«La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo» -Platón-
La musicoterapia consiste en la inclusión de la música en algunos tratamientos médicos. Ha sido utilizada en muchos ámbitos científicos, pero su efectividad también ha sido siempre muy cuestionada.
Desde sus orígenes el ser humano ha tenido siempre maneras de comunicarse. Incluso cuando todavía no había signos para elaborar un lenguaje escrito, se conoce que encontrábamos el modo de transmitir pensamientos e ideas.
Nuestros antepasados encontraron en vías como la música la forma de entenderse. Y así es como esta comenzó a considerarse algo sagrado, hasta el día de hoy. Desde los restos de instrumentos muy rudimentarios como trompetas o flautas relacionados con la cultura griega en el 2500 a.C; hasta los nuevos temas de los artistas más populares actualmente como C Tangana o Rosalía pasando por los cantos litúrgicos de los primeros siglos después de Cristo o Mecano con su esplendor a finales del siglo XX. La música ha sido una seguidora fiel de nuestros pasos en la historia
Distintos artistas, estilos y personas componen este arte tan amplio y, sin embargo, a pesar de estas diferencias, todos coincidimos en algo: la música sana el corazón y la mente. Es por eso que se ha introducido en muchísimos ámbitos de la vida.
Y quizás, se puede pensar que el decir que la música “sana” es una manera un tanto abstracta de referirse a ella como algo bueno. Sin embargo, cuando uno se adentra en el mundo de la musicoterapia es capaz de afirmar que esa afirmación no es más metafórica que cualquier otra.
“La musicoterapia se usa por sus cualidades no verbales, creativas y emocionales para intervenir no solo en el ámbito de las enfermedades sino en todos los procesos de desarrollo personal” -Miguel Ángel López-
¿Qué es la musicoterapia?
Según la AEMP, la Asociación Española de Musicoterapeutas Profesionales, la musicoterapia se define como “un proceso sistemático de intervención en el que un musicoterapeuta establece una relación de ayuda con la/s persona/s con las que trabajan mediante el uso de la música y/o de sus elementos musicales (sonido, ritmo, melodía, armonía) en un encuadre adecuado, con el fin de promover y/o reestablecer la salud y mejorar la calidad de vida de esa/as persona/s, satisfaciendo sus necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas, y fomentando cambios significativos en ellas«.
Sin embargo, más allá de la definición teórica que se pueda dar, las asociaciones coinciden en que “la musicoterapia es una aplicación especializada de la música en el área de la salud”. Según la fundación INECO, la cual alberga el Instituto de Neurociencias y Políticas Públicas: “los musicoterapeutas usamos la música de forma sistemática para mantener, restaurar, recuperar funciones que la persona puedo haber perdido. La música sirve como estimulo (…) de modo que una persona con dificultad en el habla puede decir cantando lo que quiere comunicar”.
Por otro lado, en una entrevista realizada para este medio, el musicoterapeuta Miguel Ángel López Ballester definió la musicoterapia como “una terapia complementaria que usa como herramienta la música con fines terapéuticos. (…) Se usa por sus cualidades no verbales, creativas y emocionales para para intervenir no solo en el ámbito de las enfermedades sino en todos los procesos de desarrollo personal”
“Existen ya muchos estudios que demuestran que la musicoterapia es eficaz” -Miguel Ángel López-
Musicología y musicoterapia, ¿es lo mismo?
Por otro lado, es muy común confundir musicoterapia y musicología. Como bien se ha explicado antes, la musicoterapia se centra en el uso de la música para el cuidado de un paciente; sin embargo, la musicología dedica sus esfuerzos al estudio de la música de una manera más teórica, lo que conlleva estudiar su contexto, así como su historia.
Por otro lado, entre estas dos ramas la más cuestionada en base a su utilidad y efectividad ha sido la musicoterapia. A pesar de esto, el musicoterapeuta Miguel Ángel López Ballester afirma que “existen ya muchos estudios científicos que demuestran que la musicoterapia es eficaz. De hecho, hay muchos hospitales que ya utilizan la musicoterapia en muchísimas áreas de estos (…) Por lo tanto, aunque algunos médicos niegan la efectividad de esta terapia, muchos estudios y experiencias avalan que no es así”

