Una novela gráfica llena de historia y vocación
La fábrica de papel es el primer libro de Marta Kayser. Una novela gráfica en la que la autora descubre su pasado y cuenta una historia familiar llena de pasión, vocación y silencio, de la mano de Lumen.
La fábrica de papel
En La fábrica de papel, Marta Kayser nos muestra la historia de su bisabuelo, su abuelo, su padre, y también la suya. Acompañada de delicadas ilustraciones, fotografías familiares y cartas, es un álbum de fotos, un recuerdo, un homenaje.
Recorriendo Madrid o Cebreros, entre otros lugares, Marta nos muestra una vida llena de vocación y de amor por la familia. Con testimonios de los más allegados, poco a poco la protagonista va descubriendo todo eso de lo que no se habló en un pasado y se van destapando todas las respuestas. Un libro plagado de pasión e historia.
Parar para seguir
P: ¿Cómo y cuándo te surgió la necesidad de escribir La fábrica de papel?
R: Hace ya casi 7 años. Ha sido un proceso largo hasta que he descubierto realmente de qué temas quería hablar y cómo iban a converger entre ellos. Ese puzle ha sido quizá el más difícil.
En él se juntan varias cosas. Una situación personal y laboral de crisis. Soy arquitecta y empezaba a ver algo que no me gustaba en la manera, especialmente en este país, en la que la profesión se ha instalado. Es un sector que es cómplice de una situación muy compleja en la que no está actuando. He empezado a sentir que algo no funcionaba y necesitaba o hacer algo para lo que no tenía la energía o dedicarme a otras historias, que en este caso eran dibujar y escribir, que es algo que me ha acompañado siempre.
Esta situación de hartazgo se junta con que, tras la muerte de mi padre y de mi abuelo, yo encuentro unos dibujos de mi abuelo y de mi bisabuelo que, de repente, revelan un secreto. Eso cobra muchísima más potencia y me están hablando en realidad a mí y me dicen “haz algo con esto”.
Entre el “haz algo con esto” y “deja de hacer esto”, surge esta historia.
Nostalgia
P: ¿Cómo fue para ti descubrir toda esta historia de tu padre, de tu abuelo y encontrar su vocación y sus pasiones?
R: Hay una situación en la que yo no acabo de descubrir en ellos una pulsión muy fuerte. Esta historia para mí ha sido un poco triste. Porque realmente veo que ellos ni siquiera tuvieron el tiempo, ni ya no sé si la voluntad, pero no tuvieron el tiempo ni las maneras de hacerse las preguntas que yo me he hecho. Lo vivo con un poco de nostalgia esa parte de su vida. Por eso. para mí esto ha sido gasolina. Yo no quiero negarme la posibilidad de transitar esta pregunta y atenderla. Al fin y al cabo, la propia vocación.
Un homenaje
P: ¿También podemos decir que La fábrica de papel es una especie de homenaje a tu familia o un libro de recuerdos para ellos y para ti?
R: Sí, totalmente. Para mí era un homenaje a ellos sin duda. De alguna manera, creo que soy porque fueron. Y luego también un homenaje a mí misma. Porque es la consecución de un propósito propio. Ha sido muy bonito respecto a ellos, cuando mis tíos han empezado a recibir el libro ahora, lo están recibiendo como un álbum de recuerdos.
El otro día se lo daba a mi tío Álex, el mellizo mi padre, y vinieron sus nietos al poco tiempo. Entonces él empezó a señalar el libro y algunas fotografías diciendo “mira, este de aquí era mi padre, este pequeñito soy yo, esta era mi mamá”. Es álbum de recuerdos que no había sido intencionado, o no del todo, pero que está ahí. Me enorgullece bastante.
Encontrar las raíces
P: ¿Cómo fue ponerte a buscar toda esa información y que encontrases una respuesta e, incluso, unas raíces?
R: Estaba toda la cuestión del apellido y de que mi abuelo hubiera siempre tenido esa voluntad de descubrir sus propias raíces. Quizá también por la ausencia de su padre, que eso yo creo que también marca mucho. Incluso su propia vida. Porque de no ser por el fallecimiento de su padre, su vida económicamente hubiera sido totalmente distinta y seguramente se hubiera acabado dedicando a otra cosa.
