Las llamas han arrasado más de 33.000 hectáreas y hay al menos 27 muertos
Corea del Sur, en alerta desde hace una semana, al enfrentarse al peor incendio forestal de su historia. Las autoridades surcoreanas aseguran que 33.000 hectáreas han sido calcinadas por las llamas. Además, alrededor de 37.000 personas han sido obligadas a desalojar sus hogares por el rápido propagamiento del fuego en las regiones montañosas del sudeste del territorio. Por ahora la cifra de fallecidos asciende a 27 personas y el fuego continúa avanzando sin control.
El incendio, que comenzó el viernes pasado, en el condado de Sancheong, situado en la provincia de Gyeonsgsang del Norte se ha propagado rápidamente por las áreas montañosas del país. El clima seco y el fuerte viento ha complicado aún más la situación haciendo que el fuego se extendiera sin control. La falta de lluvias dificulta aún más la labor de los bomberos. Esto ha provocado que el gobierno surcoreano haya movilizado a miles de efectivos, helicópteros y al servicio de bomberos para intentar extinguir el incendio. Además, de contar con el servicio de los militares surcoreanos y los estadounidenses en la región.
Patrimonio en peligro
Desde Sancheong las llamas se han extendido hasta los territorios de alrededor. Entre estos se encuentran Useiong, Andong, Cheongsong, Yeongyang y Yeongdeok. Según el presidente en funciones, Han Duck-soo en declaraciones a la agencia Yonhap asegura que “los incendios no solo han causado víctimas sino también daños a gran escala a hogares e infraestructuras, así que tenemos que hacer todos los esfuerzos para reparar estos daños sin escatimar asistencia financiera ni administrativa».
El fuego ha arrasado viviendas, colegios y templos, como el histórico templo de Gounsa, de siglos de antigüedad. Ahora se teme por las estructuras y monumentos emblemáticos declarados como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Sin embargo, no parece que la situación vaya a mejorar en los próximos días ya que se prevé que el incendio siga propagándose con fuerza. Según ha declarado el ministro del Servicio Forestal de Corea, Lim Sang-sep, “la cantidad de lluvia será escasa, por lo que no parece que vaya a ser de gran ayuda para intentar extinguir el incendio». Esto, sumado a las dificultades de las autoridades para acceder al fuego y a las condiciones climáticas extremas, mantiene a Corea del Sur en vilo.

Desestabilidad en el país
Este desastre forestal ocurre en un momento de crisis política e inestabilidad en Corea del Sur. Como ya avanzó este periódico hace unos meses, el país atravesó un momento de tensión tras las masivas manifestaciones contra el expresidente Yoon Suk-yeol. Dichas protestas tuvieron lugar por la declaración del expresidente de la ley marcial para controlar la situación en el país. El presidente en funciones, Han Duck-soo, ahora enfrenta una crisis ambiental sin precedentes. Este mismo presidente declaró que están «desplegando todo el personal y los equipos disponibles en respuesta a los peores incendios forestales de la historia, pero la situación sigue sin ser buena”.
No obstante, hace dos días se produjo un trágico incidente que afectó las labores de extinción. Un helicóptero surcoreano se estrelló mientras realizaba una descarga de agua sobre uno de los focos del incendio. Como consecuencia, el Servicio Forestar de Corea ordenó la inmovilización de todas sus aeronaves de extinción. El piloto de dicho helicóptero falleció en el acto al impactar contra el suelo. Además, cuatro bomberos y otros trabajadores perdieron la vida tras quedar atrapados entre las llamas.
Mientras el incendio avanza, la comunidad internacional observa con preocupación su evolución, que ya se ha cobrado numerosas vidas y daños irreparables. En respuesta a la gravedad de la situación y viendo que su evolución no va a mejor, el Servicio Forestal de Corea ha elevado la advertencia de incendios al nivel más alto. En los próximos días, se verá si los esfuerzos de extinción logran frenar el avance de las llamas o si la cifra de víctimas continúa en aumento. Mientras tanto, Corea del Sur permanece en alerta, enfrentando una de las peores crisis climáticas de su historia.