Formas de la musicoterapia
Musicoterapia didáctica
Si existe un ámbito donde se debe dar una buena comunicación ese es la educación. Como bien se dijo en la introducción de este reportaje, la función comunicativa de la música es innegable. Es por eso que en el ámbito educativo destaca la función de la música.
Estudios publicados en revistas como National Geographic o periódicos como El País entre muchos otros afirman la gran conexión que existe entre el desarrollo neuronal humano y la actividad musical. Es por esto, que la música conforma un papel esencial en el aprendizaje.
Así, la musicoterapia ha tenido, mucho antes de que se le pusiera nombre, un lugar en el aula, conectando a alumnos y a profesores.
En cuanto al ámbito escolar, según el Instituto superior de estudios psicológicos, “la musicoterapia provee las herramientas y el espacio para que se puedan manejar en conjunto dificultades que podrían presentarse en un paciente con TDAH” .
Además de la ayuda que aporta a los alumnos con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, la musicoterapia ayuda en general al desarrollo de las personas con necesidades de apoyo generalizado.
Así, según el anterior estudio del Instituto Superior de Estudios Psicológico: “La música hace posible que las personas con discapacidad desarrollen conductas compensatorias, que eleven su autoestima, ofrece los medios para expresarse de modo socialmente aceptable, proporciona oportunidades de asumir responsabilidades con uno mismo y con los demás, (…)aumenta la interacción social y la comunicación verbal y no verbal, permite la cooperación y la competición en formas socialmente aceptables, y también hace posible el aprendizaje de habilidades sociales y pautas de conducta realistas y aceptables en los grupos de pares. (…) Asimismo, produce efectos cognitivos-intelectuales, como el desarrollo de la capacidad de atención sostenida, la facilitación del aprendizaje, el desarrollo del sentido del orden y del análisis, la ejercitación de los procesos de razonamiento, el desarrollo de la memoria. Por otro lado, tiene efectos sociales, (…) favoreciendo las relaciones sociales y el sentimiento de pertenencia a un grupo”.
“En base a los sorprendentes resultados obtenidos en muchas ocasiones (…) quizás sí que se pueda considerar que la musicoterapia acerca al paciente a su curación” -Miguel Ángel López-
Musicoterapia clínica y rehabilitadora
Al ser la musicoterapia un tipo de tratamiento es inevitable relacionarla con su actuación en el ámbito de la salud. Así, en este ámbito, la doctora Natalia García-Casares define la musicoterapia en su artículo científico Efecto de la musicoterapia como terapia no farmacológica en la enfermedad de Alzheimer. Revisión sistemática como una terapia alternativa no farmacológica que ayuda a mejorar las manifestaciones clínicas de estos pacientes (con alzhéimer) concomitantemente a la terapia médica.
En efecto, tanto los musicoterapeutas como los médicos admiten que en muchas ocasiones el tratamiento farmacológico es necesario para la curación de una enfermedad. Sin embargo, a la par, también asumen el papel fundamental de la musicoterapia en el buen desarrollo del tratamiento de enfermedades mentales, así como en la adaptación de los pacientes de enfermedades sin cura como el SIDA. Además, muchos expertos de ambas ramas (medicina y musicoterapia) afirman la efectividad de la musicoterapia en enfermedades mentales como el alzhéimer, la esquizofrenia o la depresión.
A pesar de esto, musicoterapeutas como Miguel Ángel López reconocen que “sería una mala práctica por parte de un musicoterapeuta aconsejar a su paciente sobre su medicación. La musicoterapia es una terapia complementaria, y por tanto el tratamiento farmacológico del paciente se debe dejar en manos del médico que ha recomendado este”. Además, según este musicoterapeuta el intervenir en el tratamiento farmacológico de un paciente supondría un incumplimiento del Código ético de esta profesión.
En conclusión, muchos profesionales de esta rama creen que la musicoterapia y la medicina deben complementarse siguiendo cada uno el camino que se le ha asignado. Así, aunque la musicoterapia en muchas ocasiones puede necesitar un apoyo médico, lo que sí afirma Miguel Ángel López es que “en base a los sorprendentes resultados obtenidos en muchas ocasiones por parte de la musicoterapia, quizás sí que se pueda considerar que esta acerca al paciente a su curación”.