Cuando yo empiezo esa investigación, lo hago por un lado por esa voluntad de también hacer la investigación a la que mi abuelo no llegó a hacer en vida. Y, por otro lado, para mí, para entender, para llegar a la raíz, nunca mejor dicho. Yo creo que me iba a permitir entenderme un poco mejor. El cómo fue descubrir algo que el lector y la lectora acabarán descubriendo en el libro, es lo que me dio el impulso que ya necesitaba definitivamente para entender.
Lo especial de los lugares
P: ¿Cómo fue toda esa experiencia de recopilar toda esta información, ir a esos lugares, hablar con la gente que estaba en ese momento, la gente del pueblo?
R: Precioso. Me parecía que estaba haciendo, más que una novela gráfica, un documental para hacer una película. Fue muy bonito. Volver al lugar, en este caso Cebreros, que había sido el pueblo de mi familia, donde habían veraneado siempre y el lugar de infancia de mi padre, de su juventud, y de su no tan juventud. Para mí fue especial en el sentido de que parecía que estaba en un tiempo que no me pertenecía a mí, que era espectadora de un tiempo pasado de alguna manera.
Era de una gratitud tremenda el que la gente del pueblo me acogía con un cariño, como si yo fuera mi padre mismo.
Y luego también fue muy gratificante porque empecé a conocer mucho mejor a mi padre también, a mi abuelo, y de alguna manera sus testimonios también me permitían empezar a construir la historia. Entonces gratitud absoluta. También el hecho de sentir que le estaba dando otro formato a la novela, más allá de novela gráfica, como si de repente estuviese haciendo un documental. Creo que ese carácter también está muy presente en la novela. Para mí fue una etapa muy disfrutable.
Una historia de duelo
P: También se puede decir que es una historia de duelo. ¿Cómo lo sentiste tu personalmente? ¿Te sirvió para sanar?
R: Absolutamente. No puedo descafeinarlo porque el dolor ha estado ahí y ha habido temporadas difíciles de transitar, tanto a la hora de crear o generar conversaciones, poner palabras en boca de uno u otro personaje. Ha sido doloroso. Porque de repente te lleva a escenarios que has vivido y que no han sido fáciles.
Pero, por otro lado, también ha sido muy bonito. Porque de repente me ha permitido colocar el duelo en otro lugar, hacer un cierre. También ha sido bonito porque, aquellas personas con las que no he tenido vínculo, en este caso mi bisabuelo, me ha permitido darle un huequito en la memoria, un lugar. Y aunque haya sido una historia ficcionada, yo creo que he llegado a creérmela tanto que para mí también ha llenado ese vacío. Desde muchos ámbitos, esa herida ha sanado, me ha ayudado.
Un viaje en el tiempo
P: ¿Cómo ha sido el proceso creativo de idear la historia? Porque estamos en el presente, luego vamos al pasado, también vamos a diferentes lugares, con diferentes personas…
R: Nada lineal. Muy caótico. Muchas idas y venidas y muchas pruebas de haber cómo lo contaba efectivamente. Hasta que me di cuenta de que una de las cosas que más me ayudó a articular todo esto era la necesidad del personaje que me acompaña, o que acompaña a la protagonista en la historia, que es el personaje de mi tío.
Eso, que por ejemplo lo había podido ver en Los surcos del azar de Paco Roca, en el cómo este integrante de La Nueve llega Paco Roca y se reúne con él, y a través de esa conversación se vuelve la vista al pasado para reconstruir. Para mí esa referencia fue mi ancla para para poder ir cómodamente al presente y al pasado. Porque también no dejaba de ser una historia contada desde el presente y en el que lo que le pasa a la protagonista tiene tanto valor como lo que les pasa a los otros personajes.
No quería darle más importancia a uno que otro, sino que pudiesen convivir y saltar para adelante y para atrás de manera orgánica y fácil.
