4.3 C
Madrid
sábado, 10 enero, 2026
4.3 C
Madrid
sábado, 10 enero, 2026

Las 10 mejores películas de 2025

La sección de cine de El Generacional...

El 2026 es el año del Arsenal

Tras un inicio de temporada espectacular el...

Rosa Montero: «Escribir ficción es un esqueleto exógeno que me mantiene erguida, me da horror pensar en que se acabe eso, porque no sé cómo me mantendría en pie»

Revisando sus crónicas de los setenta y ochenta, Rosa Montero nos sumerge en una España marcada por sus desafíos, pero aún más por sus soluciones

Rosa Montero se acercó por uno de los azares del destino a sus antiguas crónicas abarcando diez años de su recorrido como periodista. No estaba en sus planes hacerlo, pero después de comentarlo y reunir algunas más, decidió, finalmente, sacar adelante Cuentos verdaderos (Alfaguara), una recopilación de las crónicas de 1978-1988 que Rosa Montero publicó en El País.

La gira del papa por España, el intento de golpe de Estado, el asesinato de María Teresa Mestre, el abundante problema de las drogas (que aún perdura en esta sociedad) y algunas zorras que dan un eco a la Zorra que está dando tanta polémica en la actualidad, son algunos de los temas que Rosa Montero decide recopilar en su obra.

En ellos, retrata a la sociedad de una manera en la que el lector se siente partícipe cuando lo lee, pues utiliza las mismas técnicas narrativas con las que se escribe cuando narra (tal y como remarcará; «Narrar es conseguir que quien lo lea se convierta en testigo») depurando así un periodismo más detallado, en forma de cuentos verdaderos que pocas veces vemos, casi extinto debido a la crisis que los medios arrastran desde los últimos 20 años.

Pasen y vean

Pregunta: ¿Cómo ha sido volver a estas crónicas en Cuentos verdaderos?

Respuesta: Por casualidad. Por el documental que hicieron sobre el juicio del Nani, porque yo había cubierto el juicio y me llamaron para entrevistarme. Les dije que estupendo, pero que no me acordaba de nada (tengo una memoria horrible) y tampoco guardo nada de lo que publico. También les dije que me las tendrían que enviar, así que me las mandaron, las leí y me quedé pasmada, porque se me había olvidado. Fue como asomarse a un pozo de víboras. ¡Dios mío, cómo era la arena entonces! Como un viaje en el tiempo. Lo comenté con los chicos del documental, y me dijeron que estaba muy bien y que debería sacarla en un libro, porque son crónicas así cortitas. Pedí a la editorial que buscaran crónicas anteriores a estas, y cuando las leí fue esa sensación de un viaje en el tiempo muy curioso. Por ejemplo, la crónica del asesinato de María Teresa Mestre se me había olvidado que la había hecho. Otra cosa que me sorprendió mucho fue que al gran mayoría de ellas estuvieran escritas de esa manera tan narrativa, como si fuesen escritas como una novela. Era una forma de escribir periodismo que ya no se hace (por eso lo he titulado Cuentos veraderos), porque hacer ese tipo de periodismo te lleva mucho más tiempo que hacer un reportaje normal. Estamos viviendo en un periodismo bajo mínimos, por la crisis y el cambio de mercado con los digitales, pues probablemente ha empobrecido mucho el hacer un periodismo variado. 

P: De hecho, la crónica del Nani la describes en Cuentos verdaderos como infernal, ¿hay alguna otra que te pareció costosa? 

R: Desde luego esa fue tremenda. Lo de Herrera de la Mancha fue muy duro por sacarlo y sus consecuencias, sabíamos que nos iban a machacar, y nos machacaron. Sabíamos que íbamos a tener unas consecuencias tremendas y las tuvimos, hasta el punto de que luego fuimos llamados por el juez y me amenazaron con meterme en la cárcel si no revelaba las fuentes (afortunadamente no lo hicieron). También fue muy difícil hacer el relato del 23F, porque lo hice en unas condiciones en las que no me había dormido en toda la noche, como toda España. Cuando fui a la redacción, me sentaron frente a una máquina de escribir y ni siquiera habían salido del Congreso. A medida que iba escribiendo, me arrancaban las hojas y se las llevaban a talleres.

P: También decías que te gustaba más lo canalla.