Musicoterapia preventiva
En muchas ocasiones, la música no solo se utiliza para mejorar situaciones de enfermedad, ya sea física o psicológica, sino también para prevenir que estas situaciones de malestar ocurran el menor número de veces posible.
Según un estudio realizado en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales Externos del Hospital Civil de Guadalajara: “Desde el cuarto mes de la gestación, el aparato auditivo del feto inicia la captación de sonidos generados en el vientre de la madre, como son el latido cardiaco, la respiración y el peristaltismo, además de sonidos exteriores como la música y ruidos rítmicos”.
Así, en este estudio se sometió a los neonatos y a sus familias a seis sesiones musicales semanales a cargo de un violinista. Estos estudios mostraron en artículos científicos que “la música disminuye el estrés medioambiental, tiene efectos positivos en la inmunidad, elevando los niveles séricos de inmunoglobulinas, específicamente la IgA, así mismo eleva los niveles séricos de interleucinas y produce una disminución en el cortisol sérico”.
Además, este mismo estudio señala que “otros efectos más recientemente estudiados de la musicoterapia sobre los recién nacidos en estado crítico son la estabilización de constantes vitales como la tensión arterial, frecuencia cardiaca, saturación de oxígeno, así como una mejoría en los niveles de estrés y un apego mayor a la lactancia materna”.
En conclusión, la musicoterapia mejora las condiciones de vida de quien la practica independientemente de cómo fueran estas antes de que el individuo se sometiera a este tipo de terapia.
“Creo que se ha querido sacar bastante negocio de los estudios sobre el efecto Mozart” -Miguel Ángel López-
“No hay músicas universales que curen todo” -Miguel Ángel López-
El efecto Mozart: ¿Mito o realidad?
Al hablar de música, o de cualquier cuestión relacionada con ella, es inevitable pensar en los grandes creadores de este arte. Genios que la han hecho crecer, evolucionar, transformarse y renovarse para así llegar a la música que surge hoy en día y que surgirá en un futuro.
Autores como Bach, Haendel, Beethoven se nos vienen a la cabeza constantemente cuando hablamos de los grandes compositores. Y, sin duda, el inolvidable Wolfang Amadeus Mozart, sin el cual, este reportaje, y me atrevería a decir que la vida en general, sería completamente diferente.
Así, como rama proveniente de la música, la musicoterapia nombra uno de sus estudios en honor de este autor del siglo XVIII. Hablamos del Efecto Mozart el cual se relaciona con la repercusión beneficiosa de someter a un individuo a la escucha de música de W.A. Mozart en cuanto a su desarrollo cognitivo.
En 1993, la Universidad de California realizó un estudio en el que se sometió a dos grupos de personas a dos tipos de música distinta: minimalista y una sonata de Mozart. Los resultados de este estudio mostraron cómo la música de este compositor activó algunos procesos en las personas que escucharon su música que no se activaron en las personas que no escucharon esta música. El estudio hace un inciso en que “se obtuvo un incremento en la puntuación del cociente intelectual de, aproximadamente, ocho puntos en las personas que escucharon música de Mozart”.
Por otro lado, un estudio publicado por Scientific Reports asegura que la música de Mozart beneficia a aquellas personas con epilepsia que son resistentes a la medicación. Se ha podido apreciar en estas personas una “activación de redes cerebrales asociadas con respuestas emocionales positivas a la música reguladas por el córtex frontal”.
Sin embargo, hay quienes piensan que se exageró un poco la idea de los beneficios concretos de la música de Mozart con el fin de hacer negocio con la venta de productos como CD´s para bebés o cinturones para embarazadas con la música de este compositor. En concreto Miguel Ángel López Ballester afirma que “se ha querido sacar bastante negocio de estos estudios sobre el efecto Mozart (…) la música de este compositor es tan beneficiosa como cualquier otra (…) No hay músicas universales que curen todo, sino que el la música utilizada en el proceso musicoterapéutico debe ser diseñado por el terapeuta conforme a los datos que tenga del paciente”.