Todo eso ha pasado por un proceso muy caótico, muy de jerarquizar la información y de limpiar qué cosas cuento de los personajes y que no. Incluso cuestionarme si yo me metía o no en la historia. Muy al principio, en el génesis del proyecto, pero yo al principio ni siquiera aparecía. Me parecía que era una historia de ellos. Pero claro, en realidad estoy hablando de la necesidad de atender a una vocación, sería poco honesto que yo no apareciese.
Testimonios reales
P: Y a nivel ilustración, ¿cómo fue la elección de colores, el orden…?
R: Cuando yo empiezo esta novela gráfica, como es mi primera obra, yo no tenía ni siquiera un estilo definido. Sabía que me manejaba bien y cómodamente con las técnicas de carboncillo o grafito. De hecho, empecé a dibujar en papel, escaneaba y luego producía texturas.
De alguna manera, también toda la textura del papel estaba desde el principio muy presente, pero no tenía ni idea de la paleta de color que iba a usar. Fue ir probando. También las fotografías me daban muchas pistas. No quería que la fotografía pareciera una anécdota. Irme a tonos muy vivos iba a cobrar importancia sobre la fotografía y quería que la fotografía casi fuese el germen. Todos los tonos que derivan de la fotografía quería que fuesen trasladados a la propia gráfica.
Pero fue un prueba y error todo el rato. De hecho, tampoco me atrevía a utilizar tonos más vivos. No solo por esta cuestión, sino porque todavía me sentía un poco insegura en el uso del color. Como era la primera vez que hacía esto.
La elección fue un poco derivada de esos dos puntos: la necesidad de que el material de documentación sea el protagonista en realidad y que todos trabajemos sobre esta base; y en el miedo de voy a no ir mucho más allá en lo cromático porque a lo mejor no es el momento y prefiero estar más contenida.
La voz propia de los antepasados
P: En La fábrica de papel hay ilustraciones, pero también hay cartas, hay fotos… ¿Cómo fue crear toda esa composición?
R: Previamente había seleccionado fotografías y cartas que me iban a ayudar a contar la historia que finalmente decidí que quería contar y los aspectos de los personajes que necesitaba contar para que hablaran de los personajes de la historia. En base a seleccionar, decidí qué material me iba a servir para que se hablase solo en diálogos o cual tenía la suficiente fuerza para que apareciese de manera representativa y protagonista.
Me di cuenta de que, si yo estaba contando la historia de mi abuelo y quería hablar, por ejemplo, de sus dificultades para ir a visitar a sus hijos los veranos mientras los niños estaban en Cebreros cuando el estaba trabajando, iba a ser mucho más ilustrativo contarlo a través de su propia experiencia en la carta, que no redactándolo.
La imagen tanto de las fotografías como de las propias cartas, cuando me parecían que por sí solas eran lo suficientemente ilustrativas, preferí ponerlas a que los personajes hablaran sobre ellas.
Porque me parecía que tenía mucha más fuerza el mensaje. Creo que cuando lo lees no es lo mismo que yo te lo cuente a que lo leas en sus palabras. Porque te está hablando del tiempo en el que está sucediendo y sobre sus condicionantes, de su estado anímico, de todo. Se me ponía la piel de gallina cuando leí esas cartas. Hay mucha dureza ahí. Creo que el protagonismo se lo tenía que dar, en algunas ocasiones, a todo ese material.
Una nueva etapa
P: ¿Qué ha sido para ti, personalmente, crear La fábrica de papel? ¿Este libro ha sido como cerrar una etapa y abrir otra o qué has sentido?
R: Sí. Ha sido como cerrar una etapa y abrir otra porque me he acabado demostrando que puedo hacer este tipo de proyectos. No sé si he cerrado la puerta del todo a la arquitectura. Es algo muy vocacional. La gente, en general, que la estudiamos es porque creemos que podemos aportar ahí y es algo que tiene mucho que ver con el compromiso social. También es muy creativa.
Es vocacional y eso sigue estando ahí. No la he cerrado, pero evidentemente sí me he cerrado a que hay cosas de las que no quiero participar y eso va a seguir estando. Y creo que efectivamente sí se abre ahora una puerta a la novela gráfica por supuesto, pero por qué no a la escritura de guiones o a la dirección artística.
