Radiografía estratégica de India en un momento crítico para el equilibrio regional
Nos encontramos ante la escalada de un conflicto regional histórico en el suroeste asiático entre dos potencias nucleares. El atentado terrorista en Pahalgam el pasado 22 de abril, fue el detonante de una militarización exacerbada en ambos países. En este artículo, se propone un análisis DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades) de India frente a Pakistán. El objetivo es comprender los desafíos y márgenes de maniobra del país en un contexto volátil como el actual.
Pakistán asegura que la India atacará su país en los próximos días, ha movilizado a todo el personal sanitario y militar y dice estar preparados para la guerra. Bajo un prisma de tensión histórica, el atentado terrorista parece convertirse en la chispa que puede desatar una guerra total. El tiempo dirá si las tensiones actuales no provocan una incursión india en Pakistán y el consecuente conflicto regional (o incluso global).
Teniendo en cuenta el contexto actual de potencial guerra entre ambos países, parece crucial observar desde la perspectiva india, cuál es su perfil como actor internacional frente a Pakistán. De esta forma, podemos observar con prospectiva, para evaluar si India tiene condiciones estratégicas para optar por una vía bélica.
Fortalezas
Superioridad militar regional
India posee una de las fuerzas armadas más grandes y avanzadas del mundo, superando ampliamente a Pakistán en capacidad militar convencional. Según Statista, el ejército indio está considerado como el 4º más poderoso del mundo mientras que el ejército pakistaní ostenta la 14º posición. El ejército indio cuenta con más de un millón de efectivos en servicio activo y otro de personal de reserva, una flota aérea moderna y un programa de defensa en constante expansión.
Además, India ha invertido considerablemente en modernizar su arsenal con tecnología local y extranjera, incluyendo sistemas de defensa antimisiles como el S-400 ruso o el SPYDER israelí. Además, posee numerosos tipos de misiles balísticos importados tanto desde estos dos últimos países comentados, como de Francia y Reino Unido. Esto muestra la buena relación que mantiene India con estos países, demostrándose en las reacciones actuales ante la escalada del conflicto.
Es crucial comentar que India posee armas nucleares (al igual que Pakistán), lo que le ubica en el panorama regional como potencia militar crucial. Se estima que India posee 172 ojivas nucleares creadas como medio de disuasión de sus principales rivales regionales: Pakistán y China. Esta superioridad no solo actúa como un disuasivo frente a ataques convencionales, sino que también refuerza la percepción de India como potencia regional dominante.
Demografía
La India es desde 2023, el país más poblado del mundo con más de 1.430 millones de habitantes, lo que representa un activo estratégico crucial frente a Pakistán con 240 millones de habitantes. En caso de guerra prolongada, India cuenta con una base poblacional enorme que le permite tener un ejército más grande, y mantener el esfuerzo de guerra por más tiempo. Además, alrededor del 50% de la población es menor de 30 años, proporcionando a la India con una reserva de recursos humanos inigualables. Esto proporciona también una ventaja económica puesto que mayor número poblacional se encuentra en edad productiva, facilitando el potencial desarrollo de la industria de defensa.
Apoyo internacional
India es miembro de varias asociaciones estratégicas que le brindan un apoyo internacional férreo ante el conflicto con Pakistán. Pese a esto, resulta iluso trasponer los países miembros de estas asociaciones estratégicas como aliados de la India. La escalada del conflicto está mostrando las posiciones de apoyo (o no) a la India en contraposición a Pakistán.
India es parte del diálogo de seguridad quadriteral o QUAD, compuesto Australia, EE.UU, India y Japón. Esta asociación muestra un fuerte apoyo a la India y su presencia en el Índico. En el marco de esta organización, se cree que Japón ha autorizado a la India a incluir las islas indias de Adamán y Nicobar en el SOSUS network, un sistema de vigilancia sónico que busca controlar los movimientos chinos en el Índico. Por otro lado, la marina india tiene acceso a las Islas Cocos australianas y la base militar Diego García británica con control estadounidense.
Mientras que países como Israel muestran su apoyo férreo a la India por la lucha antiterrorista, países como Rusia, se ha mostrado «neutral», adoptando una posición equidistante y conciliadora, teniendo intereses en ambas partes.
