de que es muy fluido, de que se produce este fenómeno de hipnosis por el cual te dejas llevar», decía. Cuando las recomendaciones hablaban de haberse leído sus libros del tirón, de estar tan inmersos que no se dan cuenta del mundo real, le hacía gran ilusión.
La importancia del subtexto
«Es aburridísimo oírte hablar del marxismo y de la lucha de clases… Si quieres mandar un mensaje, lo mínimo que puedes hacer es ocultarlo. Taparlo y que sea el lector el que lo descubra, capa a capa. Eso es el subtexto» – P.142 de ‘El escritor y la espía’
El estilo de Corrales bebe de que es guionista, título con el que siempre se identifica, aunque no haya firmado nunca un guion: «Nosotros trabajamos muchísimo con el subtexto, porque en un guion el espacio vale dinero». Su formación no ha dado cabida a utilizar la retórica para llegar a sitios, a diferencia de lo que hacen otro escritores. En su lugar, el autor aprendió a decir lo máximo con lo mínimo, a utilizar el subtexto para que se entienda todo lo que quiere decir, pero haya partes que en el texto no aparezcan.
Esa economía gusta a muchos lectores, pero suele decepcionar a la crítica literaria . «Para mí no es ni bueno ni malo, son formas diferentes de llegar a sitios parecidos», se defendía Corrales. También apreciaba que hay escritores «maravillosos» que utilizan un estilo seco y un gran subtexto, encantando a todo el mundo. Sin embargo, en el momento en que la trama se comía a los personajes no solía gustar a la crítica, «pero sí al público».
Un spoiler no escrito
Durante la creación de esos personajes, Corrales se lo pasaba en grande imaginando la verdad que cada uno no muestra al resto: «Saber que ha pasado con los personajes fuera de la novela es interesantísimo». Y para él lo más interesante es no conocer el destino del narrador de la novela. «Me parece precioso que el personaje, ahora que ha hecho lo que había que hacer, libremente pueda elegir su propio final».
A Corrales le encanta que comencemos la novela por el final, nos pasemos toda la trama intentando entender qué llevo a ese punto, para que lo que pase después sea un misterio. Porque, como deja claro, no hay segunda parte, el final «está cerrado». Entra en contraposición directa con él de Corrales, que de seguro permanecerá abierto por muchos libros.