La vocación
P: ¿Cómo fue la elección del título y el diseño de la cubierta?
R: El título, incluso antes de que llegara la editorial, lo tuve claro. Porque en realidad, cuando yo descubro que mi bisabuelo tenía una fábrica de papel pintado, me parece que también, como arquitecta, tiene un gran valor el lugar donde ocurren las cosas y lo que gira alrededor de los lugares donde se instalan las historias.
es como si en la fábrica de papel hubiera nacido también mi propia historia.
La fábrica de papel es el negocio que mi bisabuelo regentaba y dónde se veían reflejados su vocación y su decisión vital de romper con algunas tradiciones, y el darse cierto permiso para tener esa vocación. Me parecía importante, de alguna manera, también hacerle un homenaje a los lugares donde suceden las cosas, particularmente a esa fábrica de papel, que para mí era donde arrancaba todo.
La cubierta para mí es la escena que me ayuda a entender todo. Que me ayuda a entender mi propia necesidad de no haber dejado de dibujar nunca y que me ayuda a entender el por qué mi abuelo lo primero que hacía cuando yo llegaba a su casa era sacarme una caja de bombones de Navidad, pero ya sin bombones, con pinturas, y quedarse mirando horas y horas en silencio.
Ese silencio, que para mí revelaba tanto y que entendí cuando vi estos dibujos. Esa escena para mí es la que le da sentido a la historia. Es la que me vincula con él en el silencio, que también creo que es un tema muy potente dentro de esta historia.
El silencio
P: Para hacer este libro, ¿qué influencias has tenido? ¿En qué te has inspirado?
R: Me siento un poco impostora. Bueno, qué sorpresa, que nos pasa a las mujeres. Pero yo no he leído demasiado novela gráfica a lo largo de mi vida. De hecho la descubro, aparte de las tiras cómicas del periódico de Ibañez que hemos visto todos y todas, pero ponerme a esa tarea y empezar a descubrir la magia y que las historias desde la novela gráfica tenía mucho por emocionar, a lo mejor en 2017 o 2018, hace poco.
Para mí hay un cómic, ya no el autor, que sí que lo admiro mucho, pero un cómic que me ayuda a ver que la historia que yo podía querer estar contando, de alguna manera estaba ahí. En la manera de narrar, en la que el silencio está superpresente, que es Emigrantes de Shaun Tan. Para mí es cinematografía pura en el cómo las secuencias, sin necesidad de que te diga nada, porque es un cómic que está hecho sin diálogos, ninguno, cómo las imágenes hablan por sí solas. Eso quería que estuviese muy presente en este libro.
También por eso tiro mucho del silencio y de secuencias donde hay un personaje que simplemente cambia un poco el gesto y ahí el lector y la lectora que entienda. Ese libro para mí ha sido muy inspirador en ese sentido.
Creo que mi manera de narrar va casi más por el mundo de la cinematografía que del cómic. Pero insisto, por un tema de pausa y de silencio. Cine más por ejemplo tipo Carla Simón o Nadine Labaki, que es también una autora libanesa que también utiliza mucho este recurso de dejar que la imagen vaya hablando y solo si se necesita romper el silencio, que sea algo como muy pertinente. Seguramente habría muchos cómics de los que podría haber bebido, pero no he sido gran lectora de cómic. La gran paradoja, pero ha sido así.
Sin miedo
P: ¿Qué quieres que se lleve los lectores cuando lean La fábrica de papel?
R: Quiero que sea un chute de fuerza, de confianza y optimismo. Estamos atravesando a nivel laboral muchas personas mucho hartazgo. Hay mucha negación de que si no es esto no puede ser otra cosa. Y, evidentemente, no quiero sonar naif, porque la realidad es muy compleja y a nivel socioeconómico estamos muy castrados, y sé que es difícil tomar decisiones, pero si esto puede abrir una puertecita para que alguien se plantee un “y si”, sería fantástico.


