Entre la ideología y la patología

2
42

Las ideas liberales están sujetas a tantos prejuicios que opinar se ha convertido en deporte de riesgo; es más fácil que te llamen facha a que te llamen de Vodafone. Este artículo pretende acabar con los estereotipos alrededor de esta ideología, y desmontar, uno por uno, los mitos más injustificados sobre la misma.

“El liberalismo solo beneficia a los ricos”

Empezando por el más común, no tiene sentido afirmar que el comercio y la reducción del Estado favorecen únicamente a las altas rentas. Por ejemplo, eliminar los aranceles a productos importados de África beneficia a los proletarios que producen allí, pues su margen de beneficio aumenta. Reducir el IVA en España eleva el poder adquisitivo del trabajador, pues todas sus compras le suponen menos coste. Disminuir la burocracia favorece al contribuyente, pues tiene que sufragar menos sueldos de cargos públicos. No es cuestión de clases, sino de principios: el liberalismo busca la libertad sin importar a quién beneficie.

Lejos de ser ideal en muchos aspectos, se trata del sistema más eficiente hasta la fecha. Los países capitalistas presentan las tasas más bajas de pobreza, los salarios medios más altos y el tejido industrial más desarrollado. Reciben mayor inversión extranjera, tienen menores tasas de desempleo y un nivel de vida superior a la media global. Un buen ejemplo es la comparativa entre la economía más libre del mundo, el capitalismo suizo, frente a la más estatal, el comunismo norcoreano. La renta per capita de Suiza es de 80.000 dólares al año, mientras que la de Corea del Norte apenas llega a los 680 dólares. Es decir, un suizo produce 120 veces más riqueza. Misma densidad de población y mismos recursos, pero distinto modelo económico.

Núcleo de Singapur | Fuente: Libertad Digital

“Si bajan los impuestos, ¿quién paga los servicios básicos?”

El mayor logro de la socialdemocracia en España ha sido convencer al votante de que sus impuestos sirven para cubrir carreteras, hospitales y educación, cuando estas prestaciones no suponen ni la mitad de los Presupuestos Generales. Por ejemplo, el Estado gasta 100 millones de euros en coches oficiales y 700 millones en burocracia, pero Extremadura sigue sin AVE y mi universidad sin calefacción.

Bajar impuestos de forma sensata no hace peligrar ningún servicio vital, simplemente elimina gastos prescindibles. ¿Acaso el Estado necesita desesperadamente un 21% de IVA para mantener hospitales y autopistas? En absoluto. De hecho, España invierte el doble de dinero en comprar armas que en cuidado de carreteras. Reducir drásticamente el Estado es una simple cuestión de prioridades: limitarse a lo necesario para erradicar lo superfluo.

Toma de la Bastilla, 1789 | Autor: Jean-Pierre Houel

“Los liberales son fachas

Los últimos años han rescatado términos que parecían quedarse en la posguerra. Hay pocas cosas más absurdas que llamar facha a un liberal. Franco vetó el libre mercado e instaló una autarquía que reguló precios y limitó importaciones. De hecho, el propio fascismo implica valores patrióticos comunes y sometimiento estatal, como ya apuntaba Mussolini: «Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado». Por tanto, el Fascismo contradice el pensamiento liberal, y relacionar ambos movimientos es síntoma de ignorancia.

“Para que haya ricos, tiene que haber pobres”

Esta afirmación cae en el error de considerar la riqueza como algo limitado que se ha de repartir, cuando, en realidad, se crea y se extiende. Si no fuera así, aún nos estaríamos repartiendo, por ejemplo, la riqueza del Paleolítico, pero la población ha aumentado junto con la riqueza y su distribución. Un segundo error es preguntarnos por las causas de la pobreza y no de la abundancia económica, pues la primera es el estado natural del ser humano.

¿Cómo se genera riqueza? Aumentando la productividad mediante inversiones en bienes de capital; no es lo mismo sembrar con un tractor que con una azada. Para poder invertir se necesita ahorro, y el ahorro necesita tiempo.

¿Y cómo se aumenta la riqueza? Con libre comercio y especialización. Imagina que un africano extrae cobre en Zambia. Como no necesita el cobre, vende cien kilos a una empresa española a cambio de euros. Esta empresa divide el producto en lotes y los exporta a empresas de smartphones con más margen de beneficio. Finalmente, alguien compra el móvil en una tienda por un precio mayor. Gracias al comercio, una materia prima que no valía nada ha conseguido que varios individuos generen riqueza por medio de intereses.

No es necesario que uno sea pobre para que otro sea rico, pues intercambiar beneficia a las dos partes; de no ser así, una de ellas no intercambiaría. Un país que persiga el comercio, la productividad y el ahorro podrá salir de la pobreza. Un país que no lo haga está condenado a mantenerse en ella.

