El segundo derbi de la temporada se salda con empate a uno. Raro, tenso y desangelado: los grasshoppers hubieron de jugar sin su grada de afición, detenida por la policía en los aledaños del Stadion Letzigrund.
El derbi de una ciudad siempre es una fecha marcada a fuego en el calendario. No solo para aficionados, jugadores, entrenadores, vendedores de zapatos, profesores, bármanes, gerentes, diseñadores, políticos o periodistas, sino también para las fuerzas de seguridad. Uno podría pensar que los aficionados en Suiza son comedidos, más o menos rectos, fríos. Sí, podría ser, claro. Pero luego están las gradas de animación, que no por nada se llaman así. Suiza tiene algo con ellas. Están ahí siempre, en cada esquina de cada calle, en cada señal, en cada pared, en cada cerveza, en cada abrigo negro, en cada vaquero azul, en cada Nike o New Balance, en cada bengala, en cada petardo, en cada cigarro, en cada pub. Dada la intensa rivalidad histórica que comparten FC Zürich y Grasshopper Club Zürich, la policía tomó medidas cautelares e impidió a unos y otros grupos de aficionados reunirse a la vez en la calle Josefswiese para realizar sus respectivas marchas imperiales al Stadion Letzigrund. Cada uno tiró entonces por su lado, pero no todos llegaron a tierra: según fuentes locales, alrededor de 600 aficionados grasshoppers fueron retenidos y registrados en el puente de Duttweiler a causa de «la ignición múltiple de petardos en el pasado derbi del 19 de octubre«, en una operación policial que se prolongó hasta cuatro horas —privándoles de asistir al partido— y que aparentemente se saldó con tres personas llevadas a comisaría y varios objetos recogidos (pirotecnia, pasamontañas, cuchillos), así como datos personales e incluso una fotografía, tal y como cuenta al diario Blick uno de los afectados.

Y así se presentó entonces el asunto: un Stadion Letzigrund casi lleno con una clapa en el Sektor IV de los ultras del Grasshopper. El capitán Amir Abrashi se mostró enfadado al hablar con los medios, recalcando la inadmisibilidad de esta clase de castigos. «Estamos jugando con uno menos», que vino a decirle a una cámara en el descanso. Los aficionados rivales, la Zürcher Südkurve, hicieron de la primera parte un sepulcro, más allá de su exhibición inicial, como muestra de respeto: «Ni siquiera la estupidez justifica un castigo colectivo», rezaban. Resultaba inquietante.


Un poco más de sal
El gol de Chouiar en el primer minuto de partido no hizo sino remover aún más la miscelánea que se cocía en el Letzigrund. Ocurrió rápido, claro: Emmanuel, sustituyendo en la delantera al sancionado Perea, condujo temerariamente tras un pase de Kamberi. El balón acabó en Rodrigo Conceição, cuyo disparo después de un gran gesto técnico fue rechazado por Abels y luego enviado a la red por el susodicho Mounir. Líder incontestable en el arranque de esta Swiss Super League, el FC Zürich de Ricardo Moniz ha pasado un mes de noviembre complicado. Solo ha ganado uno de sus últimos seis partidos, entre los que se cuentan derrotas significativas contra Servette y Lugano. El Basilea de Fabio Celestini es quien ahora regenta la cima de la tabla, y su empate ante el Lausanne le daba la opción a los zuriqueses de sumar los tres puntos y volver a alcanzarle en la clasificación. No fue así.
Abrashi y Ndenge se encargaron de volver a poner todo en su sitio. Así llegó la primera gran ocasión para su equipo, que no tuvo un mal digerir del gol: Amir recuperó y Tsiy filtró en profundidad para la carrera de Giotto Morandi; Maurin no acertó a empalar el pase del ’10’ y el rechace le quedó a Sonny Kittel, cuyo disparo dentro del área se marchó arriba. Emmanuel vería su segunda tarjeta amarilla justo al filo del descanso después de un manotazo en un forcejeo con Seko. Aún con 22 hombres en el campo, el Grasshopper supo zarandear al FC Zürich. En el minuto 41, Tsiy Ndenge definió fantásticamente ante Brecher después de un pase de Lee. La tradición en el Letzigrund manda ir a celebrar los goles con la grada de aficionados, cruzando la pista de atletismo, así que sí, fue extraño.

Romper el silencio
La Zürcher Südkurve, en vista del panorama, decidió romper su silencio en la segunda mitad, aunque tampoco tuvo demasiadas ocasiones que cantar. El partido, claro, fue un fiel reflejo de lo desangelado de las gradas, tal y como señalaron Krasniqi y Kryeziu en zona mixta. El colmo para el FC Zürich tras la dudosa expulsión de Emmanuel llegó en el tiempo de descuento, cuando el árbitro señaló el final del partido antes de que pudiese botar la falta lejana que tenía a su disposición: un último balón al área, una última llamada. Moniz se mostró ciertamente indignado en rueda de prensa, alentado también por las preguntas de algunos periodistas. En apenas dos días volverá a haber derbi de Zúrich, esta vez por la Schweizer Cup. Y a partido único.

De esta manera, el FC Zürich mantiene su tercera posición, aunque a tientas. Tendrá que esperar a ver qué pasa en Ginebra, donde se medirán el cuarto y el segundo clasificado, respectivamente: Servette y Lugano. El FC Luzern, con su victoria frente al Yverdon-Sport, vuelve a acoplarse al pelotón. El Grasshopper, mientras, sigue soñando con eso mismo, aunque a su modo. Este punto, a pesar de ser el segundo que consigue de manera consecutiva, sabe a poco. Está escuálido: necesita una victoria como el comer. La última data del 30 de septiembre, eso sí, en el Stadion Wankdorf de Berna.