Como contraparte, el gran aliado indio es EE.UU. Tras la victoria de Trump, el primer ministro indio Narendra Modi fue de los primeros mandatarios en visitar la Casa Blanca. EE.UU cuenta con una presencia muy importante en el Indo-Pacífico, teniendo a esta región como su prioridad y a India como un actor clave en el tablero geopolítico de Asia. El 22 de abril, coincidiendo con el ataque terrorista en Pahalgam, J.D.Vance tuvo una visita oficial a la India, buscando cerrar un acuerdo comercial en medio de una guerra arancelaria sin precedentes. El pasado 1 de mayo, Trump anunció un acuerdo con India, aunque todavía no se conocen los detalles del mismo.
Poder económico emergente
India es una de las principales potencias económicas emergentes, siendo esto una de las mayores ventajas frente a la inestable economía y política pakistaní. Actualmente es la quinta economía del mundo por PIB nominal y la tercera por paridad de poder adquisitivo. Según los datos del Banco Mundial, la India crece en torno al 6-8% anual. El tamaño, estabilidad y dinamismo de la economía india le permiten invertir de forma masiva en su defensa: expansión naval, compra de armamento o modernización de su ejército. Mientras que Pakistán atraviesa recurrentes crisis económicas, una inflación alta, una dependencia del Fondo Monetario Internacional y una devaluación de la rupia, India surge como un atractivo económico para la inversión extranjera directa. Estas inversiones, en su mayoría provenientes de EE.UU, Francia, Japón y Australia, están dirigidas especialmente a la infraestructura, la tecnología, la energía limpia y la defensa.
Nacionalismo interno
Otra de las fortalezas más notables de India en momentos de tensión con Pakistán es la existencia de un fuerte nacionalismo interno, que se exacerba con la llegada de crisis como la actual. Esto se traduce en un respaldo masivo al gobierno de Narendra Modi, cuyo enfoque nacionalista hindú retumba en la sociedad india. En un contexto belicista como el que presenciamos, el nacionalismo actúa como unificador social, diluyendo divisiones internas. Esto otorga al Ejecutivo un margen político más amplio para la toma de decisiones en materia de seguridad y defensa.
Debilidades
Vulnerabilidad interna
A pesar de su fortaleza demográfica y cohesión nacional en momentos de crisis, India arrastra tensiones internas significativas, muchas de las cuales se intensifican con el nacionalismo exacerbado. Las políticas del partido de Modi, Bharatiya Janata Party (BJP), han sido objeto de crítica en numerosas ocasiones por fomentar una narrativa anti-musulmana. Cabe destacar, que si bien la India es un país laico, cuenta con la tercera mayor comunidad musulmana del mundo con 200 millones de habitantes. Esto resulta crucial pues la mayoría se encuentra en la región disputada con Pakistán de Cachemira y es la retórica utilizada por Pakistán de «defensa de los musulmanes indios».
Más allá de las divisiones religiosas, India enfrenta desafíos sociales estructurales relacionados con la pobreza, las castas, el desempleo juvenil y la desigualdad rural-urbana. Las recientes protestas contra leyes percibidas como discriminatorias (como la reforma de la Ley de Waqf o la Ley de Enmienda de Ciudadanía) evidencian esta fragilidad. En un contexto de conflicto con Pakistán, la potencial crisis económica, la subida de precios y la reducción de derechos civiles podría reavivar el descontento interno, que ya demostró ser fuerte en las pasadas elecciones de 2024.
La región de Jammu y Cachemira de mayoría musulmana y administrada por la India es el punto más crítico de esta vulnerabilidad. Desde que el gobierno indio revocó su status de autonomía en 2019, la zona ha estado sometida a intervención directa del gobierno federal. Debido a la elevada militarización de la zona y a la restricción de libertades básicas, la situación en Cachemira puede desestabilizarse rápidamente en un contexto bélico.
Dependencia Energética
India es muy dependiente de las importaciones energéticas, comprando un 80% del petróleo que consume y alrededor de un 50% del gas natural. Gran parte de estos recursos energéticos provienen del Golfo Pérsico, por lo que una interrupción de la ruta marítima en el Oceáno Indico puede suponer un colapso en el suministro. La posición geográfica de Pakistán, cercano al estrecho de Ormuz, podría provocar un bloqueo de suministros que impactaría de forma directa a India. Aunque la India apuesta de forma ambiciosa en la energía renovable, su sistema energético sigue dependiendo del carbón y de hidrocarburos importados.
Infraestructura crítica de riesgo
A pesar del crecimiento tecnológico y militar, el tamaño y la complejidad del país hacen que muchas instalaciones esenciales sigan siendo vulnerables a atentados y ataques híbridos. La región de Jammu y Cachemira, además de ser el epicentro del conflicto territorial con Pakistán, es también una zona donde la infraestructura y suministro energético es más débil.