R: No es que me guste más lo canalla, sino que desde siempre he tenido una afinidad muy grande (en artículos, sobre todo, y en mi mirada de la vida) donde la sociedad empieza a entrar en las sombras. Es una zona que muy pocas veces miramos y es gente que no tiene posibilidad de denunciar sus condiciones de vida. Durante esa década, yo saqué varias novelas, y una de ellas fue Te trataré como a una reina, que es una novela canalla, el lumpen puro. Siempre me ha interesado mucho, porque creo que en lo marginal, lo lumpen y lo canalla se ve la vida, en su crudeza y en su verdad. La vida que vivimos nosotros, incluso la vida de clase media está mucho más maquillada, oculta por los telones, y allí la vida es pura y dura. Los dos cuentos verdaderos que más me gustan son el del Teatro de Manolita Chen y el de los luchadores del campo del gas. Me emocionaron mucho cuando los volví a leer, ves a gente, a buena gente, intentando luchar por su vida en unas condiciones muy precarias.

P: En el miniprólogo de la crónica del Teatro de Manolita Chen, señalaste que en aquella anterior crónica habías escrito “subnormal” para definir a un hombre, que en realidad, tenía síndrome de down, y que lo corregiste en la publicación porque te chirriaba escucharlo. ¿Cuál es tu reflexión sobre este cambio en el lenguaje?

R: A mí me parece genial. Yo no he cambiado nada, salvo “ratas” y “subnormal”, que era como se decía y lo remarcó en el texto, porque es importante que lo sepan. El País siempre ha tenido un libro de estilo donde se decía lo que se podía decir y como escribir, y por aquella época, “subnormal” era cómo se decía… pero ahora tú te paras a pensarlo, y realmente es muy duro. Durísimo. Es brutal, y era cómo se decía. A mí me parece que es un avance, sobre todo en la sensibilidad, que se hayan cambiado un montón de palabras. O como decir: “Parecía un gitano”, que suena a insulto, a sucio… hombre, son una vergüenza. 

P: ¿Y has notado cambio en tus escritos al visitar Cuentos verdaderos?

R: La verdad es que no. Es curioso lo que es el estilo. En esencia, no. Quizá tengo una parte más depurada, pero mi estilo ya estaba allí.

P: Cuando describes la técnica de mezclar estos cuentos con la realidad y la crónica, lo describes como algo muy sacrificado, entonces, ¿por qué elegir esta forma para hacer periodismo?

R: Porque es mucho más bonita, es como vivir la realidad. Realmente no te lo cuentan, lo vives. Narrar es justamente eso. Cuando doy clases de escritura creativa digo eso; no me cuentes las cosas, hazme vivirlas, verlas. Si tú consigues en el periodismo que la gente sienta que está allí y que lo vea, es una empatía mucho mayor, una comprensión del hecho mucho más compleja. Lo que pasa es que para hacerlo periodísticamente bien, tú no puedes permitirte ninguna gratuidad. Exige una documentación además de la parte periodística directa de los datos, exige millones de datos colaterales. Por ejemplo, si dices que uno de los asesinos fue al bar de en frente a tomarse un carajillo, no puedes ponerlo si no has ido al bar y le has preguntado al camarero. Es un esfuerzo de documentación bestial, pero te hace sentir, comprende y percibir la noticia de una forma mucho más compleja.

P: ¿Te gustaría que se hiciese más periodismo así?

R: Hombre, por supuesto que si. Pero no se hace porque el periodismo y los medios aún están bajo mínimos, todavía están viviendo la crisis de los últimos veinte años, las vacas flacas. Ha sido la travesía del desierto por el cambio del modelo de mercado con los digitales, luego la crisis del 2008… todavía ahora los medios no pagan a la gente para que inviertan este tiempo necesario para hacer este tipo de cosas. 

P: ¿Te has quedado con ganas de añadir algo más en Cuentos verdaderos? 

R: No, no, para nada. Además, encontramos algunos otros pocos aparte de estos que los quité porque el libro es bastante gordo ya. Los que están, están bien. 

P: ¿Ha influido el periodismo en tu escritura creativa?

