Los cityzens son campeones de Europa por primera vez en su historia
Tras una cita escueta de fútbol, un gol de Rodri decide que el Manchester City se alce con la «Orejona» en Turquía frente al Inter de Milán.
El Estadio Atatürk Olimpiyat acogió la cita de las citas: la final de la UEFA Champions League, el baile de los campeones, que, tras un letargo que roza el fuego, con el cronómetro y sin aliento y el amor, con la hinchada y las gradas a reventar; también la poesía, con las remontadas, la agonía y la magia; y el fútbol, con su idiosincrasia y «la idea», pelean por la corona de Europa. Un premio que les acredita para el resto de la historia y que impulsa sus carreras balompédicas hasta lo balsámico de lo divino.
Manchester City e Inter de Milán llegaban a Turquía con un único quehacer. Ganar el fútbol, soñar y competir por traer a casa la ‘Orejona‘. Ese ansiado trofeo que decide debates, que crea fronteras y que catapulta o menosprecia a los futbolistas. Los skyblues de Pep Guardiola, con la espina clavada de la Copa de Europa 20/21, donde cayeron frente al Chelsea de Tuchel, miraban suelo turco como carne de sentimiento. Los aficionados cityzens imaginaban un triplete de la mano de su ‘cyborg’ Erling Haaland y su ‘Moisés’ Kevin De Bruyne.
En el otro lado de la moneda, los nerazurri de Inzaghi querían arrebatarle el título a los mancunianos. Partían con la desventaja ventajosa, y permítanme el oxímoron, de no ser los favoritos. Tras eliminar a Porto, Benfica y Milán los de San Siro sueñan con levantar la ‘Orejona’ tras 13 años. Aquel año 2010, que tanto recuerda Javier Zanetti, significó para la Milán ‘negriazul’ oro entre oropeles, ya que rascaban el mayor de los trofeos en Europa tras una etapa de sequía.
Daba inicio a la final el experimentado colegiado polaco Marciniak con el City de Pep más ‘quebrantahuesos‘. Una primera acción del androide Haaland en los primeros compases del partido metió miedo a los italianos. El encuentro evolucionó hacia el vaivén con aproximaciones ambivalentes de Mánchester y Milán. La idea de Guardiola se fue implementando en la hoja de ruta del equipo cityzen, que no desconectó ante las ofensivas milanistas. Haaland, en primera instancia, se topó con un receptivo Onana, quien repelió con astucia su latigazo; luego un disparo de De Bruyne, tras una finta en la frontal, prosiguió con la ofensividad inglesa (29′). El Inter, seguro y coriáceo atrás.
Daba la sensación, ante la seguridad en salida y circulación del Manchester City, de que el Inter de Inzaghi perseguía la utopía de alcanzar ‘el vellocino de oro‘. El cambio de De Bruyne, lesionado por segunda vez en una final de Champions, por Phil Foden trastocó un poco los planes de Guardiola, que hubo de modificar ligeramente el sistema. El joven inglés ocupó la demarcación del mediapunta belga, aunque con una función menos creativa y más finalizadora. En el minuto 40, se palpaba la tensión en el Atatürk Olimpiyat, con ambos conjuntos siendo más conscientes de lo que estaba en juego. Presiones tímidas, el crono cada vez más próximo al 45′ y ataques con miedo de provocar contragolpes rivales. Con 2′ de añadido, Marciniak envió la contienda al descanso. 0-0.
Acababa el primer acto con un City falto de liderazgo y personalidad, una carestía muy decisiva para una final, donde, en innumerables ocasiones, debe primar lo mental. El guion del Inter en el segundo acto se transformó. Se adelantaron las líneas, la agresividad en los balones divididos aumentó y el City perdió ligereza y velocidad en los metros finales. Entró Lukaku por Dzeko en el 57’. La tuvo Lautaro Martínez tras un error defensivo cityzen pero paró Ederson con franqueza. Cumplido el 60’, el choque se rompió y las idas y venidas bautizaron la final. El Inter estaba generando mucho a un Manchester City que iba de más a menos. Pero la poesía infunda al fútbol y viceversa.

Activación, versatilidad, idea, creación, juego posicional, parsimonia identitaria, construcción, tercer hombre, juego al espacio y triangulaciones. Esto es el ‘cruyffismo’, esta es la idea subdesarrollada y cincelada por Pep Guardiola en el Manchester City. En el 67’, tras un barullo de sentimientos y un clúster de sufrimiento, le cayó la bola a Rodrigo, el hombre de las citas grandes, quien disparó a quema ropa y reventó las redes de Onana. 1-0. Qué frenesí se erigió en las arcas skyblues. El Inter, con una reacción inmediata desde la testa de Nicolò Barella, disparó al larguero minutos después del uno a cero (72’). Ya con el partido de cara para los mancunianos, los de Pep vivirían un cuarto de hora interminable y agónico donde el Inter iba a tener la final en su mano.
En el 88’, de nuevo el belga. Romelu Lukaku cabeceó un balón prosaico que tenía nombre de “igualada” a las extremidades de Ederson, que fue providencial. El Etihad le hará una estatua. Y Lukaku de nuevo. De nuevo el tanque. Una conducción, cuerpeo y un remate a la olla. Metía miedo el Inter de Milán de Inzaghi, que veía cómo se le escapaba el sueño de ser campeón de Europa. Nicolo Barella en el 94’ y Gosens en el 96′ volvieron a aproximarse, pero el deseo se desvanecía… El colegiado polaco pitó el final y la locura estalló por sí misma. La victoria número 300 del profeta en los banquillos skyblues. El Manchester City es campeón de Europa por primera vez en su historia. Pep Guardiola levanta su 35º título en 14 años como entrenador y su idea genuina de jugar al fútbol y componer balompié con el balón reivindica su mérito. Enhorabuena Mánchester.
Ficha técnica
Alineación Manchester City: Ederson, Akanji, Ajé, Ruben Dias, Stones (Walker 82’), Rodri, Grealish, Bernardo, Gündogan, De Bruyne (Foden 36′) y Haaland.
Alineación Inter de Milán: Onana, Dumfries (Bellanova 76’), Acerbi, Darmian (D’Ambrosio 84’), Bastoni (Gosens 76’), Dimarco, Çalhanoglu (Mkhitaryan 84’), Barella, Brozovic, Lautaro Martínez y Dzeko (Lukaku 57’).
Amonestaciones: Amarilla a Barella (59’), Lukaku (83’), Haaland (92’), Onana (92’), Ederson (94’) y S. Inzaghi (96’), fuera del campo.