India ha sido históricamente blanco de atentados internos planificados por grupos extremistas, algunos de los cuales se cree que operan con apoyo o tolerancia de Pakistán.En caso de conflicto abierto, la amenaza de sabotajes a centrales eléctricas, oleoductos, estaciones ferroviarias o sistemas de agua aumentaría notablemente, afectando directamente a la población civil y generando caos logístico.
Además, la India cuenta con una vasta red de transporte para conectar sus regiones densamente pobladas. La interrupción de estos canales podría ralentizar el despliegue militar, el abastecimiento y la interconexión nacional.
Diplomacia con su vecindario
India trata de consolidarse como una potencia regional dominante en Asia meridional, ante una China en auge. La diplomacia india en la región está marcada por la desconfianza, la historia y la competencia estratégica.
La enemistad con Pakistán es una de las disputas territoriales más antiguas del mundo. Esto ha obstaculizado históricamente la integración regional así como las relaciones de la India y de Pakistán con otros países. Otra disputa territorial se añade a la lista con China, pues la región de Ladakh ha producido enfrentamientos entre ambos gigantes asiáticos. Además, la India garantiza asilo político al Dalai Lama, figura muy controversial en China por el movimiento independentista del Tíbet.
A estas disputas territoriales se añade las tensiones indias con Nepal y con Bangladesh. Este último ostenta lazos culturales y económicos fuertes con la India pero persisten problemas migratorios y de seguridad que afectan a la confianza mutua.
Oportunidades
Refuerzo de Alianzas
En un contexto de tensiones crecientes y de potencial conflicto con Pakistán, India busca intensificar sus alianzas estratégicas con potencias clave. Aunque la mayoría están fuera del continente asiático, tienen una fuerte presencia en el Índico. Es el caso de Francia, que ostenta una fuerte presencia en el Océano mediante sus ex-colonias e islas en posesión. La India firmó un contrato de 7.400 millones de dólares con Francia para adquirir 26 cazas Rafale para su marina, reduciendo su dependencia de equipos rusos.
En febrero de 2025, India y EE.UU anunciaron un acuerdo de defensa por 10 años, que busca la integración de equipos estadounidenses en las fuerzas armadas indias. Además del fortalecimiento de la industria de defensa y del desarrollo de sistemas aéreos y marítimos autónomos. EE.UU ve en la India un aliado clave frente a la hegemonía China y la administración Trump no ha tardado en actuar.
Además, India cuenta con alianzas regionales con Japón, Corea, Singapur o Indonesia. Además, la India participa activamente en el QUAD, lo que en un contexto bélico puede dar lugar a una mayor involucración en este foro.
Liderazgo regional
En un contexto de tensiones recurrentes, la India tiene la oportunidad de consolidar su imagen como actor comprometido con la estabilidad regional. Frente a un Pakistán percibido como una fuente de inestabilidad, India puede erigirse como potencia democrática y economía emergente. Los atentados en Pahalgam, dan el espacio a la India para posicionarse como una voz razonable en Asia. Esto puede seguir una narrativa india de víctima de la desestabilización pakistaní, justificando medidas defensivas contundentes.
La India ha ganado protagonismo en espacios como el G20 o los BRICS, aspirando a un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Para avanzar en esta dirección, la India necesita consolidar una imagen de liderazgo regional, actuando como mediador en conflictos ajenos y promoviendo iniciativas de seguridad y cooperación regional. India está ganando peso diplomático y ya es un socio confiable de muchos países. La India debe enfrentar la crisis con Pakistán desde una postura de prudencia, evitando la escalada y manteniendo la defensa de sus intereses. Esto le daría un capital diplomático fuerte como contrapeso a China.
Innovación militar y tecnológica
La tensión con Pakistán y el entorno competitivo en el Indo-Pacífico, convierten a la innovación militar y tecnológica en un eje prioritario para la seguridad india. Esto representa una oportunidad estructural para acelerar el desarrollo de capacidades defensivas, cibernéticas e incluso espaciales que refuercen la autonomía estratégica del país.
Bajo la premisa de las tensiones históricas con Pakistán y bajo el marco del programa Make in India, se ha reforzado la producción nacional de armamento y tecnología bélica. La presión externa y de guerra puede acelerar las reformas en el sector de la defensa y la reducción de su dependencia de Rusia.