R: El periodismo es un género literario, (el periodismo escrito, claro), y además el de ser reportera de plumilla (porque ser directora de un periódico, pues como que no, ¿no? Y trabajar en radio o televisión, pues obviamente no). Pero el periodismo puede ser un género literario tan bueno como cualquier otro. A sangre fría de Truman Capote es un reportaje y es literariamente magnífico como cualquier otro. Lo que pasa es que los géneros tienen unas normas muy estrictas que se deben saber para transgredirlas bien. El periodismo y la literatura son completamente antitéticas. En el periodismo, la claridad es un valor, cuanto más inequívoca sea, mejor, y en novela la ambigüedad es el valor, cuanta más interpretaciones tenga, incluso contradicciones, más rica es. En el periodismo, hablas de los que sabes; te documentas, te lees libros, hablas con gente experta en el hecho, y cuando tienes todos los datos, lo digieres y hablas de lo que sabes, y en las novelas hablas de lo que no sabes que sabes, porque las ideas salen del inconsciente, como los sueños, no lo controlas, en realidad no sabes lo que estás escribiendo cuando escribes una novela. En periodismo hablas de los árboles que tienes alrededor, y en novela eres un águila e intentas elevarte por los aires y hablar del bosque, además viéndote a ti mismo. Son dos formas de la realidad completamente distintas, opuestas diría yo. Es como si hablases inglés con palabras en francés, pero al mismo tiempo las escribe la misma persona, y siempre está atrás tu sensibilidad, tu mirada sobre el mundo, tus prejuicios, deseos, y siempre es escritura. 

P: También hablas de la importancia de ser curioso ¿Cómo crees que la literatura fomenta esto? 

R: Una de las cosas por las que decidí ser periodista fue justo por eso, porque tengo una curiosidad de 360º y pensé que siendo periodista podría seguir aprendiendo toda mi vida, y es verdad, y es una maravilla. Se hicieron unos estudios en muchos sitios que demostraron que la gente que lee novela es más empática. Ahora habría que ver si la gente es empática porque lee novela o que la novela hace a la gente empática. Pero por otro lado, está clarísimo que una novela es un viaje a los otros. Leer, en general, te amplía el conocimiento del mundo y de los demás, amplía tu cultura, solo en el sentido de alta cultura, sino que en lo que vives. Alguien que lee, vive mucho más que alguien que no lee. 

P: E imagino que creerás también que la literatura sirve como promotor del cambio social.

R: Siempre lo ha sido. Lo que pasa es que no puede ser, sobre todo depende de los géneros, por ejemplo, el ensayo puede ser utilitario, feminista, por ejemplo. El periodismo también, pero la novela no. La novela es un género reacio a los utilitarismos, tú no puedes escribir una novela feminista, animalista, ecologista aunque yo sea todo eso. La novela no es el lugar donde debes hacerlo. Escribir una novela es un camino de conocimiento, y no puedes empezar ese camino de descubrimiento con las ideas aprendidas, y hacer eso es una traición al sentido de la novela. 

P: ¿Crees que le falta algo a la literatura actual?

R: La literatura en concreto, como decíamos antes, la novela son los sueños de la humanidad, y cada época sueña sus sueños. Es lo que es, es un exudado de la sociedad, entonces puede haber momentos de más brillo, de menos, pero es lo que es esa sociedad, lo que piensa, lo que sueña esa sociedad. Es como la piel de la propia sociedad, forma parte orgánica de lo que una sociedad es.

Decidí ser periodista porque tengo una curiosidad de 360º y pensé que siendo periodista podría seguir aprendiendo toda mi vida, y es verdad, y es una maravilla.

P: ¿Te gustas más como periodista o como escritora?

R: No es que te gustes, no hablo de la calidad exterior (hablo de lo que significa para mí); afinaré tu pregunta diciendo: “¿Te gustas más como periodista o como narradora?”

P: ¡Buenísimo! Lo pillo.

R: Como la mayoría de los novelistas, yo empecé a escribir de niña. Eso es muy habitual. Mi primer cuento lo escribí de cinco años para seis, y eran de ratitas que hablaban, y desde entonces siempre he escrito. Para mí, escribir ficción es un esqueleto exógeno que me mantiene erguida, forma parte estructural de lo que soy, es lo que soy. Me da horror pensar en que se acabe eso, porque no sé cómo me mantendría en pie. Todos los escritores tenemos esa percepción de que, sin la escritura, nos derrumbaríamos en el suelo, no podríamos vivir. Para mí es esencial, la vida. Y el periodismo es un oficio, y me gusta mucho, pero pertenece a mi ser social, a mi ser exterior. Yo podría dejar perfectamente de trabajar de periodista (no quiero), y lo he ido dejando, cada vez menos, ahora solo hago artículos. Es muy bonito, ha sido un trabajo precioso… pero no hay color. La escritura en ficción soy yo, y el periodismo es un trabajo. 

