Trazabilidad, calidad y dedicación: así Geisha Coffee eleva el café a una forma de arte en cada taza
El café de especialidad es una tendencia en auge en España, con nuevas cafeterías abriendo cada mes y una creciente demanda por parte de consumidores que buscan algo más que un café rápido y barato. Sin embargo, en un sector donde cada vez más marcas tratan de capitalizar la moda sin un verdadero compromiso con la calidad, Geisha Coffee ha apostado por un enfoque diferente: el control absoluto sobre su producto, desde la finca hasta la taza.
Pero lo más curioso de esta historia es que su fundador, Juan, no viene del mundo de la hostelería ni del café. Su camino empezó en un lugar muy distinto: la ingeniería aeronáutica. “Durante la universidad, tenía que estudiar muchas horas y el café se convirtió en mi mejor aliado”, cuenta. “Pero llegó un momento en el que dejó de ser solo un hábito para mantenerse despierto y empezó a interesarme de verdad. Quería saber de dónde venía, cómo se cultivaba, qué lo hacía diferente de un café mediocre”.

Tras cinco años trabajando en el sector aeronáutico, llegó la pandemia y con ella, un punto de inflexión. “Me agobié. Quería hacer algo distinto, algo que de verdad me apasionara. Y tenía este proyecto guardado en un cajón desde hacía tiempo. La pandemia, paradójicamente, hizo que las condiciones fueran propicias: había locales disponibles a buenos precios y decidí lanzarme”. Así nació Geisha Coffee en septiembre de 2021. Con un solo barista y una idea clara: ofrecer el mejor café posible sin caer en trucos de marketing.
El reto de diferenciarse en un mercado saturado
Uno de los aspectos que distingue a Geisha Coffee de otras cafeterías de especialidad es su compromiso con la trazabilidad del producto: “Aquí no compramos café sin conocer su historia. Trabajamos directamente con fincas, sabemos quién lo cultiva, cómo se procesa y cuáles son los estándares de calidad en cada etapa”, asegura Juan.
Una de las colaboraciones más importantes de Geisha Coffee es con la finca Cruz Loma, en Pichincha, Ecuador. “Es un café cuidado al milímetro. Allí tienen una ingeniera agrónoma que monitoriza cada cafeto a diario, controlando los nutrientes, la calidad del suelo, los procesos de secado… Eso es algo que simplemente no existe en el café comercial”, explica.

Pero Juan no quiso quedarse solo en la selección del grano. En lugar de depender exclusivamente de tostadores externos, decidió ir un paso más allá: montar su propio tostador de café. “Al principio, alquilábamos máquinas y tostábamos en pequeños lotes. Pero ahora hemos adquirido un tostador propio que nos permitirá controlar todo el proceso y eliminar intermediarios innecesarios”, cuenta. Este control total les permite garantizar no solo la calidad, sino también la transparencia en los precios. “Hay cafeterías que compran café a 20 € el kilo y te venden un flat white a 4,50. A mí eso me parece un engaño. Nosotros usamos café que cuesta entre 50 y 60 euros el kilo y aún así mantenemos márgenes razonables”, afirma Juan.
El café Geisha: el café más caro del mundo… y la joya de Geisha Coffee
En el mundo del café de especialidad, hay un nombre que destaca por encima del resto: Geisha. No es solo una variedad más, sino el café más caro y codiciado del mundo. Originario de Etiopía, pero popularizado en Panamá, ha alcanzado precios de hasta 6.000 dólares por kilo en subastas internacionales. Su cultivo es complicado, su producción es limitada y su perfil de sabor es tan delicado que ha sido descrito como el equivalente al vino más exclusivo dentro del café.
“No puedes llamar a tu cafetería ‘Geisha Coffee’ y no estar a la altura de lo que implica ese nombre”, explica Juan. “Por eso, siempre tenemos mínimo dos o tres Geishas en carta, de diferentes países y procesos. No es el café con el que más facturamos, pero es el que más nos define”.
¿Y qué hace que el Geisha sea tan caro? Es una variedad que solo crece en altitudes elevadas, con un rendimiento bajísimo por planta y un nivel de exigencia extrema en su recolección y procesamiento. La recompensa es un café con notas florales, frutales y una acidez vibrante que lo hacen único.
Sin embargo, no todo lo que lleva la etiqueta de “Geisha” cumple con su promesa. “Muchos venden Geisha, pero no todo el Geisha es bueno. Hay que saber distinguir los granos excepcionales de los mediocres. Nosotros seleccionamos solo los mejores, porque si no, el nombre no tendría sentido”, afirma Juan. En Geisha Coffee, pedir un café Geisha no es solo un capricho: es una experiencia sensorial. Se recomienda sin leche ni azúcar para poder percibir todos sus matices y, aunque su precio es más alto que el de un café estándar, quienes lo prueban saben que están bebiendo una de las tazas más especiales del mundo.
¿Vale la pena pagar más por un café Geisha?
Con precios que pueden llegar a triplicar los de un café de especialidad estándar, es inevitable preguntarse: ¿realmente vale la pena pagar más por un Geisha?
Para Juan, la respuesta es un rotundo sí. “Si nunca has probado un café Geisha, es difícil explicarlo con palabras. Pero cuando lo pruebas, lo entiendes”, afirma. “Es un café que cambia la manera en la que percibes el café. Es como probar un vino de cosecha excepcional o un whisky añejo de calidad suprema. Hay matices que simplemente no existen en otros cafés”.
Pero también es consciente de que el precio puede ser un obstáculo para algunos consumidores. “No es un café para todos los días. Pero si te gusta el café y quieres entender lo que realmente significa la especialidad, probar un Geisha es una experiencia obligatoria”, dice. Para aquellos que quieren probarlo sin gastar una fortuna, Geisha Coffee ofrece preparaciones por métodos como V60 o Chemex, que permiten percibir todas las sutilezas del café sin que su precio sea inalcanzable.
La sostenibilidad laboral: un barista no debería ser un trabajador precario
“Se ha romantizado mucho la idea de ser barista. Parece algo glamuroso, pero en realidad es hostelería, con todo lo que eso implica”, reflexiona Juan. “Es un trabajo duro, con márgenes ajustados, y no todo el mundo entiende cómo funciona el negocio del café”. Juan destaca que en un sector con alta rotación de empleados, la estabilidad del equipo es clave. “Ser barista no puede ser sinónimo de precariedad. Si no tienes condiciones justas, nadie querrá quedarse a largo plazo”.
Aunque las redes sociales romantizan el oficio, la realidad incluye largas jornadas, sueldos bajos y presión constante. “Nosotros intentamos que nuestro equipo tenga horarios razonables, no hagan horas extra sin cobrar y se sientan valorados”. Para Juan, un barista motivado y bien formado ofrece mejor café, lo que se traduce en calidad y consistencia. “Si cada tres meses cambias de plantilla, la calidad se resiente. Queremos que nuestro equipo crezca con nosotros, que vea esto como una carrera”.
En un mercado donde el café de especialidad se ha convertido en una tendencia más que en un verdadero compromiso con la calidad, Geisha Coffee se posiciona como un referente de autenticidad. Su apuesta por la trazabilidad, el control del tostado y la dignificación del trabajo barista no solo redefine el estándar del buen café en Madrid, sino que también educa al consumidor sobre lo que realmente implica pagar un precio justo. Para Juan, su fundador, la clave está en la transparencia: “No se trata de vender café caro, sino de vender café que vale lo que cuesta”. Y esa filosofía es la que ha convertido a Geisha Coffee en un destino obligado para los amantes del café.