India además invierte cada vez más en infraestructura digital de defensa, inteligencia artificial y ciberseguridad. La amenaza de ataques cibernéticos desde Pakistán o las potenciales campañas de desinformación convierten el dominio digital en una prioridad para la India. Por otro lado, la Indian Space Research Organization es una de las agencias espaciales más avanzadas en el mundo. El uso de satélites para la defensa, vigilancia fronteriza y las comunicaciones militares es un área con oportunidad de expansión. En el contexto de rivalidad regional y con acuerdos tecnológicos con aliados, India puede desarrollar satélites espía y sistemas antisatelitales.
Nacionalismo económico
La inestabilidad regional y la dependencia económica ha reforzado en India un nacionalismo económico bajo el lema “Make in India”. Desde 2014, se promueve una estrategia de autosuficiencia, consumo interno y fortalecimiento del tejido industrial nacional. La rivalidad con Pakistán (y China) evidencia la dependencia india de productos extranjeros. Fomentar la producción nacional se convierte pues, en una oportunidad clave para reducir su exposición a sanciones, bloqueos o disrupciones en las cadenas de suministro.
Nueva Delhi busca posicionarse como una alternativa confiable frente a China en la manufactura global. Es así como busca captar inversiones de empresas (como Apple) que desean diversificar su producción fuera de China. La narrativa del nacionalismo económico se complementa con una diplomacia económica. Esta presenta a India como un país estable y en expansión, ideal para relocalizar cadenas de producción.
Amenazas
Escalada militar descontrolada
Una de las amenazas más graves para la India (y para Pakistán y el resto del mundo), es el riesgo real de una escalada militar descontrolada. Ambos países poseen armas nucleares, convirtiendo cualquier conflicto en un catalizador de consecuencias devastadoras a escala regional y global. La existencia de arsenal nuclear y su poder disuasorio, dificultan la situación para ambos actores.
La Línea de Control que divide la región disputada de Cachemira es uno de los frentes más militarizados del mundo. La ausencia de canales diplomáticos eficaces, el intercambio de disparos actual y el despliegue de numerosas tropas aumentan el riesgo de una escalada desproporcionada. Además, tanto la India como Pakistan poseen doctrinas nucleares defensivas que permiten el uso de armas nucleares en caso de invasión o amenaza existencial. Es más, Pakistán no ha adoptado una política de “no primer uso”, esto incrementa la posibilidad de que el conflicto se transforme en una crisis nuclear.
Intervención de China
Una de las amenazas más complejas es la intervención de China, un aliado estratégico de Pakistán en la Iniciativa de la Franja y la Ruta. La entrada directa o indirecta de China podría desequilibrar por completo la correlación de fuerzas entre Pakistán e India. Puesto que China ya posee una disputa fronteriza activa con la India, la posibilidad de que China ejerza presión de manera simultánea en otro frente obligaría a India a dividir sus fuerzas y priorizar defensas. Incluso sin intervención directa, China podría reforzar a Pakistán con armamento, tecnología o inteligencia militar.
China cuenta también con una fuerte presencia internacional, actuando sistemáticamente como defensor de Pakistán. Su influencia internacional y su asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU podrían obstaculizar la adopción de resoluciones favorables a la India o bloquear sanciones contra Islamabad. La intervención China provocaría una escalada a nivel regional, que puede desembocar en la intervención de más países como EE.UU. o Irán.
Deterioro de imagen internacional
Otra de las amenazas que enfrenta la India en caso de una escalada con Pakistán es el posible deterioro de su imagen internacional como democracia emergente. Si bien la india ha construido una reputación de potencia pacífica, una respuesta militar agresiva podría contradecir este mensaje. Además, una represión intensa de los derechos humanos en regiones como Cachemira puede generar críticas entre sus aliados estratégicos.
El deterioro reputacional traería también consecuencias económicas y geopolíticas, reduciendo la inversión extranjera y los acuerdos comerciales. Además, ofrecería a Pakistán la oportunidad de presentarse como una víctima ante la comunidad internacional, alterando la narrativa actual.
Impacto económico negativo
Un conflicto abierto o una escalada prolongada con Pakistán puede provocar graves consecuencias económicas para India. Los sectores más expuestos serían el comercio exterior, la inversión extranjera y la estabilidad de la rupia. Esto afectaría directamente al crecimiento económico y al presupuesto público, especialmente si se aumenta el gasto en defensa. Además, las interrupciones logísticas pueden afectar a sectores clave como el transporte, la agricultura o la industria pesada. Este impacto negativo puede producir descontento social que derive en un menor apoyo al conflicto y una peor reputación de Modi.