Comparativa de modelos económicos | Fuente: El Club de los Viernes

“El liberalismo es injusto porque produce desigualdades”

La igualdad como valor supremo goza de gran popularidad en las sociedades occidentales, aunque, si bien es un principio que todos compartimos como seres humanos, puede ser entendido desde muchos puntos de vista.

Para el liberalismo, la igualdad ante la ley es un derecho inviolable de las personas. Sin embargo, en un sentido más amplio (es decir, igualdad total de resultados en la sociedad) no es deseable, pues aplasta los valores de diversidad, pluralidad, libertad e igualdad ante la ley. Estos principios morales están en nuestra naturaleza, y acabar con ellos en favor de una utopía igualitaria es una quimera inalcanzable que nos acerca al totalitarismo.

La paridad absoluta en todos los ámbitos de la vida (mismos sueldos, mismo ratio hombre-mujer en cada sector, mismas creencias…) es, francamente, imposible. Erradicar toda diferencia supone negar la forma en la que la propia vida se manifiesta; un falso paraíso que, por mucha ingeniería social que se procure, resulta inalcanzable y no beneficia a nadie.

Estatua de la Libertad | Fuente: New York Times

“Los liberales no quieren Estado ni seguridad”

Esta cuestión está sometida a medias verdades. Casi toda la corriente liberal es filosóficamente contraria al Estado, pues, como dijo Weber, este consiste en «el monopolio legal de la violencia”, ya que su poder es coactivo. Para un liberal, dicha coacción es ilegítima y rechazable.

Sin embargo, en la práctica, hay distintas opiniones. Los más radicales (entendiendo que van a la raíz) son anarquistas, mientras que los clásicos consideramos al Estado necesario y, en cierto modo, beneficioso para garantizar la libertad. Se trata de un mecanismo de control y seguridad que provee de servicios a la ciudadanía. Estos son, en mayor o menor medida: educación, justicia, sanidad, ciencia y asistencia social.

Hay ciertos servicios que sólo el Estado puede proveer (como la seguridad y la justicia), mientras que otros funcionan mejor con un sistema de mercado. Por ejemplo, un servicio básico como la alimentación es privado en España, y su eficiencia es muy superior a las cartillas de racionamiento de Cuba o Venezuela. En resumidas cuentas, creemos en el Estado, pero en su justa medida. Como apunta el proverbio inglés: «As little as possible, as much as necessary».

La Libertad guiando al pueblo, 1830 | Autor: Eugène Delacroix

Por Yzan Pérez y Pedro Rodríguez

2 Comentarios

  1. Hola! Buen análisis del liberalismo. Ahora bien, tengo muchas cosas que argumentar en contra… En primer lugar, el liberalismo promueve un consumismo insostenible para el ecosistema, y esto se ha visto a partir de los años 80 con la neoliberalización de Thatcher y de Reagan, años a partir de los cuales la emisión de gases nocivos aumentó con creces. Y ahora, la lucha más importante es la climática, para evitar el colapso medioambiental, y con el neoliberalismo, es incompatible. Por otro lado, muchos países parten con ventaja, pues ellos fueron los reyes del mundo y colonizaron parq extraer el máximo beneficio a la costa de otros países. A día de hoy, la parte «fea» del capitalismo y de la que se benefician los países más ricos sigue estando relacionado con estas dinámicas previas de colonialismo.
    No quiero extenderme mucho, y tampoco creo que el comunismo sea la solución, pero muchos deberían de dejar de recitar la biblia liberal como papagallos y buscar un cambio, porque si no, el planeta está jodido. Buscar un sistema que no entienda la riqueza como el crecimiento y la producción desmesurada!

    • Hola, Lucía. Gracias por tu crítica.

      La supuesta ventaja de los países colonizadores no tiene sustento alguno. Canadá, Australia o Vietnam (entre otras) fueron colonias, y hoy son países en auge. De hecho, el estatus socio-económico de España es inferior al suyo, y esta fue una potencia colonizadora de las que mencionas.

      Por otro lado, el «neoliberalismo» no existe. Que se dé en la actualidad no significa que tenga algo nuevo, por eso nadie habla de «neocomunismo» o «neomonarquías». Es un peyorativo de la posguerra recogido en Wikipedia y poco más, pero su definición remite a liberalismo clásico, no añade nada.

      En cuanto a lo último, sí es cierto que el capitalismo contradice el bienestar climático. Que no lo mencione no significa que no sea verdad, simplemente no encaja en la temática del artículo, que es desmontar mitos.

Deja un comentario