Dominique ha sido declarado culpable de todos los cargos, entre ellos: violación agravante, a causa de participar y ofrecer a su mujer a abusos sexuales por parte de 50 hombres
El caso tan mediático como espantoso de Gisèle Pelicot ha obtenido por fin su esperada sentencia. Fue sedada, engañada, violada y grabada entre 2011 y 2020. Hechos de los cuales tuvo consciencia el 2 de noviembre de 2020, aunque el auge del ventanal público se abrió desde que comenzó el juicio de tales delitos, en concreto, el pasado 2 de septiembre.
Transcurridos tres meses de juicio, este llega a su fin el 19 de diciembre de 2024. La víctima llegó esta mañana al Palacio de Justicia de París envuelta en una calurosa ovación, ya que se ha convertido en un completo icono del feminismo y la resiliencia de la mujer. Y así queda constatado con la resolución final del caso, la sentencia se dictó de forma exaltada por el tribunal, formado por el presidente, Roger Arata y otros cuatro jueces (tres mujeres y un hombre).
El Tribunal Penal de Aviñón impone la pena máxima de Francia, de 20 años, al exmarido de Gisèle, Dominique Pelicot. No obstante, algunos de los 50 implicados en esas violaciones y vejaciones han obtenido penas inferiores, a pesar de los deseos de la Fiscalía. Dos de estos 50 son culpables de intento de violación y otros dos, culpables de agresión sexual.
Dominique ofreció a su exmujer a estos hombres, ya que la patrocinaba en foros de internet y desde el inicio judicial reconoció todos los hechos argumentando que su fantasía era «someter a una mujer sumisa» de ahí las aplastantes sedaciones a las que le inducida. Además de la turbia complicidad y participación de la escalofriante suma de hombres atraídos, conocedores y partícipes del estado en el que se encontraba Gisèle.
Una víctima con el apoyo de todos
La víctima ha desempeñado un crucial papel tanto en la sociedad como en la futura jurisdicción y opinión pública. Las penas judiciales se replantean desde un ojo más crítico, el tópico del consentimiento se eleva en relevancia respecto a las relaciones sexuales y se sigue poniendo sobre la mesa la aplastante realidad de la violencia machista.
Un hecho fundamental en torno a este caso y que apoya el papel vigoroso de protesta de Giselle ha sido su enorme valentía a la hora de mostrar de forma ferviente su rostro a lo largo de todo el juicio. No ha dudado un instante en darse a conocer, para así endosar más peso a su argumento, y en busca de justicia no solo para ella. También para muchas.


