Por omisión o por miedo a la realidad, nunca nadie les dijo nada sobre este dato
Lionel Messi disparó once veces al poste el curso pasado con el Paris Saint-Germain. El argentino acabó anotando los mismos goles que sinalefas en una poética temporada que no le catapultó al top 30 del Ballon D’Or.
El palo, poste o madera, generalmente de madera aunque también lo fue de metal, no es más que la sinalefa del balompié. La débil distancia entre el gol y el fallo, el nexo entre el todo y la nada que no se valora ni contabiliza en el fútbol. El infortunio, el desacierto o incluso la mala suerte caracterizan esta acción: si un jugador erra su tiro por golpear la blanca madera de la meta, nadie lo recordará. Sin embargo, esta flébil diferencia entre anotar o fallar grabó el pasado, graba el presente y grabará el futuro de este maravilloso pero sobreexigente deporte.
Nadie contabiliza. No hay rankings de futbolistas con más postes del mundo por temporada, año o campeonato, pero se debe recalcar. Y Leo Messi, tras el infortunio y la miscelánea de postes, travesaños y crucetas de la pasada campaña, debe tener su merecido tributo. La frustrada salida del argentino de la Ciudad Condal le acabó incrustando en una dinastía sin monarca que carecía de proyecto pero que ‘lo apuntaba’. El que no daba la talla, qué casualidad, siempre era Leo; Le Parissien tachó al argentino de incapaz, de indolente, de marchitado o de invisible la campaña pasada (e incluso esta, que pese a ser el más contribuyente del fútbol europeo con 35 goles y 22 asistencias se le sigue menospreciando).
La primera balada llegó en septiembre de 2021 frente al Brujas en la UEFA Champions League. La segunda, cuatro días después, frente al Olympique de Lyon en la Ligue 1 francesa. La tercera oda sin suerte llegó en octubre frente al Rennes: pese a perder 2-0, Messi fue el jugador del partido con un 8.0 de valoración según Sofascore. La cuarta balada, en el Parc des Princes, frente al Leipzig, le acomodó el esférico para acabar anotando (3-2 al RBL). La quinta pincelada sucedió cinco días después, frente al Marsella, en un 0-0 que no contentó a nadie.
La sexta balada de Messi llegó frente al RC Lens en diciembre, después de un empate a domicilio 1-1. La séptima, ya en febrero de 2022, llegó tras un inapelable 1-5 al Lille en el que Messi ya marcó y asistió. La octava balada, en marzo, y tras un 3-0 en casa frente al Girondins, siguió sumando y acrecentando la cuenta del infortunio de Messi. El noveno poste, y también el décimo, se dieron en mayo, tras un 2-2 frente al Troyes en el que el argentino no pudo marcar ni asistir. Dos maderas para Leo que ya sumaban la decena. La undécima y última balada llegó tan solo dos semanas después, frente al Metz, en el cierre de la liga francesa, con el Paris Saint-Germain ya campeón.
Una cuadro juzgado por su marco
En Ligue 1, el curso 21/22, Messi finalizó la temporada con apenas seis goles, una marca ‘exigua’ acrecentada por el retraso en su demarcación. El argentino bajaba a sala de máquinas, y desde ‘las calderas’ con Verratti, movía al equipo y motorizaba la producción ofensiva y creativa del PSG. Propagar ‘la idea’, como si de las olas en el mar se tratase, es cosa de verdaderamente muy pocos. Cosa de Messi. El mito de que Messi se había esfumado erradicó cuando ‘La Pulga’ levantó la dorada en Qatar con el llanto de los detractores a sus espaldas.
Dado que el argentino partía de ‘8’ en fase creativa, que no defensiva (apenas colaboraba en tarea de robo, como durante toda su carrera), anotó mucho menos de lo que nos venía mal acostumbrando. No era normal que un 10, mediapunta, segundo punta, mediocentro ofensivo, o ‘as’ del fútbol, anotase y promediase más de 40-50 goles y 0.9-1.0 por partido. Con seis botas de oro (el que más tiene en toda la historia) y 803 goles, Messi ya es el tercer máximo goleador de todos los tiempos sin ser delantero centro.
Lionel Messi fue, el curso pasado, el súmmum del infortunio futbolístico. El culmen de toda mala suerte que se hace de rogar para erradicarse por completo. Juzgaron a Messi por sus números, valoraron un libro por su portada, lo ‘eximieron’ del Ballon D’Or (no podía ganarlo pero sí tenía un cupo entre los 30…) y lo menospreciaron. «Liga de granjeros» decían…