“En musicoterapia es fundamental conocer la historia musical del paciente” -Miguel Ángel López-
La musicoterapia en el cine
La música forma parte de la gran mayoría de situaciones y experiencias de nuestra vida. Además, se puede conectar con otros muchos artes. Asimismo, si hay algún arte, además de la música, que exprese muchos de los aspectos de nuestra vida, ese es el cine. Es por eso que en este reportaje no podía faltar hablar sobre la conexión del cine con la musicoterapia:
Una película que trata esta a la perfección en el ámbito de la educación es Los chicos del coro (Les choristes, en francés), película del director y músico Christophe Barratier. En este largometraje, el profesor Clément Mathieu se adentra en el turbio y tosco ambiente de un internado rural para niños en riesgo social. Aquí intenta llegar a ellos a través de la música creando un coro como símbolo de unión.

Es indudable la relación de esta película con la musicoterapia didáctica. El protagonista no solo enseña música, sino que la utiliza para conocer en mayor profundidad a los niños, crear un buen ambiente entre ellos tanto fuera como dentro del aula, hacerles ver que son útiles y capaces de muchas más cosas de las que ellos pensaban fomentando así su curiosidad y su creatividad, mejorar la relación de estos niños con sus familias y, en conclusión, hacerles ver que existe mucho más mundo que el que ellos ven a través de las paredes del internado donde viven.
Por otro lado, otra película a destacar es Profesor Holland (Mr. Holland’s Opus, en inglés) del director Stephen Herek, en la cual un profesor busca también conocer a sus alumnos por medio de la música. Sin embargo, tiene que hacer un esfuerzo acercándose no solo a su forma de vida sino a la música que estos escuchan.

En esta película también se puede apreciar la importancia de la musicoterapia en el aula. El profesor vuelve a utilizar la música como nexo entre él y sus alumnos ayudándoles así a abrirse y ayudando ellos al profesor a solucionar problemas en su vida personal.
Por otro lado, se ha hablado también de la presencia de la música en el ámbito de la medicina como terapia preventiva, clínica o rehabilitadora. El cine intenta mostrar también esta faceta de la música incluso a los más pequeños con películas como Coco de Disney PIXAR.
Esta película de Adrián Molina y Lee Unkrich muestra como Miguel, el niño protagonista, es capaz de hacer recordar a su abuela, que padece un avanzado estado de Alzheimer. Esta escena refleja a la perfección la capacidad que tiene la música para despertar ciertas funciones cerebrales que hasta ese momento se consideraban dormidas en pacientes con enfermedades degenerativas graves como es el Alzheimer.

Otro ejemplo de una situación similar muestra la película La música nunca se detuvo (The Music Never Stopped, en inglés, película del 2011). En ella Henry Sawyer y su esposa, que llevan veinte años separados de su hijo, Gabriel, se enteran de que le han detectado a este un tumor cerebral. La memoria de Gabriel se ve dañada y no puede ni recordar gran parte de su pasado ni generar memorias nuevas.
Al conocer la situación de su hijo, Sawyer pide ayuda a Dianne, una musicoterapeuta que utiliza los géneros musicales favoritos de Gabriel para reactivar sus funciones cerebrales memorísticas que hasta entonces estaban mermadas.
En este largometraje del director Jim Kohlberg se muestra como la música es capaz de mejorar la situación de un paciente con el que otras terapias no habían funcionado. Y es que la música se adhiere a las paredes del alma como un pegamento extrafuerte y no desaparece por mucho que olvidemos que está ahí.

En base al tema principal de las historias que enmarcan estas películas, el musicoterapeuta Miguel Ángel López Ballester afirma que “en musicoterapia es fundamental lo que se denomina el ISO, es decir la historia musical del paciente. Antes de tratar a una persona se investiga qué tipo de música ha escuchado durante su vida, en qué ámbitos culturales se ha movido y qué tipo de música se escuchaba en esos ámbitos para así conocer la historia musical de ese paciente y elegir la música apropiada en el proceso terapéutico”.
En conclusión, estas películas, junto con muchísimas otras, muestran que la música puede significar mucho en la persona que la escucha, así como en su vida y en los que le rodean. Es por eso que la música es uno de los nexos más universales: no entiende de idiomas, ni de razas, ni de ideologías; tampoco de género ni de edades. Nos une, nos conecta, nos hace más tolerantes, comprensivos, más empáticos. En resumen, al margen de cualquier pensamiento negacionista en cuanto a la efectividad de la musicoterapia, lo que es indudable es que tanto el mundo, como los que lo conformamos, somos mejores con música.


