La mala repartición de poder y la falta de democracia interna, problemas clave para los partidos a ojos de un exmilitante morado
Podemos, Sumar, dos partidos posicionados a la vanguardia del feminismo, dos partidos cuyos fundadores han tenido escándalos de abuso sexual. Es más, los partidos han demostrado poca transparencia, ya que sus votantes se han enterado después de denuncias en redes social o medios de comunicación. Desde El Generacional hablamos con un exmilitante de Podemos, tres militantes de otros partidos, un periodista y un exvotante de Podemos, para esclarecer los fallos estructurales que pudieron llevar al abuso de poder.
El comienzo de todo
El jueves 24 de octubre, el exportavoz parlamentario de Sumar, Íñigo Errejón, anunciaba su dimisión en X. Los lectores añadían al tuit una nota aclaratoria que indicaba que «su dimisión coincide con acusaciones por acoso y maltrato a mujeres». La acompañaba el enlace a una noticia del periódico Público, primer medio en revelar que la renuncia de Errejón se producía tras las acusaciones. También que estas partían de una publicación en Instagram, subida a la cuenta de la periodista Cristina Fallarás.
Por una parte, no era de extrañar que saliera de una cuenta de testimonios anónimos de violencia machista. Por otra, la vinculación de Fallarás con Público y Podemos, y del propio diario y el partido, podía ponerse en entredicho. Así lo hizo Raque Ogando, activista en contra de la discriminación de género y de clase, y exmilitante de Podemos. Sentía que Fallarás no estaba siendo justa al dar voz a denuncias anónimas, como tampoco veía correcto el trato a Errejón después de la denuncia de Elisa Mouliaá.
¿Todo vale por hacer justicia?
Raque Ogando decidió abrir un debate sobre la «legitimidad de Podemos para hablar de feminismo», además de lo que ella veía como «presunción de credibilidad» para denuncias anónimas sin pruebas publicadas en redes, según defendió posteriormente en el programa Horizonte.
Para ello, publicó un audio y mensajes de WhatsApp de personas cercanas al partido. Todo sin el consentimiento de los implicados: el periodista Sergio Gregori y su novia, Ayme Román, quién divulga sobre filosofía política en redes. Las pruebas apuntaban a comportamientos cercanos al acoso sexual de Monedero hacia varias mujeres. Para sacarlas a la luz, Ogando primero pidió ayuda a los medios de izquierdas, pero ante la falta de respuesta publicó en ABC. Ogando llegaría después a publicar una carta de disculpa a Monedero.

La respuesta de Román
La actuación de Raque Ogando fue criticada por Román. Decía que Ogando no había tenido en cuenta a las víctimas, que no querían que el caso se hiciera público. También explicaba que ella, lejos de obstaculizar que se supiera sobre el caso, había aportado recientemente información a medios reputados de izquierdas, que investigaban el porqué de la negligencia, en lugar de querer utilizarla como arma arrojadiza contra Podemos.
¿Oportunismo político a costa de las víctimas? ¿De parte de qué bando? La verdad puede estar entre medias de lo que Román y Ogando cuentan, o en solo una de las partes, pero como pasa con todo tema controvertido, de seguro está escondida detrás de las estructuras de poder.
Bases débiles
«Podemos siempre ha tenido una base grande, pero no necesariamente bien formada políticamente para poder hacer frente a la dirección si esta se torciera», explica Juanjo. V. Peláez. Tuvo dos cargos en la formación morada antes de dimitir: responsable político municipal de Podemos Antequera y representante de la comarca de Antequera.
Para el exmilitante, el encubrimiento dentro de Podemos y Sumar representa una «clara muestra» de su burocratización. «La base del partido puede ser pequeña, pero si está muy bien formada, será gente más crítica y por tanto, podrá poner freno a la verticalidad».
«No solo no había formación a la base dentro de Podemos, sino que además pedíamos formarnos para la batalla política, para el día a día, y la dirección ignoraba las peticiones»- Juanjo. V. Peláez.
Piensa que prescindir de la militancia es inusitado en la izquierda, para la que históricamente ha sido siempre muy importante tener una militancia fuerte, «músculo» para enraizar en zonas y territorios. Los partidos intentaban tener representación en las asociaciones de vecinos, los comités sindicales, las fábricas, los consejos de estudiantes, etcétera.
Hiperliderazgo
Entre las estrategias fallidas de Podemos estaba que el portavoz estatal directamente se conectara con el votante, sin que de por medio hubiera militancia. También la de que del dirigente del partido salieran las ideas hacia la base, para que luego esta conectara las ideas en todo su territorio.
«Julio Anguita ya advertía que esto tiene sus peligros, y es evidente que se da al hiperliderazgo», comparte Peláez. Considera que Errejón criticó mucho el hiperliderazgo, pero luego en Más País fue más acusado que en Podemos. Considera prueba de ello la dificultad de encontrar información sobre qué congresos ha tenido Más País, qué ideas se han discutido en ellos, qué documentos se han aprobado, cuánta gente ha participado, etcétera. «Realmente, el partido era una persona mediática que prácticamente hacía y deshacía como le daba la gana».

Cercanía de clase vs. arraigo territorial
Peláez considera que Podemos, en sus inicios, representó más cercanía con la clase trabajadora que Izquierda Unida, pareciéndole esta un aparato burocrático un poco alejado de las masas. Sin embargo, Izquierda Unida contaba con mayor vínculo con la clase, formaba parte del territorio, lo que la ayudó a perdurar por más tiempo en Andalucía.
«En los pueblos de Andalucía Izquierda Unida tiene un arraigo territorial que Podemos ni llegó a soñar nunca», decribe Peláez. Habla de alcaldías en un montón de pueblos; muchas sedes que se construyeron durante la transición y los años posteriores, con obreros dedicando fines de semana a construir las sedes del PCE y de una gran historia del Partido Comunista y luchas obreras.
«Izquierda unida incluso en la ciudad siempre estuvo más enraizada. Y luego con la volatilidad de los procesos, Podemos se desinfló rápidamente por la poca estructura y pocos cuadros que tenía», explica Peláez. Considera que mientras Podemos prácticamente ha desaparecido del territorio, Izquierda Unida sigue teniendo cierta estructura.
Reformas insuficientes
«Ya antes de que ocurrieran estos escándalos, la gente percibía la falta de coherencia entre lo que predican y lo que los hechos demuestran, sobre todo una vez que han llegado al Gobierno», cuenta Peláez. Habla de un sentimiento de decepción de los votantes, al constatar que Podemos no cumple nada de lo que empezó predicando. Del programa inicial Peláez destaca las nacionalizaciones de las principales palancas de la economía, la renta básica universal, la jubilación a los 60 años y la derogación de la ley mordaza y las reformas laborales de Zapatero y Rajoy.
«Las reformas que han conseguido son prácticamente ridículas en comparación con todo lo que han tenido que tragar», dice Peláez. A la respuesta que dan de que no tienen fuerza suficiente, el exmilitante replica que ya se les advirtió que podía pasar antes de formar Gobierno.
«Si ya por todas estas cuestiones, el mensaje de estos partidos políticos estaba muy en entredicho, después de este tipo de actuaciones, es como la decrepitud máxima«, concluye Peláez sobre el encubrimiento de los abusos.

¿Es la libertad de expresión la libertad del dueño de la imprenta?
En relación con la acusación de Raque Ogando de que había medios de izquierda, supuestamente independientes, demasiado controlados por Podemos, Peláez responde que la izquierda tiene que dotarse de sus propios medios de comunicación. «Sobre todo la izquierda, que tiene muchos menos medio económicos que la derecha, si tiene que quedarse esperando a que los grandes poderes mediático le publiquen sus opiniones, nunca va a conseguir ningún objetivo».
Cita la idea que Rafael Correa, expresidente de Ecuador, ha repetido en varias ocasiones: “Desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta». Sin embargo, puntualiza que defender todo lo anterior no significa que apoye la línea editorial que han tenido Público, Canal Red y medios afines. «Eso entra dentro de las críticas que podemos hacer a Podemos otros partidos de la izquierda».
Ogando y Peláez aportan una perspectiva interna del escándalo. Critican el abandono de la clase obrera que se dio en los partidos, aquel que propulsó los desequilibrios de poder que llevaron a las acusaciones de abusos. Sin embargo, los escándalos tienen más aristas. Por ejemplo, darse en partidos que desarrollan su actividad en una sociedad patriarcal o el que los miembros de estos hayan elegido ser políticos por encima de activistas sociales. El Generacional publicará dos entregas más para indagar en estas cuestiones.
(Esta es la primera de las tres partes del reportaje)

