Estados Unidos presenta un ambicioso plan para acabar con la guerra en Ucrania impulsado por Trump y Putin
El gobierno estadounidense, bajo el liderazgo de Donald Trump, presentó el pasado jueves una propuesta integral para poner fin al conflicto entre Rusia y Ucrania. El documento del plan de paz, descrito por la Casa Blanca como un «acuerdo de seguridad del siglo XXI», combina concesiones territoriales, garantías militares y un amplio programa económico de reconstrucción en un total de 28 puntos.
Será este jueves, día de Acción de Gracias en Estados Unidos, cuando Volodímir Zelenski responda a su homólogo sobre un plan de paz en el que tendría que dar luz verde a lo que hasta ahora han sido líneas rojas ucranias en la negociación. Esta iniciativa marca el intento más ambicioso de Washington por restablecer el equilibrio y la paz en Europa tras en intento fallido de reunión con Putin en Budapest y el plan de paz para Gaza que entró en vigor el 10 de octubre.
Después de tres años y nueve meses de conflicto de alta intensidad, la guerra en Ucrania ha dejado decenas de miles de muertos, millones de desplazados y una economía devastada. Mientras que los ataques rusos a ciudades ucranianas siguen sucediéndose y ambos ejércitos se encuentran profundamente agotados, el hastío político en Occidente y la creciente tensión interna en Kiev y Moscú han alimentado conversaciones informales sobre posibles vías hacia un armisticio. En este escenario, Trump ha decidido presentar su propia hoja de ruta, rompiendo con la postura tradicional de la OTAN, sin tener en cuenta las consideraciones de la Unión Europea y apostando por una fórmula beneficiosa para Putin.
Plan de rendición
El plan, de más de 40 páginas, se articula en torno a diversos puntos centrales. En el estatus territorial Trump plantea que Ucrania ceda con el reconocimiento de facto del control ruso sobre Crimea, Donetsk y Lugansk. Las regiones de Jersón y Zaporiyia quedarían baso un estatus «congelado», sin reconocimiento explícito, pero sin exigencia de retirada inmediata. Además, Ucrania deberá limitar sus fuerzas armadas a la mitad, 600.000 efectivos, lo que supondría la vulneración del país. Tendrá que renunciar formalmente a ingresar en la OTAN, manteniendo únicamente cooperación bilateral con Occidente.
Nuevo ciclo político en Kiev
Ucrania debería celebrar elecciones en un plazo de 100 días bajo supervisión internacional, lo que podría abrir la puerta a actores prorrusos en un momento de alta polarización. De igual forma, se constituiría una amnistía general para desmilitarizar el conflicto y la OTAN se comprometerá a no expandirse hacia el este y no desplegar tropas en Ucrania. Para asegurar la paz, Rusia, Ucrania y Europa firmarían un pacto de no agresión, y se abrirá un canal permanente de dialogo OTAN-Rusia, mediado por EE. UU., enfocado en la desescalada militar. Para evitar escenarios de riesgo extremo, Ucrania se declarará Estado no nuclear, y se reforzarían tratados como el START y los mecanismos de no proliferación. Igualmente, la central nuclear de Zaporiyia será gestionada por el OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica). La electricidad generada se repartiría a partes iguales entre Rusia y Ucrania.
Reconstrucción guiada
En el plano económico, se plantea la creación de un fondo internacional masivo para la reconstrucción de Ucrania. Este estaría centrado en tecnología, inteligencia artificial, gas e infraestructuras. Además, 100.000 millones de dólares rusos congelados se destinarán a ese fondo, bajo liderazgo estadounidense, y Europa aportará otros 100.000 millones. Rusia podría ser reincorporada progresivamente a la economía global y eventualmente volver al G-8. Se impondría la garantía de libre transporte de grano por el mar Negro y uso del río Dniéper. Asimismo, sería inmediato el intercambio total de prisioneros, retorno de civiles deportados, liberación de rehenes y reunificación familiar. Todo ello sería supervisado por un “Consejo de la Paz” presidido por Donald Trump, que impondrá sanciones automáticas en caso de incumplimiento.
Reacciones de Europa
Multitud de opiniones se han sucedido entre los líderes europeos tras la publicación del plan de paz para Ucrania. Las autoridades ucranianas han reaccionado mostrando su contrariedad. Algunos analistas en Kiev consideren el plan como «una paz impuesta» que podría debilitar la soberanía nacional. El propio Zelenski ha afirmado que el país se enfrenta a «uno de los momentos más difíciles» de su historia. Se encuentra ante una elección muy difícil: «o bien la pérdida de dignidad, o bien el riesgo de perder un socio clave«.
Por su parte, Rusia ha mostrado una apertura moderada. Destaca positivamente el reconocimiento de facto de los territorios ocupados y el compromiso de la OTAN de no expandirse. El Kremlin ha evitado apoyar explícitamente todos los puntos, especialmente aquellos que limitan su capacidad de presión militar futura o condicionan su reintegración económica. No obstante, Putin afirmó el viernes que el documento puede servir de base para un arreglo pacífico «definitivo».
La UE se encuentra dividida. Países como Hungría o Eslovaquia ven la propuesta como una oportunidad para desactivar el conflicto. Mientras, Polonia y los estados bálticos alertan de que podría legitimar la agresión rusa y crear un precedente “extremadamente peligroso”. El aliado de Trump en Reino Unido, Nigel Farage (líder de Reform UK), ha afirmado que “es inaceptable que se le pida a Ucrania que reduzca a la mitad el tamaño de su ejército.” En esta misma línea, Emmanuel Macron, Keir Starmer y Friedrich Merz coincidieron con Zelensky en que no se debe reducir el tamaño de las Fuerzas Armadas de Ucrania. Los líderes europeos consideran que la actual línea del frente debería ser el punto de partida para cualquier negociación territorial sobre Ucrania.