P: Volviendo a Cuentos verdaderos, ¿cómo te acercas a la tarea de fusionar la crónica y añadirle este toque de “cuento”?

R: Intentas, de verdad, contarlo. Narrar es conseguir que quien lo lea se convierta en testigo. Utilizo los recursos de la ficción para conseguir que el lector de estas crónicas se convierta en testigo. En el asesinato es como si estuvieses allí, en el Congreso, como si estuvieses dentro, en el Manolita Chen, como si estuvieses dentro, con el viento que se te cae encima. Utilizo estos recursos para conseguir que el lector se convierta en el testigo del hecho de la noticia. 

P: ¿Tú te sientes testigo de lo que lees?

R: De todas las novelas buenas que leo. 

P: También me has dicho que, por evitar que el libro tuviese muchas páginas, dejaste algunos cuentos verdaderos atrás… ¿pero hay algo que te hizo elegir los que están seleccionados? ¿Hay alguna que hayas seleccionado a propósito para que se publique en estos tiempos?

R: No. Simplemente me parecía que eran peores, o que alguna era del extranjero y les veía menos sentido. Y no. Las coincidencias, que hay varias, han sido asombrosas y por casualidad. Por ejemplo, lo de Las Vulpes, lo escogí mucho antes de que saliese lo de Zorra. Las Vulpes era un grupo que era del 83, era un grupo de adolescentes de los barrios más industriales y pobres del País Vasco que hicieron un grupo punki de música, que estaban empezando, tenían seis canciones solo y se les ocurrió escribir una que decía “Me gusta ser una zorra”, y claro. Se nota la diferencia: las denunciaron, abrió proceso de juicio, las amenazaron con meterlas en la cárcel, Carlos Tena fue despedido por sacarlas en la radio… y a ellas les destrozaron la vida, no pudieron seguir. Luego sale todo este escandalito absurdo por la canción de Zorra, que a mí esta canción me parece antiquísima, claro.

P: ¿A quién quieres que lleguen estos Cuentos verdaderos?

R: A cualquiera que tenga un poco de curiosidad, primero por ver la complejidad del mundo, porque era un mundo muy curioso. Lo que digo al principio de: “Pasen y vean”, como si fuese el gabinete de las maravillas. Me parece que hay historias tremendamente curiosas. 

P: ¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?

R: Acabo de terminar el primer borrador de la cuarta novela de Bruna Husky, la cuarta y última, y estoy supercontenta porque creo que es la mejor. Pero tengo que dejarla reposar, aún le estoy dando vueltas, y saldrá a principios de 2025.

P: Ya le has puesto broche.

R: ¡Sí, sí! ¡Y no se muere Bruna! Morirá fuera de la novela, como todos nosotros, pero sí, es el final de la serie. 

P: ¿Y tienes algún reto como periodista?

R: ¡Noooo! ¡Qué va! ¡Como periodista nada!

P: “Estás hasta las tetas de los periodista”, como decían Las Vulpes.

R: ¡Exacto! (Risas)

P: ¿Y como narradora?

R: Para mí escribir es vivir. Quiero seguir escribiendo hasta el final y morirme muy viva. 

Actualidad y Noticias

+ Noticias de tu interés

Hay que restaurar el Honmoon

Cómo el racismo cultural, el clasismo artístico y el monopolio del pop occidental ocultan al verdadero caballo ganador... o un disparo anticapitalista a Taylor Swift Durante todo el verano ha habido un debate estúpido entre miles de críticos y fanáticos...

‘El camino del padre’: el cierre de la saga que nos hizo preguntarnos qué haríamos con la eternidad

Eva García Sáenz de Urturi culmina con esta novela la saga de Los Longevos, una historia que nos ha hecho reflexionar durante más de una década sobre lo que realmente significa vivir mucho... o vivir bien Doce años después de...

‘Humus’, de Gaspard Koenig: filosofía del colapso, política del subsuelo

Humus (Seix Barral, 2025) la novela del filósofo y escritor francés Gaspard Koenig, es una inmersión radical en la tierra —literal y simbólicamente— a través de las vidas paralelas de Arthur y Kevin, dos hombres que emprenden caminos diametralmente...

Descubre más desde El Generacional

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo