El Día de la Salud Mental expone un problema que afecta a todos
Sin embargo, es insuficiente. Cada año parece que el eco de las campañas de sensibilización se pierde en el vacío institucional. Los esfuerzos simbólicos abundan, pero en acto, la intervención real es insuficiente. Este año la prevención del suicidio ha sido tema central. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), casi 800.000 personas mueren por suicidio cada año, una cada 40 segundos.
¿Cómo es posible que ante una tragedia así sigamos delegando la salud mental al último peldaño de nuestras prioridades? Tal vez porque los recursos que se destinan a la atención psicológica son insuficientes. Ir al psicólogo se ha convertido en un verdadero lujo. Las citas con los especialistas se dan como mínimo cada seis meses. Las agendas están saturadas. El Ministerio de Sanidad, en un intento de paliar esta crisis, destinó 54,4 millones de euros para el Plan de Salud Mental 2022- 2024. Pero, ¿es suficiente? Casi el 50 % del dinero se invierte en la prescripción de medicamentos y en bajas laborales por estrés y ansiedad. Algo estamos haciendo mal. ¿No es más lógico invertir en profesionales que puedan atender a las personas antes de que lleguen a esos límites?
Médicos saturados, que se quejan de no poder ofrecer una asistencia de calidad, se ven obligados a recetar pastillas. La falta de psicólogos en el sistema público deja a miles de personas sin la posibilidad de acceder a terapias, y muchos de ellos se ven obligados a acceder a un psicólogo privado. Tan solo el 30 % de 9000 psicólogos clínicos trabajan en el sistema público. Si vamos al médico cuando tenemos fiebre o un dolor, ¿por qué no hacemos lo mismo cuando nuestra mente nos pide ayuda?
¿Cómo se invierte en salud mental?
Las transferencias de fondos a las Comunidades Autónomas para la salud mental alcanzaron los 579 millones de euros. Andalucía con más de 197 millones de euros asignados y Madrid con más de 85, siguen reportando problemas graves de atención pública. Es necesario no sólo más dinero, sino una verdadera voluntad política para construir un sistema de salud mental accesible, eficiente y humano. La Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPM) estima que se necesitan entre 370 y 765 psiquiatras adicionales cada año, alcanzando al menos 1850 en los próximos cinco años para cubrir la demanda creciente. Mientras tanto, el uso de psicofármacos sigue aumentando. Nos hemos acostumbrado a anestesiar el malestar en lugar de abordarlo. Esto es simplemente un reflejo de cómo tratamos el sufrimiento humano. La salud mental no puede esperar más, no podemos seguir dependiendo de somníferos, ansiolíticos y antidepresivos.
La situación laboral
El entorno laboral es uno de los principales problemas que impacta en la salud mental de las personas. La falta de sueño, taquicardias o estrés por trabajo se han convertido en síntomas rutinarios, aceptados como parte de la vida moderna. La inestabilidad económica, donde la ansiedad de no llegar a fin de mes, no encontrar trabajo o miedo a perder el empleo, agravan la situación mental de las personas. La inseguridad e incapacidad financiera limita que se recurra a tratamientos con pastillas para seguir con la rutina.
A nivel global, la OMS estima que se pierden cada año 12.000 millones de días laborales debido a depresión y ansiedad, lo que además se traduce en una pérdida de productividad de alrededor de 1 billón de dólares anualmente. En España, al igual que en otros países vecinos, esto se traduce en cargas excesivas de trabajo, discriminación y acoso laboral. Un entorno laboral saludable no solo es un derecho fundamental, sino que también protege la salud mental de los empleados y favorece la productividad.
Factores estructurales en la crisis de salud mental de los jóvenes
Si bien los problemas a los que se enfrenta la salud mental son institucionales, también son estructurales. La cultura de la dieta, por ejemplo, nos impone una presión constante sobre los cuerpos, generando culpas y miedos con cada bocado. O la promoción en las redes sociales de cuerpos inalcanzables, donde las personas se suman a una espiral de ansiedad y baja autoestima. Los datos que aporta la Organización Mundial de la Salud (OMS) son alarmantes: entre el 10% y el 20% de los adolescentes europeos sufren algún problema de salud mental, mientras que alrededor de dos millones de jóvenes en Europa padecen trastornos mentales.
En España, los especialistas alertan sobre la necesidad de una creación de un Comisionado de Salud Mental y la implementación de planes autonómicos específicos. Así como el refuerzo del servicio de psiquiatría infanto-juvenil, el aumento de camas hospitalarias y la mejora en la coordinación con la Atención Primaria. Además, herramientas como el cuestionario PHQ-2 para detectar depresión, así como escalas validadas para trastornos de conducta alimentaria (TCA) y TDAH, son esenciales para una intervención temprana. En países como Inglaterra, ya se ha implementado un cribado de salud mental en la población juvenil, y en España algunas comunidades autónomas han comenzado a aplicar este tipo de medidas.
Estigmatizar a las personas con trastornos mentales como violentas o peligrosas, pesadas o mentirosas es un error. Lejos de ser una amenaza para la sociedad, son personas vulnerables que necesitan más apoyo. La salud mental es una responsabilidad compartida. Es cierto que debemos de estar atentos a las personas que queremos, pero también necesitamos instituciones que respalden ese cuidado con recursos profesionales y sobre todo, públicos.


